17 de julio de 2017 00:00

El Delfín Sporting Club consiguió la unidad provincial en Manabí

La caravana de celebración por las calles de la ciudad el 2 de julio pasado. Manta celebró con una caravana y baile la clasificación a la primera Libertadores y a la final del torneo.Foto: Mario Faustos/ EL COMERCIO

La caravana de celebración por las calles de la ciudad el 2 de julio pasado. Manta celebró con una caravana y baile la clasificación a la primera Libertadores y a la final del torneo.Foto: Mario Faustos/ EL COMERCIO

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Mauricio Bayas

La bandera del Delfín flameó de entre escombros. Luego del terremoto del 16 de abril del año pasado, en el sector La Poza (centro de Manta), los manabitas que escarbaban entre los hierros retorcidos y las planchas de cemento plantaron el estandarte. Lo hicieron como símbolo de esperanza.

En medio del dolor prometían levantarse, a pesar del sacudón de 7.8 grados que golpeó a Manabí. Fue una gráfica conmovedora. La foto llegó al club y aún la conservan como recuerdo del 16 de abril (16A), pero al mismo tiempo es la imagen de la motivación.
442 días después de la tragedia, con las heridas del terremoto aún cicatrizando, las banderas del Delfín volvieron a flamear en las calles de la ciudad y en el estadio Jocay de Manta, la casa del club. Manabí celebró una ‘bendición divina’.

El fútbol pasó a ser un pilar en la reconstrucción del desastre. El 2 de julio del 2017, la provincia tuvo un empuje anímico, gracias a una pelota.

Delfín consiguió la unidad provincial en el logro más importante en 50 años de competición futbolística de Manabí: clasificar por primera vez a la Libertadores y adjudicarse un cupo a una final del torneo.

“No importa si son hinchas de Emelec o Barcelona. Tampoco que anden con las camisetas de Liga de Portoviejo o del Manta ¡Todos aplaudimos a este equipo humilde! Que a nadie le quede dudas por qué es ‘ídolo’ de Manta”, dijo Carlos Humberto Chinga, un hincha cetáceo, de 62 años.

Delfín, con 28 años de vida institucional (fundado el 1 de marzo de 1989), impuso un récord de 21 partidos: logró 13 victorias y ocho empates.

Terminó como líder de la primera etapa. Así, el plantel cetáceo, nacido en la calle 110 del tradicional barrio 9 de Octubre (parroquia Tarqui), sembró alegría entre los manabitas con su gran campaña.

En Tarqui, una de las zonas más destruidas por el terremoto, el Delfín se volvió un tema de conversación, de abrazos y de una felicidad colectiva.

El plantel sensación del 2017 tiene su historia escrita en las calles de la urbe. Pedro Azúa y Vicente Briones fueron los primeros impulsadores del equipo que nació en 1987 con el nombre de 9 de Octubre.

Ahora su nombre figura entre los primeros clasificados a la Copa Libertadores del 2018, pero ha deambulado entre las series A, B y la Segunda Categoría. Sus mejores participaciones fueron en 1990 y en 1993. En este último año, Green Croos, otro club manabita, clasificó a Copa Conmebol.

“En 1989, el equipo jugó en la Serie B. Como existía el 9 de Octubre, el club tuvo que quedarse solo como Delfín. Lo que hemos logrado es parte de una rehabilitación anímica para todos los manabitas”, asegura José Delgado, el presidente que ingresó a la dirigencia deportiva en el 2005.

El club estuvo a puertas de la desaparición por las malas administraciones. En el 2010, por ejemplo, enfrentó un partido de la Segunda categoría con ocho futbolistas, por un problema financiero.

No tenía complejo, ni activos. Solo existía el nombre. Delgado, empresario manabita, asumió el club en agosto del 2014 y trazó el camino con presupuestos reales.

Marcos Cangá, uno de los futbolistas que lleva cuatro años en el club, es un testigo de los tiempos de necesidades.

Recuerda que no cobraba tres meses de sueldo. Se entrenaban en canchas en mal estado y no había comodidades. “El orden que adquirió el club y el apoyo de la gente fueron fundamentales para ganar la etapa. Fue emocionante ver a la gente celebrar, después del terremoto, que fue tan duro para todos”.

Delfín también sufrió los efectos con el terremoto. El estadio Jocay se destruyó. Eso obligó a llevar sus partidos de local a otras ciudades. La afectación se sintió hasta diciembre del año pasado cuando salvó la categoría y evitó el descenso en las fechas finales.
En seis meses, la realidad cambió. El club ganó el cariño de la gente y golpeó la mesa con su campaña.

La barra organizada del perro muerto, bautizada así desde los 90, fue sumando adeptos. De 300 pasaron a más de 500. Igual ocurrió con la Banda Cetácea. Allí están convencidos que duplicaron los 100 seguidores que tenían.

Delgado, el entrenador Guillermo Sanguinetti y las figuras como Roberto Ordóñez, Carlos Garcés, Jacob Murillo o Francisco Silva se convirtieron en protagonistas principales. En enero, el club contrató a 16 futbolistas. “No hay nada mejor que estar en casa, me siento bien aquí y eso se ve en la cancha”, admite Garcés, uno de los futbolistas que es parte del patrimonio. Tiene contrato con el Delfín por cuatro años.

Ahora el sueño manabita es lograr el primer título en la historia del club. Su sueño es bordar su estrella dorada en las banderas cetáceas.

Los protagonistas de la historia de éxito futbolera

José Delgado
El empresario manabita tiene título de economista. Entró al fútbol en el 2005, pero desde el 2014 es el presidente de Delfín.

El DT Sanguinetii
Guillermo Sanguinetti, uruguayo de 51 años, se hizo cargo del club en enero. Él ya fue campeón en el fútbol peruano.

Francisco Silva
El paraguayo llegó en el 2014. Es el capitán y tiene tatuado un sello del Delfín en su brazo, tras el ascenso a la Serie A.

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