17 de noviembre de 2016 21:59

El entrenador Segundo Chango soñó con cuadriláteros desde niño

En la terraza del Hotel Tambo Real de Quito, donde se hospedó la selección juvenil de boxeo. fotos: Eduardo terán  / el Comercio
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Carlos Augusto Rojas

Su primera caricia con el boxeo fue imaginaria. Cuando Segundo Chango era un niño en su natal Mulaló, parroquia rural de Latacunga, en la provincia de Cotopaxi, escuchar las transmisiones de boxeo en la pequeña radio a pilas de su padre era una de sus mayores satisfacciones.

De esos relatos radiofónicos en las frías noches del campo, que narraban las victorias de Eugenio Espinoza, Daniel Guanín, entre otros legendarios del pugilato nacional, aquel niño dibujó un boxeador. Era simplemente la figura de una persona con guantes.

El garabato de cuando tenía unos 9 años se perdió con el tiempo, pero ese recuerdo todavía despierta una cálida sonrisa en el entrenador ecuatoriano, quien ha encabezado delegaciones de boxeo en todos los eventos del ciclo olímpico desde hace más de 25 años.

Segundo Chango Ávila, el técnico que afirma que a Segundo Mercado lo perjudicaron en el tercer combate de las Olimpiadas de Seúl 88, es agradecido con la vida y el boxeo.

A los 15 años empezó a entrenar. A esa edad llegó a vivir en Chiriyacu, barrio del sur de Quito, donde también habitaba Gonzalo Chaguamate, pugilista que representaba a Tungurahua y quien le llevó al gimnasio del estadio Atahualpa.

En esos años de juventud, en los que su primer entrenador fue Gerardo Daza, Chango ayudaba a su padre en una panadería que tenían en las Cinco Esquinas, también en el sur.

No recuerda cuántas peleas realizó, pero estima que fueron unas 60, todas como amateur y en las categorías de 54, 57, 60 y 64 kg, entre 1973 y 1986.

Segundo Chango, el padre de seis hijos, el técnico que no faltó en ninguna Selección de Juegos Panamericanos desde la cita de La Habana en 1991, no pensó en ser en entrenador.

A mediados de la década de los 80, el técnico cubano Jesús Martínez Peña, que trabajaba en el país, se le acercó y le dijo que quería animarle para que se iniciara como guía de futuras generaciones.

El caribeño Martínez Peña empezó a enseñarle sobre entrenamiento deportivo, tácticas, planificaciones… El 10 de octubre de 1986, cuando el cubano regresó a su país, Segundo Chango se quedó al frente de las selecciones provinciales. "Tengo que ser claro. Nunca tuve en mente ser entrenador de boxeo. Para mí, Dios utilizó a Jesús Martínez para que me dedicara a esto".

En 1988 estuvo al frente de una Selección ecuatoriana, por primera vez, en Cuba. Ese mismo año acompañó a Segundo Mercado a los Juegos Olímpicos de Seúl, en Corea, donde la 'Avispa' realizó tres combates.

En el último, que servía para intentar buscar una medalla, los jueces no favore­cieron al tricolor.

Chango, después de revisar el video de ese enfrentamiento, asegura que el vencedor fue Mercado, el deportista que en el profesionalismo llegó a disputar el título del mundo.

Los pupilos de Chango valoran sus enseñanzas. En el gimnasio de boxeo de La Tola, la 'Meca' del pugilato provincial, donde se ejercitan los seleccionados y hasta algunos profesionales, le tienen respeto.

En el mismo templo del boxeo donde ahora se destacan Abel Mina, Marlo Delgado, Steven Chalá, entre otros, antes brillaron Jaime Cortez, Luis Hernández, Thomson García...

Uno de tantos, doble campeón bolivariano y una vez monarca sudamericano, el imponente Beber Espinoza muestra gratitud a su entrenador. "Segundo Chango fue y sigue siendo el mejor entrenador de boxeo que tiene el país".

Espinoza, que en la actualidad también enseña otras técnicas de combate como kickboxing, resalta que Chango no solo se enfoca en lo técnico. "Es un consejero para la vida diaria de un deportista", añade.

El entrenador de la leva 1958, que también tiene con sus hijos una empresa donde confeccionan implementos deportivos, estuvo hasta ayer en la esquina de los seleccionados que intervinieron en el Campeonato Continental Juvenil que concluyó en Quito.

El boxeo todavía es la gran motivación de su vida y aspira a conseguir una medalla olímpica, otra mundial y además tener la fortuna de estar en la esquina de un ecuatoriano que gane el título del mundo en el ámbito profesional. Él cree que eso es todavía posible.

Aunque dos de sus hijos incursionaron en el boxeo, anhela que Nicolás, el menor de 6 años y medio, no siga en esta disciplina. No lo quiere porque reconoce que es un deporte duro, en el que se entrena hasta el agotamiento para minimizar los golpes de los rivales.

Sin embargo, tiene presente el orgullo que le produjo que otro de sus vástagos, Diego, haya incluso ganado una medalla en la órbita sudamericana.

Los allegados al entrenador coinciden en que a veces tiene mal carácter. Sus intentos por ser perfeccionista en el estilo y en la técnica de los pugilistas terminan en ocasiones en gritos y malas caras.

El entrenador que de niño ya soñaba con los cuadriláteros, los gritos de los aficionados y la entrega de dos deportistas enfrentados con guantes, ­confía que aún puede llegar a ser más paciente.El entrenador Segundo Chango nació en Cotopaxi, en 1958.Vive en Quito desde los 12 años y a los 15 se vinculó al boxeo.Es parte de los cuerpos técnicos de las selecciones nacionales en competencias de ciclo olímpico desde 1988.

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