22 de agosto de 2014 15:46

Puerto Misahuallí: donde se inicia la selva

Misahuallí
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Telmo Arévalo Cuesta Redactor invitado

Si preguntamos a cualquier persona sobre la ubicación de Puerto Misahuallí, lo más probable es que muchas personas no la conozcan o crean que está en algún lugar de la costa.

Muy pocos son quienes aciertan al indicar que es un hermoso puerto fluvial perteneciente a la provincia de Napo. Amigos viajeros, les invito a conocer este paraíso ubicado allí, donde empieza la selva.

Este puerto está bastante cerca de Tena, capital de la provincia de Napo, en el nororiente ecuatoriano, y para llegar allá desde Quito, se debe tomar la carretera Interoceánica o 28C, que es la misma que nos conecta con Papallacta y sus fuentes de aguas termales.

En la actualidad la vía se amplía a cuatro carriles, por tanto, se debe conducir con precaución.  El camino hacia la Amazonía está asfaltado y en buen estado, pero se debe tomar en cuenta que no es muy amplio y que en ese sector llueve con frecuencia con lo cual la calzada se vuelve resbalosa y siempre hay la posibilidad de algún derrumbe. La carretera también recibe bastante tráfico pesado.

35 kilómetros después de Papallacta, llegamos a La Y de Baeza, donde la carretera se divide en dos: a la izquierda nos lleva a Nueva Loja ­(Lago Agrio) y a la derecha seguimos hacia Tena, Puyo y Macas.

Tomamos la segunda alternativa y, como ya estamos a baja altitud, el calor se empieza a sentir.

El trayecto continua por un camino serpenteante (la carretera E45), rodeado de mucha vegetación de bosque nublado bajo-andino. En medio de la cordillera de Los Guacamayos, viajamos acompañados de pequeñas cascadas, ríos y paisajes espectaculares de nuestro Oriente, donde habitan aves únicas, monos, tapires, capibaras y tantos otros animales fascinantes.

70 kilómetros más adelante, llegamos al poblado de Archidona, un punto interesante para detenerse. Buena comida típica oriental (a veces exótica) podemos disfrutar aquí. La posibilidad de visitar diversos locales con artesanías autóctonas hace las delicias del turista.

Podemos conocer también la Cueva de Jumandi, la misma que tiene un río subterráneo. Un recorrido por su interior es una de las aventuras más fascinantes para llevar a cabo en familia o en pareja.

Nuestro destino final está más adelante por la misma carretera. En 10 minutos más llegamos a Tena. Esta es una pujante ciudad, bastante grande en la actualidad y con todos los servicios y el bullicio que la vida moderna nos puede ofrecer.

Hay restaurantes, hoteles y hostales, heladerías, panaderías, negocios diversos, oficinas bancarias y otras de servicios públicos, etc.

Asimismo, Tena nos ofrece atractivos naturales y opciones de entretenimiento en sus ríos, cascadas, caminatas, avistamiento de aves, mariposas y más.

Si se desea alojamiento, aquí existe una oferta muy amplia, cómoda y para todos los bolsillos. Además, estamos a solo 22 kilómetros de nuestro destino final y podemos ir hasta allá y regresar en poco tiempo.

También es una buena opción hospedarse en el mismo poblado de Puerto Misahuallí, adonde se ­llega por una vía estrecha y asfaltada sumamente pintoresca, en contacto directo con la naturaleza.

Misahuallí es pequeño pero muy acogedor y es fantástico enterarse de que los extranjeros son quienes más aprecian y disfrutan de este paraíso terrenal. Estacionamos el vehículo en una placita dispuesta para ello, contratamos el hospedaje, disfrutamos de la oferta gastronómica local y nos alistamos para bañarnos en las aguas del río.

Llama la atención ver que en el parque principal unos encantadores y traviesos monos entretienen a los visitantes. Si los encuentran distraídos, pueden hasta “robarles” las gafas, la gorra e incluso la cámara de fotos. En una ocasión, uno de estos animalitos jugaba con un encendedor y lo encendía con ­mucha habilidad.

El balneario de este hermoso puerto fluvial lo forma el río Misahuallí, en su desembocadura en el gran río Napo. Una atractiva playita de arena suave nos invita a acomodarnos antes de darnos un chapuzón en las tranquilas aguas.

Muchos frondosos árboles nos brindan su sombra. La paz y tranquilidad, lejos de todo bullicio mundano, es lo mejor que podemos disfrutar en este entorno natural.

Además del refrescante baño, los nativos del lugar también nos ofrecen paseos en lanchas a motor, tanto aguas a arriba o aguas abajo de cualquiera de los dos ríos. Así podemos conocer caseríos indígenas autóctonos, las costumbres de sus habitantes, saborear su comida y compartir con ellos.

CARBURANDO y quien suscribe les indicamos la ruta y los destinos. El disfrute y la diversión depende de ustedes, estimados amigos. Hasta la próxima.

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