23 de octubre de 2016 00:00

Amazónicos dieron una cátedra de fútbol

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Ronald Ladines
(F-contenido intercultural)

A Sergio Nenguimo le decían el ‘Luis Suárez de la Amazonía’. El hombre de 30 años anotó siete goles con la selección de Indígenas Amazónicos, que participó en los Juegos Ancestrales que se desarrollaron en Santa Elena.

El huaorani fue el máximo goleador del campeonato, que buscó la integración de los pueblos y nacionalidades del Ecuador. Desde la barra gritaban su nombre en cada partido y cada vez que anotaba señalaba a sus admiradores.

Nenguimo es oriundo de Pastaza y se dedica a la construcción. Dice que cada vez que tiene tiempo se reúne con sus familiares y amigos a jugar fútbol, lo hace en una cancha de tierra, con arcos de caña.

Estaba contento en Santa Elena, era la primera vez que visitaba la provincia costeña. Para él, estas actividades son importantes, porque además de permitirles mostrar sus costumbres, ellos también pueden aprender de las demás etnias del país.

Cuando se le acercan para entrevistarlo luce tímido, le cuesta hablar. Prefirió mover sus pies y se puso a hacer unas cuantas cascaritas, para “quitarse los nervios”. Su equipo fue campeón y él la figura.

“Hemos hecho un gran trabajo de equipo a pesar de que no nos conocemos”, dijo el goleador. El equipo amazónico se formó con dos representantes de cada una de las once nacionalidades que habitan en esa región ecuatoriana.

Ganaron todos sus partidos con una diferencia de tres o más goles. El clima los complicó. El día de la final, Santa Elena estaba a 32 grados centígrados. El calor y la humedad hacían que los jugadores se hidraten cada vez que podían.

Nenguimo hizo dupla con su Wilson Tocari, su amigo y coterráneo. Ellos se entendían bien en la delantera. Juegan juntos en Pastaza.

Tocari anotó en la final. Su cabello teñido de rubio lo diferenciaba de sus compañeros. Él habla poco castellano, pero entre risas y señales, contó que esta experiencia le ayudó a conocer costumbres distintas a la suya.

El equipo lo dirigió Cawetipe Yeti, de la comunidad shuar. Él fue quien armó la selección. Cada nacionalidad envió a sus representantes y él se encargó de darles el ‘visto bueno’.

Yeti, se daba tiempo para dirigir al equipo de varones y al de mujeres, que también se coronó campeón de los juegos. Corría de una cancha a otra, calculando el tiempo que duraba cada partido.
La afición amazónica también jugó un papel importante. Vestidos de verde fosforescente, gritaban por sus representantes desde las gradas de la cancha del Tablón, en el centro de Santa Elena.

Estaban pintados con los símbolos característicos de sus nacionalidades, además tenían banderas y silbatos.

El ritmo de los cánticos lo pusieron con un tambor de madera y cuero. Los hombres se turnaban para tocar el instrumento. Irene Kuash, dirigente, pedía que sus compañeros alienten, sin insultar al rival. Decía que los juegos eran para crear lazos fraternos y no para generar conflictos.

El pueblo amazónico obtuvo el segundo lugar en todas las disciplinas de los juegos, con 224 puntos, por debajo de bajo del pueblo montuvio, que obtuvo 259 puntos.

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