La apertura directa hacia la av. Amazonas incluye un  mobiliario moderno y funcional en tonos sobrios.

El área de shushi implementa un espacio para una especialidad que crece en el gusto de los comensales. Foto: Pavel Calahorrano Betancourt / El Comercio

El Mercure optimiza su restaurante

Víctor Vizuete
Editor (I)

Parodiando a Shakespeare, transformarse o morir es el dilema de los emprendimientos económicos de la sociedad actual. Todo lo que no se adapta al vertiginoso ritmo de este siglo tiene altas probabilidades que perder el tren de forma definitiva.

Eso, renovarse y ubicarse en el tiempo real, es lo que ha buscado el Hotel Mercure Alameda Quito, con uno de sus más necesarios y requeridos servicios: su restaurante Spicy Bistro Restaurante.

Este funciona en el ala occidental del establecimiento y tiene vista a la avenida Amazonas. Ese factor, muy importante porque la Amazonas es una vía de gran movimiento -comercial y de tránsito- impulsó a una de las más audaces innovaciones del hotel: su apertura directa hacia la avenida.

Ese cambio, explica Marisol Mosquera, directora general del Mercure Alameda Quito, tuvo un objetivo claro y definido: acercar el restaurante no solo los clientes habituales del establecimiento sino, también, a la ciudadanía en general; a la gente común que trabaja o transita por la zona y necesita alimentarse de la mejor manera posible.

La apertura directa hacia la av. Amazonas incluye un  mobiliario moderno y funcional en tonos sobrios.

La apertura directa hacia la av. Amazonas incluye un mobiliario moderno y funcional en tonos sobrios. Foto: Pavel Calahorrano Betancourt / El Comercio

La apertura de una gran puerta de ingreso y la provisión de un equipamiento externo atractivo y florido fueron los ganchos de los diseñadores para atraer a la ingente cantidad de comensales que deambulan por el sitio en busca de buena comida.

Por esa razón, asimismo, el restaurante extendió sus horarios: de 12:00 a 15:30 para los almuerzos, y de 19:00 a 23:00, para el horario nocturno.

La otra mejora tuvo lugar en el interior mismo del comedor. Primero, explica Mosquera, se amplió la capacidad, de 160 a 200 m², y el aforo, que ahora es de hasta 100 personas.

Ese cambio llegó aparejado de un nuevo concepto de decoración, más acorde con la actualidad y con la función del lugar. Por eso, se privilegiaron los rojos, pasteles y terracotas, ideales para despertar el apetito y para el relax posterior. La iluminación, totalmente LED, completa el trabajo.

Pero las mejoras tienen más vectores. Se incorporó el área de shushi y se mejoró la cava de vinos. Además, se abrió un espacio para la ‘cocina en vivo’, es decir un espacio donde se vea en directo cómo se preparan los platillos.