14 de septiembre de 2015 00:00

El tratamiento para dejar las drogas es costoso

En La Vicentina, norte de Quito, funciona el centro de rehabilitación del Estado (Cetad). Foto: El Comercio

En La Vicentina, norte de Quito, funciona el centro de rehabilitación del Estado (Cetad). Foto: El Comercio

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Fernando Medina

Cada mes, la madre de Eduardo tenía que pagar USD 800 a la clínica en donde se rehabilitaba. Él tiene 23 años y empezó a fumar marihuana e inhalar pasta base de cocaína desde los 16. Su madre lo internó hace un año en un centro de adicciones en Riobamba.

Tomar esa decisión no fue fácil, comenta su madre, de 43 años. Por una parte, les complicaba la distancia, pues ellos viven en el sur de Quito. Pero sobre todo, sus ingresos son de solamente USD 400 al mes, como trabajadora doméstica.

La clínica en la que internó a su hijo es una de las más baratas. Consultó por Internet otros lugares, pero vivió con desencanto que las mensualidades ascendían entre USD 1 600 y 3 000. Por eso recurrió a un prestamista, que le dio un crédito de USD 5 000.

Con ese dinero pagó el tratamiento y costeó los gastos para ir a visitarlo. Pero no le alcanzó: tuvo que vender unas joyas y un televisor para pagar el crédito al prestamista.

Lo mismo tuvieron que hacer Graciela y Mario para pagar los USD 6 000 que costó el tratamiento de su hija Lesly. Ella tenía adicción a la marihuana y estuvo internada un año en Cuenca. Según la joven, en el centro de rehabilitación era atendida por un psicólogo, un medico y un guía espiritual.

De hecho, el equipo de profesionales que trabaja en estos centros es uno de los factores para que los costos sean elevados. Así lo aseguraron tres directores de centros de rehabilitación a los que consultó este Diario. La suministración de fármacos también es otra razón para los altos precios.

Eso lo reconoce Naciones Unidas en un estudio sobre el abuso de drogas. En el documento se explica que enfrentar la “toxicomanía genera problemas sociales graves, generalizados y costosos”. Además, recomienda que los pacientes deben ser rehabilitados con tratamientos permanentes, de seguimiento y de prevención de recaídas.

En Quito, por ejemplo, la denominada Comunidad Terapéutica Aprender a Vivir atiende a 22 hombres con problemas de adicción. Su tarifa es de USD 800 mensuales, pero tienen planes de becas y ayudas económicas. Ricardo Fonseca es su director y reconoce que los costos de tratamiento son altos. Pero argumenta que en el proceso de rehabilitación se requieren de especialistas en psiquiatría, nutrición, terapia familiar, medicina general, psicología y toxicología clínica.

Además, en los casos de las personas con adicciones a la heroína o cocaína se necesita un proceso con fármacos. Estos medicamentos ayudan a controlar síntomas como alucinaciones, fiebres, taquicardias, temblores y diarreas. Incluso existen medicamentos que son utilizados para controlar el temperamento violento de los pacientes.

Carlos Reyes, presidente de la Federación de Farmacias del Ecuador, sostiene que entre los fármacos más usados para controlar la adicción están tres, que solo se venden bajo prescripción médica de especialista en neurología. Por ejemplo,en el caso de las tabletas, una caja de 30 pastillas puede llegar a costar hasta USD 20.

Los pacientes, en una primera etapa, requieren una dosis diaria. En cambio, en el caso de las ampollas, cinco unidades cuestan USD 21. En pacientes crónicos también se requiere una al día. Pero los fármacos no es el único proceso de rehabilitación para estas personas.

En el Centro Especializado de Tratamiento de Drogas (Cetad) del Ministerio de Salud, en Quito, los 32 internos son tratados bajo terapias psicológicas, familiares, ocupacionales y recreativas. El viernes pasado, tres jóvenes cultivaban vegetales. Otros hacían manualidades y practicaban una obra de teatro. Esas actividades les ayudan a calmar la ansiedad.

El servicio del Cetad es gratuito. Pero en el país solo existen dos de estos centros estatales, en Quito y Guayaquil. Sin embargo, las autoridades señalan que existe un plan para crear más. Actualmente en el norte de Quito, se construye un hogar para adolescentes.

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