19 de febrero de 2018 00:00

Los trastornos de aprendizaje se identifican a mitad del ciclo escolar

La neuropsicológa Paloma Sotomayor evalúa a un niño de 8 años. Con pruebas, que aplica en 3 horas, identifica o descarta trastornos. Foto: Alfredo Lagla / EL COMERCIO

La neuropsicológa Paloma Sotomayor evalúa a un niño de 8 años. Con pruebas, que aplica en 3 horas, identifica o descarta trastornos. Foto: Alfredo Lagla / EL COMERCIO

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Mariela Rosero
Coordinadora
mrosero@elcomercio.com (I)

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Niños que han pasado por terapias para pronunciar la ‘r’, pero que al preguntarles ¿qué es un perro?, no pueden responder un animal, una mascota. Otros que entienden conceptos y elaboran frases oralmente, pero que al escribir omiten letras. Y unos cuantos con problemas de conducta.

Varios de esos casos han llegado en estos días a la consulta de Paloma Sotomayor. La neuropsicóloga cuenta que a mitad del año lectivo es usual que los padres acudan a profesionales de su rama en busca de evaluaciones para sus hijos.

Hoy se inicia el segundo quimestre en la Sierra y Amazonia. Es decir faltan 94 días para completar los 200 laborables que tiene el ciclo 2017- 2018. Por ello, en los planteles ya cuentan con las calificaciones del primer período, que pueden ser indicios de trastornos de aprendizaje o resultado de problemas de comportamiento.

Desde los colegios, me preguntan -señala Sotomayor- ¿qué hacemos? Buscan desarrollar adaptaciones curriculares, para ayudar a los chicos. Pero antes de hacer ese ajuste o de recomendar terapias psicoeducativas se requiere conocer el diagnóstico.

Algunos estudiantes son examinados primero por el neuropediatra, que los envía con Sotomayor, para una evaluación que mide memoria, atención, organización y control de impulsos; coeficiente intelectual. También se descartan dificultades de lenguaje o discapacidades.

Ella ratifica que entre enero y febrero, aumentan los pedidos para realizar una evaluación psicopedagógica a niños de segundo y tercero de básica.

Al menos el 6% de estudiantes de entre 5 y 17 años pudiera ser diagnosticado con dislexia, discalculia, disgrafía, Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) o disfunción ejecutiva.

Así lo anota Cristina Tapia, del Centro Infantil Psicopedagógico Crecemos, con datos de un estudio de Unicef, sobre Ecuador, de años atrás, y cifras internacionales de la Aso. Americana de Psiquiatría. En niños de segundo y tercero de educación básica -dice- se diagnostican más estos trastornos. Ella promueve la detección temprana, para reducir dificultades de aprendizaje.

Los padres deben estar pendientes ante llamados de atención continuos de la escuela y bajo rendimiento escolar, para buscar ayuda. Esto debido a que “muchos profesores creen que un niño es vago y no indagan por qué su atención dura tan poco tiempo, cinco minutos”, según Steven Proaño.

El estudiante de Psicología de la Universidad Indoamérica realiza prácticas en el Hospital Pablo Arturo Suárez. Se refiere, por ejemplo, al Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH).

Patricia Paredes, psiquiatra de esa casa de salud, confirma el apunte de Proaño. Y comenta que algunos docentes todavía sostienen que estos trastornos no existen, pues no se hablaba de ellos años atrás.

“Están subdiagnosticados”, asegura. Y menciona que los alumnos, con esas dificultades de aprendizaje, necesitan educación más individualizada.

No es complejo, pero tras el diagnóstico, lo que los chicos requieren es que el psicopedagogo le indique al maestro algunos ‘tips’. Si tiene problemas de atención o síndromes disejecutivos no le puede dar varias órdenes a la vez.

Estos últimos no afectan el nivel intelectual, no dan lugar a problemas de lenguaje ni lectoescritura. Se relacionan con la forma en que los chicos manejan la información y se organizan, a su grado de madurez.

La psiquiatra pide no etiquetar a los niños, con dificultades de aprendizaje y de conducta. Eso puede provocar frustración, afectar la parte emocional y su autoestima. Y dar lugar a deserción incluso.

Los Departamentos de Consejería Estudiantil (DECE) de los planteles tienen que procesar las alertas de profesores. Ellos remiten los casos a las Unidades de Apoyo a la Inclusión (UDAI). Hay nueve en la capital, más que nada para alumnos de centros fiscales.

En el 2016, según datos del Ministerio de Educación, se realizaron 3 816 evaluaciones psicopedagógicas. Pero en las UDAI no están en capacidad de ofrecer terapias a los chicos, solo diagnósticos.
El estudiante de Psicología Steven Proaño lidió con el TDAH, en su infancia. Pero fue tratado. Y no ha tenido problemas ni en la universidad.

“A veces la profesora dice: ‘ven Juanito, lee en frente de la clase’”, comenta la neuropsicóloga Sotomayor. Y en un niño disléxico eso genera, señala, resistencia y ansiedad.

La psicóloga educativa Tapia pide apertura de los planteles para trabajar en equipo y sacar adelante al estudiante.

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