24 de December de 2010 00:00

La gente de los valles se organiza, pero solicita más presencia policial

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Redacción Seguridad

Felipe R. tuvo que colocar una puerta de hierro adicional y una alarma en su vivienda. El 2 de diciembre pasado, dos desconocidos intentaron ingresar a su casa de un piso en la calle Quintana, parroquia de Conocoto, valle de Los Chillos. A las 00:30, un vecino de Ramírez vio que dos personas llegaban al sitio en una camioneta blanca sin placas.

Felipe, de 32 años, de estatura mediana, dice que esa noche escuchó un sonido extraño en la sala de su vivienda. “Yo vivo solo, así que me armé de valor y salí a ver qué pasaba. Solo observé dos sombras moviéndose rápidamente. Grité que se fueran de mi casa y que estaba armado”.

Al parecer -continúa Felipe- esto disuadió a los sospechosos, quienes solo alcanzaron a llevarse un DVD y una grabadora antigua. “Salieron presurosos, creo que eran principiantes”.

Según el Observatorio Metropolitano de Seguridad Ciudadana (Omsc), de enero a noviembre de este año se han registrado 160 delitos en contra la propiedad en la Administración Zonal Los Chillos (ver infografía).

Julio Chuquimarca vive en Conocoto desde hace 30 años y también ha sido víctima de la delincuencia. Hace dos semanas le robaron USD 100 y su teléfono celular. Dos personas le amenazaron con un cuchillo en el parque central de la parroquia. “La inseguridad es común. No hay suficiente vigilancia policial aquí”.

A Chuquimarca le da temor caminar por la plaza central durante las noches. Dice que hay jóvenes tomando en las esquinas, todos los días, y que esto genera riñas callejeras e incluso asaltos a las personas que se bajan en la parada de buses del sector.

Sin embargo, en la mañana la plaza cambia. Dos policías y un militar custodian el lugar. María C., moradora del sector, sostiene que la vigilancia policial se cumple hasta las 18:00. “Luego de esa hora es peligroso salir. Aquí hay pandillas juveniles y se vende y consume droga”.

Alrededor de la plaza central de Conocoto existen varios negocios: restaurantes, panaderías, cabinas telefónicas, tiendas...

Susana P., propietaria de una tienda de víveres, vive en Conocoto desde hace 13 años.

La mujer manifiesta que hace dos meses fue víctima de un robo en la calle. Un adolescente le arrebató su cartera, cuando ella tomaba un bus hacia Quito. “Me robaron USD 50 y me dejó sin documentos y sin celular”. La comerciante afirma que llamó a la Policía, pero nunca llegó.

Miguel Arias, jefe de Seguridad Ciudadana de la Administración Zonal Los Chillos, asegura que el Municipio trabaja para disminuir los índices de inseguridad en esa zona del Distrito. Tiene 130 000 habitantes. Allí existen 170 policías y 11 unidades.

Arias afirma que el apoyo de la comunidad es fundamental para enfrentar a la inseguridad. Por ello, se han conformado 39 comités de seguridad ciudadana.

Aníbal Sotalín es presidente del comité de Santa Isabel de Amaguaña. El dirigente cree que solo la solidaridad entre los vecinos les ha ayudado a combatir a la delincuencia. Los moradores han recibido capacitación para actuar si observan un ladrón.

Ahora usan pitos, ollas o cualquier objeto que emita un sonido estridente para llamar la atención de los moradores. Además, tienen una lista con los números telefónicos de cada vecino para dar las alertas.

La UPC más cercana a Santa Isabel está a unos cinco minutos del barrio, pero pertenece al cantón Rumiñahui.

Sotalín afirma que ya solicitaron la construcción de una Unidad de Vigilancia.

Según el Omsc, las dos principales causas para que se genere inseguridad en Los Chillos es la venta de alcohol y la falta de alumbrado público.

Sotalín corrobora esta versión. “Eso sumado a que los policías no pueden vigilar el sector todo el tiempo nos ha llevado a tomar otras medidas”. Una fue mejorar la iluminación del sector.

Según los moradores, la calle Río San Pedro es la más concurrida, también era la más peligrosa.

Desde hace unos meses la directiva llamó a la Empresa Eléctrica para que reparase las luminarias y ahora el sector es menos inseguro. “Los ladrones saben que no pueden actuar cuando los moradores de un barrio están unidos”, dice el dirigente barrial.

En el vecino Tumbaco, Yolanda Sotomayor, de 38 años, afirma que a veces la organización barrial no es suficiente para combatir la delincuencia. Pues esta debe estar acompañada de la ayuda de los gendarmes. Ella vive en la parroquia y tiene un negocio de venta de ropa. Nunca ha sido víctima de la delincuencia, pero reconoce que más de una vez personas extrañas le han pedido dinero a cambio de no asaltar su local.

“Es común que los comerciantes paguemos un peaje para tener a salvo la mercadería”.

De acuerdo con los datos del Observatorio en Tumbaco, de enero a noviembre, hubo 98 delitos contra la propiedad. El 18 de noviembre, el Municipio entregó acreditaciones a veedores ciudadanos para trabajar en la prevención de delincuencia, seguridad vial y de riesgos.

A Felipe R. le sirvió la experiencia: aseguró su casa y está en contacto permanente con los vecinos de su calle para protegerse.

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