6 de July de 2011 00:01

Pomasqui celebra al Cristo que nació en un tronco

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Frente a una casa amarilla, en el barrio Santa Rosa de Pomasqui, hay unas 300 personas reunidas alrededor de una imagen. Es el tronco de un árbol, con dos ramas gruesas, que se asemejan a dos brazos extendidos hacia arriba. Entre ellas resalta la cara de un Cristo.

Es el Señor del Árbol, patrono de Pomasqui, a quien se lo festeja, cada julio, con procesiones, alabanzas y bailes. Son las 17:35 del lunes. El cielo está despejado, pero hace frío. Hay niños, hombres, mujeres y personas de la tercera edad de los barrios La Herlinda, El Común, Santa Rosa, La Dolorosa, La Marquesa, etc. También llegan devotos de Carapungo y de El Quinche. Una banda de pueblo entona las canciones y unos danzantes se lucen entre los fieles.

María Clemencia Salazar, una de los priostes encargados de los festejos, cuenta que la leyenda del Señor del Árbol tiene más de 400 años. En el parque de Pomasqui los campesinos dejaban sus mulas atadas a un árbol. Al regreso encontraban a sus animales postrados frente a él.

Al ver la escena, los pobladores pensaron que una presencia divina se posó en el árbol.

“Hubo milagros en el sector y, por eso, se talló la cara de Cristo en el árbol. El resto de la imagen ya estaba formado. El árbol se llama Quishuar (de Dios)”.

Rosita Garcés es vecina del barrio La Dolorosa. Todos los años participa de las fiestas del patrono. Dice que es milagroso. “Él une a toda la comunidad. Hay días en los cuales estamos más de 1 000 personas alabándolo”.

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La imagen original ya no se utiliza para las procesiones desde el año 2000. Permanece en la capilla de Santa Rosa y solo la sacan el sábado, el día de la fiesta grande. La razón: la gente arrancaba partes del tronco para llevar a su casa un pedazo del Cristo.

Son las 18:00. La gente empieza la caminata, por un camino de tierra, detrás de la réplica del Señor del Árbol, quien es llevado en hombros por cuatro hombres. La banda sigue tocando, los danzantes no paran de bailar. Unas niñas tiran al aire pétalos de rosa que llevan en un canasto. Un danzante grita: “¡Que viva el Señor del Árbol!”. ¡Que viva! responden los feligreses y fuegos artificiales retumban en el cielo.

Una, tres, diez cuadras por un camino de tierra hasta llegar al barrio El Común. Ahí, unas 50 personas más reciben a su patrono. Cuatro niños sostienen una pancarta con la frase: “Bienvenido Santísimo Señor del Árbol”. Hombres y mujeres sostienen velas encendidas y más danzantes, vestidos con coloridos trajes, esperan para acompañar a su patrono hacia el estadio, en donde celebrarán una misa en su honor.

Está oscuro y hace frío. Hay polvo, pero parece no molestar a nadie. Hay alegría. Son las 18:40 y la procesión se detiene frente a una casa. Al Señor del Árbol lo llevan al patio para que visite a su dueño. “Es parte de la tradición que la imagen visite las casas de los priostes”, comenta María Amelia Yamba, lugareña.

Los priostes brindan gaseosas y unos bocaditos. Algunas personas se acercan a la imagen, la tocan, cierran los ojos y se persignan. Otros, con una sonrisa, disfrutan de la comida, de los danzantes, de la música, de los fuegos artificiales, mientras los niños corretean entre los mayores.

Segundo Sigcha lleva una olla en una carretilla. “Es chaguar-mishqui”, una bebida preparada a base del jugo de penco. Cristina Sigcha es de Pomasqui pero vive en Carapungo. “El Señor es lo más importante que hay aquí en la parroquia. Para la fiesta nos preparamos mucho”.

Son las 19:50 y la procesión llega al estadio. El domingo, con misa y más festejos, terminarán los 21 días de peregrinación.

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