12 de agosto de 2016 16:41

Tres segundos acabaron con 37 años de historia del edificio Álava en Portoviejo

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Elena Paucar

Un grupo de la familia Álava se reunió cerca del edificio que Agustín Álava Santos construyó hace 37 años en pleno centro de Portoviejo. Desde la calle Pedro Gual observaron cómo cada piso se desplomaba en menos de tres segundos.

A las 14:00 de este viernes 12 de agosto del 2016, el edificio Álava fue derrocado por el método de voladura controlada. Es el tercero en desaparecer del panorama céntrico de la capital manabita bajo este procedimiento, aplicado a las estructuras más altas y gravemente afectadas por el sismo del 16 de abril pasado.

Solo minutos después de la detonación, que hizo vibrar algunos metros a la redonda, y cuando la enorme columna de polvo se disipó, los Álava escalaron por la pequeña montaña de escombros que quedó de la estructura de ocho pisos.

"Yo tenía unos 7 años cuando lo inauguraron. Recuerdo que en el sótano había un tallarín de hierros para su construcción y que llegaban los trailers, que les decían las vacas, cargadas con materiales", recordó Ángel Álava Macías, uno de los 10 hijos de don Agustín.

Un grupo de personas observa los escombros en los que quedó el edificio Álava, en Portoviejo, tras la implosión. Foto: Mario Faustos / EL COMERCIO

Un grupo de personas observa los escombros en los que quedó el edificio Álava, en Portoviejo, tras la implosión. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

La obra le costó a este agricultor, dedicado en su época a la plantación de algodón, unos 30 millones de sucres. Terminarlo tomó unos cuatro años. "Es una pena ver cómo el esfuerzo de una vida se va en segundos", dijo Ángel quien explicó que su padre por ahora está en los Estados Unidos. El día del sismo el hombre de 86 años quedó atrapado en el sexto piso de su edificio, en el que funcionaban negocios, oficinas y departamentos.

Las autoridades provinciales hicieron una inspección inmediatamente después de la detonación. El gobernador (e) de Manabí, Xavier Santos, aseguró que la implosión fue exitosa y que no causó daños a los inmuebles aledaños. Ese era una de las preocupaciones, ya que el Álava se ubicaba en una zona muy comercial y transitada. Por eso, desde las 11:00 evacuaron parcialmente unos 200 metros a la redonda.

Esta y las dos implosiones anteriores están valoradas en USD 1 millón. Y los trabajos generales de recolección de escombros y demoliciones tras el sismo alcanzan un presupuesto de USD 20 millones hasta ahora, como informó Santos. La siguiente fase será el plan reconstructivo que, según Santos, dependerá de las propuestas que haga cada municipio.

Un grupo de personas observa los escombros en los que quedó el edificio Álava, en Portoviejo, tras la implosión. Foto: Mario Faustos / EL COMERCIO

Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

Poco antes de las 14:00, un conteo regresivo se escuchó cerca del Mercado Barrial No. 1, que fue evacuado por precaución. Las vallas metálicas frenaron en parte a los curiosos, quienes aplaudieron después de escuchar las detonaciones y ver una nube de palomas salir disparada de los techados aledaños.

Entre la multitud hubo rostros tristes. "Esto es como perder a un familiar; duele mucho", decía Enrique Martínez, comerciante del mercado.

Ese sentimiento se repitió en decenas de portovejenses. Miryan Mora vive a solo una cuadra del Álava, que era un referente para dar con varias direcciones en la ciudad. Aunque tenía una amplia terraza en su vivienda, con vista directa a la zona de implosión, ella decidió verlo a través de un canal manabita que transmitió las últimas horas de este ícono que marcó el camino a la arquitectura moderna de la urbe. "No quise verlo en directo porque es muy triste; ya no estará más".

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