27 de June de 2010 00:00

La niñez fue dura para los hermanos Correa

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Unidad de Investigación

La niñez de los hermanos Correa Delgado fue dura y exigente. Experiencias desgarradoras marcaron su infancia. Cuando Fabricio tenía 7 años y Rafael 4, en 1967, su padre Rafael Correa Icaza viajó a Estados Unidos.

El mayor escribía cartas a su padre: demoraban cerca de un mes en llegar a Atlanta, pero él siempre contestaba, y le señalaba las faltas de ortografía. Ese aprendizaje lo llevó a convertirse en campeón escolar de ortografía. El premio, una pluma, lo guardó celosamente para regalarle a su progenitor a su regreso.En cambio, Rafael no fue tan apegado a la figura paterna, pues era muy chico cuando se fue y quien asumió el rol de jefe de hogar fue su madre Norma Delgado. Una mujer piadosa, incansable trabajadora, que acostumbraba a rezar el rosario de María Auxiliadora antes de dormir. En 1973 se empleó en Mi Comisariato, donde colaboró por 15 años.

Doña Norma fue siempre más contemplativa con ‘Rafico’. Al pequeño Rafael sus hermanos le decían “culebra” porque iba mudando, dejando todo desde que entraba a la casa al regreso de la escuela: se sacaba los zapatos, las medias, mientras caminaba hasta llegar a su dormitorio.

Luego de volver de EE.UU., donde estuvo detenido tres años, Rafael Correa Icaza vivió un año con su familia, en Guayaquil. Después, se separó de Norma y se fue a vivir con su madre.

“Con mi papi, a pesar de sus distanciamientos, tuvimos una excelente relación”, dice Pierina, la única hermana mujer viva de la familia Correa. “Parecía ser que yo tenía un olfato especial para saber cuál era el momento de decirle las cosas, él era muy de aventuras, de paseos inesperados”.

fakeFCKRemoveEl padre de los Correa tenía temperamento explosivo, a veces violento, pero era inteligente y sensible. “Parecido el temperamento al de mi hermano. A mi papá le gustaba sacarte de quicio, más que tomarte el pelo, te tenía que humillar”, cuenta Fabricio.

Dedicado al comercio, el padre de los Correa viajaba constantemente por el país. En algunos desplazamientos lo acompañaba el mayor de sus hijos; el menor, en cambio, pedía más atención paterna. “Mi papito no era muy estable, era de carreras cortas. Tenía la tendencia a desafiar la ley'”.

Pese a la separación, él no perdió contacto con sus hijos. Los llevaba a pasear por el cementerio donde recorría las tumbas de personajes famosos, contándoles a sus hijos la historia detrás de la lápida. También viajaban a Durán o por el estero Salado.

Así, la vida infantil de los tres hermanos Correa transcurría en medio de las necesidades económicas y la inestabilidad generada por las separaciones de sus padres. En su faceta estudiantil Fabricio, Rafael y Pierina fueron buenos alumnos. Sus padres fueron exigentes, pese a que no lograron completar su formación. Doña Norma llegó hasta quinto año de colegio y bailaba ballet.

Los recuerdos más intensos para los hermanos datan de la época cuando vivieron en la Tomás Martínez y Baquerizo Moreno, una casa vetusta de construcción mixta, donde improvisaban cada rincón para jugar. “Había las peleas clásicas entre hermanos, las discusiones, pero siempre temporales”, recuerda Pierina.

En cambio, Fabricio mantiene latentes las rabietas de su hermano menor. “Cuando sea grande te voy a pegar”, le gritaba el rebelde Rafael, mientras el mayor lo agarraba de los brazos, aplacando su furia, a veces incontenible.

Al cumplir 7 años, Pierina viajó a Estados Unidos, donde unos parientes, por la difícil situación familiar. “Encontré una sociedad distinta a la ecuatoriana. Vine con una mentalidad mucho más independiente habiendo aprendido a hacer un montón de cosas... en adelante me quedé acá, estudiando, haciendo deporte, ayudando en la casa, y compartiendo con mis hermanos, actividades normales, andando en bicicleta, jugando a los trompos, soy experta en hacer bailar trompos”.

La segunda de la familia siempre tuvo una mejor relación con Fabricio por razones de edad. Recuerda que su hermano menor, Rafael, pasaba mucho tiempo fuera de casa, con los Scouts, donde fue ganando la fama de líder. “Con Fabricio tenía más cercanía, incluso mi primer enamorado fue su compañero en el colegio.

A Rafael su familia lo recuerda como defensor de las causas de otros chicos, veía que afectaban a alguna persona vulnerable y él no dudaba, en absoluto, en salir en su defensa, cuenta Pierina.

Uno de sus amigos de la infancia recuerda que cuando eran jóvenes, un chico de la denominada “manada Scout” que lideraba Correa, falleció al ser alcanzado por un rayo durante un ascenso al Cotopaxi. “Rafa estaba a cargo del grupo, sé que eso le golpeó”, recuerda David Vásquez, docente de secundaria.

Luis Carló, otro compañero de los Scouts, recuerda que nunca vio a la familia Correa completa. La imagen que recuerda es cuando iban a misa Doña Norma, Pierina, Fabricio y Rafael. Nunca a su padre. “Rafa no transmitía los problemas de su casa hacia afuera”.

En 1977 la tragedia nuevamente golpeó la puerta de la familia Correa-Delgado. “Sucedió dos días antes que yo cumpliera 15 años”, rememora Pierina. “Ese año por primera vez iba a tener una fiesta de cumpleaños, Fue un 28 de mayo. Mi pequeña hermana Bernardita, de 11 años, falleció ahogada, en una piscina en un condominio en Urdesa. Estaba al cuidado de la familia de una compañera, pues su madre se encontraba en el trabajo.

“A mi madre eso la golpeó muchísimo, han pasado más de 30 años y sigue sin superarlo. A Rafael lo afectó tremendamente, eran muy cercanos en edad, tenían nueve o 10 meses de diferencia. A Fabricio como hermano mayor le tocó mostrarse un poco más tranquilo ”.

Los años siguientes, Fabricio, Pierina y Rafael siguieron con sus estudios. El primero en la Escuela Politécnica del Litoral, mientras Rafael se inclinó por la Economía en la Universidad Santiago de Guayaquil y Pierina siguió en el Liceo Panamericano.

Años después, el padre de los Correa se volvió a casar con Azucena Calvache, que era apenas tres años mayor que Fabricio, y se fue a vivir a Quito. Luego regresó a Guayaquil y falleció en 1995.

En adelante, Fabricio montó varias empresas y Rafael se dedicó a estudiar dentro y fuera del país, en Bélgica y Estados Unidos.

En el 2005 los hermanos se juntaron para la campaña de Rafael. Estuvieron unidos hasta mediados del año pasado, cuando estalló el escándalo por los contratos de Fabricio con el Gobierno. Hoy están totalmente distanciados.

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