20 de December de 2009 00:00

Óscar Niemeyer, el arquitecto del siglo, aún no piensa en retirarse

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Río de Janeiro. DPA

Óscar Niemeyer es un fenómeno. Aunque el ‘arquitecto del siglo’ parece un poco más frágil tras dos operaciones y varias semanas en el hospital, no piensa todavía en retirarse.

Ya trabaja otra vez en varios proyectos para contribuir a un “mundo mejor y más justo”, señaló recientemente en una de sus cada vez más escasas apariciones públicas. Niemeyer, comunista declarado y amigo del líder revolucionario cubano Fidel Castro, cumplió 102 años.

Hoja de vida
Óscar Niemeyer
El arquitecto se graduó en la  universidad de Brasil en 1935. Trabajó con Le Corbusier en los innovadores planos para los ministerios de Educación y Salud de Río de Janeiro.  
En 1939 realizó el Pabellón brasileño para la feria mundial de Nueva York. En 1950 fue el arquitecto organizador de los edificios de la capital brasileña, Brasilia. 

Hace algunos meses el arquitecto fue operado de la vesícula, poco después los médicos le extirparon también un tumor en los intestinos. “Estuve casi un mes en el hospital. Fue  terrible.  

Pero ahora todo está bien otra vez”, dijo Niemeyer a finales del último mes en su oficina de Río, tras un encuentro con el gobernador del estado de Mina Gerais, Aécio Neves.

El arquitecto acaba de diseñar un complejo administrativo de cinco edificios para el gobierno regional de Mina Gerais, que será inaugurado a comienzos de 2010. “Estoy de regreso al trabajo que echaba en falta”, apuntó Niemeyer. Lo único que le importa. Pero el arquitecto no ha dejado su huella solo en Brasil.

En las décadas que ya lleva trabajando, su propia tierra natal se le hizo a menudo pequeña: sus construcciones se pueden admirar en Italia, España, Francia e Israel, entre otros.

Niemeyer, que adora las curvas pronunciadas en sus trabajos y que -en palabras de otra leyenda de la arquitectura, el francés Le Corbusier- tiene “las montañas de Río grabadas en los ojos”, nació en esa ciudad el 15 de diciembre de 1907, como sexto hijo de un comerciante de origen alemán.

Después de sus estudios de arquitectura, la estrella de Niemeyer empezó a ascender con su trabajo junto a sus admirados Lucio Costa y Le Corbusier.

En 1943, alcanzó renombre internacional con el diseño del antiguo Ministerio de Salud en Río y en 1947 participó de forma decisiva en el modelo de la sede de la ONU al lado del East River neoyorquino. A finales de los 50 creó además la nueva capital brasileña, Brasilia, junto a Lucio Costa.

Después, durante los años de la dictadura militar entre 1964 y 1985 fue víctima de persecución en su país y le fue prohibido ejercer su profesión. El visitante siempre se ve minúsculo frente a sus grandes obras. Ya sea ante los edificios en forma de tablero construidos en Brasilia a finales de los 80 o frente al edificio de Naciones Unidas en Nueva York, la sorpresa siempre va de la mano con un sentimiento de profundo respeto.

Ya como un artista centenario, Niemeyer describe su visión de la arquitectura de la siguiente manera. “La arquitectura que yo prefiero es una que siempre se diferencia, que no se repite y que toma el papel de una obra de arte. Y para mí las obras de arte siempre deben sorprender", decía el año pasado por esta época.

“Cuando me encomiendan un edificio público, intento hacerlo bonito, diferente. Porque sé que los más pobres no van a disfrutar nada, pero ellos pueden detenerse para verlo y tener un momento de placer, de sorpresa. Es esa la forma en que la arquitectura puede ser útil”.

Por lo demás, el arquitecto nunca ha dejado espacio para las dudas sobre lo que son sus raíces políticas. A Fidel Castro lo une una larga amistad, la misma que ha dado pie a que el histórico líder cubano señale que Niemeyer y él mismo son “los últimos comunistas del planeta”.

Para muchos, su obra tiene un carácter ambiental de gran fuerza, ya que Niemeyer busca adaptar los edificios a las condiciones del medioambiente, al hacer convivir grandes volúmenes con espacios vacíos de manera  poco usual y muy personal.

Respecto a su país, el arquitecto de la modernidad brasileña no ve motivos para el pesimismo y demuestra su simpatía con el Presidente. “Lula es un patriota, un trabajador que está del lado del pueblo y que entiende los problemas de América Latina”. Agrega que incluso aunque no se presenta como candidato a las elecciones presidenciales de 2010, “Lula tendrá una influencia decisiva en las elecciones”.

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