29 de marzo del 2016 00:00

Orellana quiere cambiar el crudo por el turismo

Transporte fluvial sobre el río Napo, a la espera de turistas y pasajeros para movilizarse. Foto: Alfredo Lagla / EL COMERCIO

Transporte fluvial sobre el río Napo, a la espera de turistas y pasajeros para movilizarse. Foto: Alfredo Lagla / EL COMERCIO

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Redacción Negocios

Comedores vacíos, heladerías sin gente, calles con pocos transeúntes; circular por Orellana, en especial por Coca, ya no es lo mismo.

La caída del precio del crudo se siente a cada paso y ha puesto a pensar a esta localidad, de tradición petrolera, en otro modelo de desarrollo.

La gobernadora de la provincia Mónica Guevara, menciona que unas 30 000 personas de la población flotante (no residente) ha salido de la zona desde enero del año pasado debido a la crisis provocada por la caída de los precios del crudo. Esto representa un 20% de la población de Orellana, que contaba con unos 150 000 habitantes el 2015, según la proyección de población del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC).

Frente a esto y la depresión comercial que enfrenta la provincia, el Gobierno anunció la aplicación de una canasta comercial. Esta medida permite que unos 5 000 comerciantes de la provincia adquieran productos sin aranceles desde Colombia. Entre esos, equipos tecnológicos, electrodomésticos, limpieza de hogar, etc.

Pero el sector comercial cree que esta medida tendrá poco impacto. Eddie Velásquez, propietario de un local de accesorios móviles, comenta que su mercancía pasa inadvertida por los clientes.

El comerciante vendía entre USD 400 y 500 diarios hasta marzo del año pasado, pero ahora solo llega a USD 60 o 100. “Teniendo capital puede que ayude (la canasta comercial), el lío es que no hay circulante”, reprocha Velásquez desde el mostrador de su local.

Carlos Zavala, presidente del Comité Cívico de Orellana, corrobora esta situación. “El problema grave de la provincia es que no hay dinero en la población, en los comerciantes, en las empresas. Las petroleras públicas no pagan sus deudas. Como eso no ocurre, los proveedores y prestatarios no cancelan a las ferreterías, restaurantes, empleados, almacenes... Y sin plata los bancos no extienden préstamos”.

Esta crisis está invitando a una gran reflexión, comenta acongojado Daniel Pauker, presidente de la Cámara de Turismo de Orellana, mientras su mirada se posa en la vacía piscina de su hotel.

Puestos de artesanías de las comunidades amazónicas waorani, shuar y kichwa, en el malecón del Coca. Foto: Alfredo Lagla / EL COMERCIO

Puestos de artesanías de las comunidades amazónicas waorani, shuar y kichwa, en el malecón del Coca. Foto: Alfredo Lagla / EL COMERCIO

“Dejar de pensar que solo teníamos petróleo; hay alternativas. El futuro de Orellana es el turismo y la agricultura”.

Hace 53 años, cuando este manabita llegó a Coca, la población vivía de la agricultura y del intercambio comercial con Colombia. En esa época, el 80% de la gente se dedicada a la agricultura, el 10% a la minería en las estribaciones del río Payamino y el resto al turismo.

Pero todo eso cambió en los años setenta con la explotación del oro negro, una dependencia que persiste hasta la actualidad. En el 2014, el 95% de la actividad económica de la provincia se concentró en la extracción de crudo, según datos del Banco Central del Ecuador (BCE).

“La gente dejó el campo, la agricultura y pasó a ser empleado; se esclavizó en el petróleo y todos nos metimos en un barril pensando que nunca se terminaría”, dice Pauker.

Ahora Orellana vive su segundo remezón productivo. La actividad petrolera ya no deja ingresos ni genera empleo en la provincia. Los locales comerciales que aún están abiertos no reciben clientes.

Estas dificultades han hecho que la población mire al turismo como salida. Los representantes de las Cámaras de Comercio y de Turismo, del transporte fluvial y terrestre, de asociaciones de restaurantes y de la Gobernación de Orellana formaron hace cinco meses un comité para darle un nuevo enfoque a la provincia.

Quieren que su matriz productiva dependa en un 50% del turismo y en otro porcentaje igual de la agricultura. Y es que la situación es alarmante, comenta Tatiana Noboa, presidenta de la Asociación de Hoteleros de Orellana.

La ocupación de los hoteles no supera el 30% en los tres cantones de la provincia (Coca, Sacha y Loreto). A inicios del año pasado era del 80%, menciona la empresaria. Entre las estrategias están paquetes turísticos y un parque ecológico en el Coca, que esperan inaugurar en cuatro meses.

Patricio Juanka, gerente de la agencia Amazon Travel, dice que, si bien las propuestas son positivas, se requerirá de mucha promoción para lograrlo.

Los ingresos turísticos no se comparan con los petroleros y eso es algo que la población deberá entenderlo.

Hace tres años, por ejemplo, durante el feriado de Carnaval la agencia trasladó de Quito al Coca a 40 personas, todo relacionado con el sector petrolero (familiares, amigos, etc.). Este feriado solo fueron 14.

Héctor Vargas, de la agencia Sumak Allpa, mira con agradado la iniciativa, cree que hay mucho por normar para garantizar calidad en los servicios.

El turismo, sin embargo, aún no entusiasma a Sandra Jiménez, empleada de la flota Pelileo, no le convence mucho la idea porque desde hace tres años no siente sus beneficios.

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