1 de August de 2010 00:00

Pipes: No hay libertad sin propiedad

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Redacción Siete Días

¿En qué pensamos cuando nos hablan de “propiedad”? Pensamos, probablemente, en casas, haciendas, autos y cuentas bancarias. En el mundo moderno hay, además, activos intangibles que se ajustan al concepto de ‘propiedad’: créditos, patentes, derechos de autor. Pero, ¿no deberíamos pensar primero, cuando nos hablan de ‘propiedad’, en lo que cada ser humano puede reclamar como propio e intocable, empezando por la vida y la libertad?

Richard Pipes, profesor de la Universidad de Harvard y experto en la historia de Rusia, parte de esas preguntas para examinar la relación directa e inseparable que han tenido dos conceptos, la propiedad y la libertad, que son indiscutibles en el Occidente democrático y próspero, pero que están bajo acoso en el Tercer Mundo atrasado.

‘Propiedad y Libertad’ se convierte en un alegato poderoso, con argumentos de la historia, la filosofía y la economía, sobre los vínculos entre la propiedad privada y la noción de libertad, como derechos inherentes a la persona . Y es que, según Pipes, donde la propiedad individual existe como un derecho socialmente legítimo, la libertad perdura y se afianza, a la vez que el irrespeto a la propiedad conduce inexorablemente a la opresión. Para demostrarlo, Pipes centra su análisis en dos casos extremos: Rusia e Inglaterra.

En Rusia, desde los duques moscovitas hasta los zares de la dinastía Románov, rigió un concepto, el patrimonialismo, que no hacía distinción entre soberanía y propiedad: el soberano era propietario de todo, desde la tierra hasta la vida de sus súbditos. Con el socialismo soviético, lo poco que había de concepto de propiedad fue arrasado, con lo cual las últimas libertades quedaron abolidas, al extremo de que Rusia se convirtió en un país habitado solamente por siervos del Estado.

Inglaterra es un país que, como lo describió Voltaire, “tiene un sistema de gobierno sabio, en que el rey tiene todo el poder para hacer el bien, pero ningún poder para hacer el mal”. Y, en efecto, la historia inglesa, desde la firma de la Carta Magna, en el siglo XIII, ha sido un proceso constante de transferencia de derechos del soberano al ciudadano, con énfasis en el derecho de propiedad. Al estar garantizada y legitimada la propiedad, la libertad ha sobrevivido fuerte y sin obstáculos.

Para Pipes, estos casos demuestran irrefutablemente la importancia vital de la lucha del humano por hacer valer su individualidad, no como una actitud egoísta, sino como el derecho de cada persona “a realizarse y ser”, dentro de sociedades organizadas y respetuosas, que no aplasten al individuo en nombre del Estado, sino que contribuyan a su bienestar.

‘Propiedad y Libertad’ es un recorrido enriquecedor, rebosante de información seria y de alegatos sólidos, por la historia del ser humano en su esfuerzo por integrarse en sociedades que, sin despojarlo de sus derechos, impulsen el progreso colectivo y la seguridad, partiendo de la premisa de que la libertad es la primera necesidad del hombre, pues, como bien decía Karl Popper, “la ausencia de libertad conduce nada menos que a la mayor de las injusticias, que es el despotismo'”.

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