13 de June de 2010 00:00

El fútbol leído desde la economía

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El Mercurio

Chile, GDA

Soccernomics’ es un libro que explica los triunfos y las derrotas en el fútbol, según la economía. Fue escrito por un economista y un periodista deportivo. De ahí que los métodos de la economía se apliquen al juego.

Stefan Szymanski y Simon Kuper en su libro desmitifican, por ejemplo, la eterna excusa de “la lotería de los penales” en base a un método científico. Su principal ejemplo es la definición por penales entre Alemania y Argentina en el Mundial del 2006.

Jens Lehman, el portero alemán, entró a la definición con un ‘torpedo’ metido entre sus medias. En el papel estaba la tendencia de 7 jugadores argentinos a la hora de patear penales. De los siete jugadores, sólo dos entraron en acción. Lehman, basándose en el papel, adivinó los tiros de los dos futbolistas, Ayala y Rodríguez.

Los germanos, hasta ese momento, habían construido una base de datos con las tendencias de 13 000 lanzamientos penales. Y de paso, acabaron con el mito de la lotería de los penales.

Ser anfitrión del Mundial es mal negocio, pero aumenta los índices de felicidad de la población. Esta revelación contradice los análisis que dicen que ser el anfitrión es una bendición para la economía de un país.

La inversión que el Estado y los privados tienen que hacer para estar a la altura de los estándares FIFA es multimillonaria: estadios, caminos, aeropuertos, etc. Pero al final del evento, según ‘Soccernomics’, la balanza comercial deja números rojos. Y todo el dinero invertido no se alcanza a recuperar. ¿En qué ganan entonces los países organizadores? Felicidad.

El fútbol salva vidas

Tomando datos de un buen número de países europeos, los autores llegan a la conclusión de que menos gente se suicida durante los mundiales, incluso cuando se pierde estrepitosamente. Esto de alguna manera descarta la hipótesis de los suicidios masivos luego del Maracanazo del 50, en el que Brasil perdió la final ante Uruguay. Existen casos (y muchos) de personas que se suicidan después de una desilusión deportiva. Sin embargo, en 10 de 12 países europeos los suicidios disminuyeron justo durante un Mundial o una Eurocopa. ¿La razón? Los autores del libro dicen que es cohesión social: en la victoria (y principalmente en la derrota) los países se unen. Y el sentimiento de pertenencia aumenta.

El ‘jugador problema’ pero talentoso es buen negocio

El jugador problema, el rebelde, ese que nadie quiere, es un buen negocio, dicen los autores de ‘Soccernomics’: “Puede sonar obvio, pero la actitud general en el fútbol es decir: Pagamos mucho dinero por ti, así que anda, juega y hazlo bien, como si las enfermedades mentales o las adicciones no se dieran sobre un cierto nivel de ingreso.

¿Cuál es la gracia de contratar niños terribles? El jugador con mala reputación fuera de la cancha es más barato y, si se le ayuda de buena forma, puede revivir.

La experiencia pesa más que el número de habitantes

La leyenda dice que mientras más grande el número de habitantes de un país, más talento hay de dónde elegir para formar una selección de fútbol exitosa. Mientras más gente tenga el país, más talento existe para descubrir.

Es por eso que, cuando Chile juega con Argentina, empieza perdiendo por un décimo de gol (los argentinos nos doblan en población). Esa es la regla general, pero también hay que incluir variables como el PIB y los años de experiencia jugando al balón, o sea, la tradición futbolera que, para los autores de ‘Soccernomics’, son más decisivos que el tamaño de población.

Mantener contenta a la esposa del jugador es clave

Muchos clubes creen que, porque están pagando grandes sumas de dinero, sus jugadores tienen que rendir sí o sí. Gastan fortunas en pases y en sueldos, pero se despreocupan de algo vital: la adaptación. Y dentro de la adaptación, la mujer del futbolista juega un rol vital.

Si ella no está contenta, el futbolista tampoco. Kuper y Szymanski entregan el ejemplo del marfileño Didier Drogba en su llegada al Chelsea. Nadie en el club se preocupó de buscarle una casa ni de ayudarlo con el idioma. Drogba y su familia vivieron en un hotel y mientras él se entrenaba, su señora buscaba un lugar para vivir sin saber hablar bien en inglés.

En su primera temporada en Londres, Drogba, quien venía con fama de goleador nato al club, sólo marcó 16 goles. Ya en su tercera temporada, con mejores condiciones y una residencia más definitiva, Drogba marcó 33 goles.

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