18 de agosto de 2015 16:46

Manuela Picq quiere quedarse en Ecuador

Con un saludo en quichua, Picq inició su agradecimiento a los indígenas en el parque El Arbolito, a las 19:30, de hoy 17 de agosto. Foto: Maria Isabel Valarezo / EL COMERCIO.

Manuela Picq fue detenida en las inmediaciones de la iglesia de La Merced cuando trataba de evitar que policías retuvieran a su pareja desde hace tres años, Carlos Pérez. Foto: Maria Isabel Valarezo / EL COMERCIO.

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Mariela Rosero

Al menos 13 entrevistas telefónicas y una en un estudio de televisión ha brindado el martes 18 de agosto la periodista brasileña-francesa Manuela Picq. Su proceso de deportación fue archivado el 17 de agosto y, si bien recuperó su libertad, todavía no se siente del todo tranquila.

¿Por qué? Su futuro es una interrogante en su cabeza. No sabe exactamente qué pasará, porque es extranjera y necesita una visa para permanecer en Ecuador.

La visa 12/8, de intercambio cultural, fue revocada o cancelada el viernes 14 de agosto del 2015, el día día después de que fue detenida en las inmediaciones de la iglesia de La Merced, en el Centro Histórico de Quito, cuando trataba de evitar que policías retuvieran a su pareja desde hace tres años, Carlos Pérez Guartambel, presidente de la Ecuarunari, en la marcha indígena contra el Gobierno.

Según sus abogados, uno de los caminos para que se quede en el país es primero pedir la anulación de ese acto administrativo que le quitó la visa. Pero esa será una vía más larga, porque el 28 de este mes, es decir en 10 días, ese documento, que se renueva cada año, caducará y tendrá que volver a solicitarlo al Estado ecuatoriano.

Por eso el segundo camino que tienen en mente sus abogados es hacer que Manuela Picq pida una visa Mercosur. Esa le ofrece mayores posibilidades laborales y también dura más tiempo, más de dos años.

Por eso pasarán unos días para que ella sepa qué será de su futuro. Mientras se siente muy agradecida con los ciudadanos en general.

"A gente que no me conocía le conmocionó mi caso, se indignó con la violación de derechos humanos y se movilizó", dice Picq, a EL COMERCIO.

Su madre, Elena Ladinos, estaba muy preocupada y pendiente. Así que ayer al enterarse de que no deportaron a su hija se quedó tranquila. Sintió impotencia y deseo de que regrese a Brasil.

Pero Manuela Picq planea quedarse en Ecuador. Aquí está su pareja, Carlos Pérez, y su lucha. Llegó hace ocho años para hacer parapente en las montañas ecuatorianas y se quedó más tiempo.

Picq está muy ligada al movimiento indígena y a la Plataforma de Mujeres. A esas dos instancias, así como a los académicos que la apoyaron, les tiene mucha gratitud. Mañana en la tarde no participará de la marcha porque teme que se repita la historia. No quiere dar motivos para que vuelvan a detenerla. Necesita tramitar una nueva visa.

Tiene también la tranquilidad de sentir el respaldo de los gobiernos de Brasil y de Francia. Los cónsules de ambos países estuvieron junto a ella en el hospital, y luego manejando el tema de forma diplomática para que se le garantizara un buen trato en el albergue Carrión, para extranjeros en situación irregular. Cuenta que los delegados de ambos países estuvieron presentes en la audiencia desarrollada ayer.

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