14 de February de 2010 00:00

El futuro del celular será verde

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Redacción Tecnología
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La idea es ingeniosa. Se trata de un prototipo de    celular   diseñado para  recargarse a través de una  gaseosa.    De esta manera, la empresa Nokia busca  sustituir  la batería convencional  por una que no contamine y que genere electricidad a partir de carbohidratos (en este caso azúcar) y utilizará enzimas como catalizador.



Otros esfuerzos

El teléfono   Motorola W233 Renew  está hecho de plástico reciclado de botellas. El   empaque  de este aparato  está hecho de papel reciclado.

El modelo    Samsung F268 es el primer celular libre de retardantes de fuego basado en una sustancia llamada bromo.     

El  40% del  terminal M560 está construido con maíz. Tampoco usa retardantes.De esta manera, solo se requerirá un poco de bebida azucarada que se transforme en agua y oxígeno, hasta que se agote la última gota de la bebida.

A esta iniciativa se suman otras empresas  como Samsung con su celular Blue Earth (Tierra azul),  fabricado a partir de un plástico    reciclado llamado PCM que se obtiene de botellas plásticas de agua.

También está Naite, de Sony, que  incluye un manual digital integrado al teléfono que sustituye la versión  impresa, con lo cual se ahorra hasta un 92% en papel.

Según la publicación   PC News, este terminal está   fabricado con un 50%, de materiales reciclados. 

Para Ernesto de la Torre, decano de la Facultad de Química de la Politécnica Nacional, estos esfuerzos son importantes para reducir el impacto global del teléfono en el ambiente.

Pero, aclara, que la sustitución  a mayor escala  de  los  productos tóxicos,  integrados en  los teléfonos    tomará tiempo.

Hoy,    la mayoría de los  terminales, comercializados en el mundo, contienen una combinación de componentes, muchos de los cuales son tóxicos.

De la Torre menciona, entre otros, el cadmio, mercurio, plomo y los retardadores de llama. Estos últimos  permiten que el material resista  cuando se expone a una fuente  baja de energía, como  un fósforo, una vela o el quemador de la cocina.
 
El uso de estos elementos  no afectan directamente al usuario cuando emplea su teléfono.

El problema surge  cuando  estos equipos permanecen en los  botaderos de basura,  sin recibir ningún tratamiento previo.     

A Pablo Bonilla, PhD en Ingeniería Química y profesor de la Universidad Central, le preocupan, sobre todo, las   baterías de los celulares. Para él estas constituyen el   elemento más   contaminante del teléfono, porque    contiene sustancias altamente tóxicas como   cobalto, aluminio, acero inoxidable, cobre y otros.

Tras realizar una investigación sobre los componentes del celular, este catedrático puntualiza que el aparato también tiene elementos nocivos para el ambiente, entre ellos    algunos plásticos como poliesterieno, polietileno, poliacrilatos y  plásticos siliconados, empleados en las  teclas.

“Estos y otros materiales  no son degradables fácilmente a las condiciones ambientales;  necesitan  condiciones más extremas, como temperaturas elevadas, por ejemplo”.    

El especialista resalta el esfuerzo de muchos fabricantes para sustituir también las baterías que emplean litio. Este componente es contaminante y peligroso.     Al estar en contacto con el aire húmedo se autoinflama y puede producir quemaduras. Ahora, las investigaciones se orientan al diseño de baterías de hidrógeno o  pilas de combustible.

Punto de vista Javier Carvajal/ PhD en Ciencias Biológicas
 
El uso de la celulosa es favorable’

Es una excelente idea la de diseñar  un dispositivo que se alimente de azúcares para generar energía.  

Este desarrollo tiene relación   con un tema que he investigado. En la naturaleza se  recicla  cada año un cuatrillón de kilogramos de celulosa. La celulosa está compuesta  básicamente de azúcar.

Si fuéramos capaces de capturar toda esa celulosa y  transformarla, por ejemplo, en alcohol o en azúcar que sirva como fuente de energía para estas iniciativas de los teléfonos celulares, podríamos suplir la necesidad energética de un siglo entero. Además,  eliminaríamos por completo la necesidad del petróleo.         Este es un cálculo que realicé  en estos días en la Universidad Católica   con bases reales y  con cifras comprobadas.

Podríamos  reemplazar la energía necesaria no solo del petróleo, sino también nos quedaría una cantidad suficiente como para endulzar nuestras bebidas o para darle azúcar a una batería que esté basada en la descomposición de la glucosa.

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