8 de septiembre de 2014 10:38

Los estudiantes son los que más usan el transporte público

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Mayra Pacheco. Redactora (I)
mpacheco@elcomercio.com

Con el retorno a clases no solo varía la dinámica de las paradas de transporte público sino que se confirma una tendencia en Quito: los estudiantes son los que más usan este servicio.
Esta semana se incorporaron 859 697 alumnos a sus planteles, por lo que han sido evidentes la congestión vehicular y los cambios en los tiempos de recorrido. Esto pese a que se implementó el ingreso escalonado y se modificaron los horarios laborales de los funcionarios públicos.

El estudio es la principal causa de los desplazamientos en la capital. La Encuesta de Movilidad del Distrito Metropolitano del 2011 ya lo confirmó. Concluyó que de los 4,2 millones de viajes que se realizan en un día laborable promedio, 1,1 millones (28%) son por este motivo. Le siguen, entre otros, el trabajo y los asuntos personales.

También se estableció que 2,6 millones de viajes se hacen en transporte público, incluyendo los 398 474 que se hacen en buses escolares y de empresas. El 66% de estudiantes
(565 681) usa estos servicios.

El jueves pasado a las 06:00, en la estación El Recreo, del Trole, fue evidente el impacto que producen los viajes de los estudiantes. Jóvenes de los colegios Quito, Mejía, Borja 1, Hermano Miguel copaban las unidades que tienen capacidad para 180 pasajeros.

A pesar de que este sistema cuenta con un servicio expreso estudiantil, que parte cada 15 minutos, los menores acuden a la parada convencional, donde las unidades salen cada minuto.
A las 06:17, cerca de 37 personas esperaban el expreso, cerca de la parada del Corredor Sur Oriental. No había aglomeración. Sin embargo, otros jóvenes corrían a la plataforma principal para ingresar en el recorrido que parte hasta La Y.

Diariamente, 156 000 alumnos se desplazan en este sistema metropolitano, conformado por el Trole, Ecovía, Corredor Sur Oriental y Sur Occidental. La flota está conformada por 220 unidades.

Ángel Armijos, de 17 años, acostumbra, desde el 2008, a salir a las 05:15 de su casa en Tambillo, en Mejía, para llegar a El Tejar, donde está el Colegio Borja 1. Viaja 65 minutos; 15 más de lo que usualmente tarda cuando no está en clases.

Primero toma un bus intercantonal hasta El Recreo y luego aborda un trolebús. Cada día gasta 75 centavos en pasajes.
La mitad del viaje va sentado, durmiendo, y la otra parte de pie. Prefiere no ver la unidad repleta de pasajeros, sino divisar a través de las ventanas a la gente que, como él, debe madrugar. “Estudio en Quito, porque hay mejores colegios”, dijo.

Según el Ministerio de Educación, en Quito funcionan
1 561 planteles. De estos, 294 se concentran en el norte. El 2010 se implementó un nuevo modelo de gestión educativa para acercar las instituciones a los estudiantes, pero aún hay jóvenes como Armijos que viajan hasta una hora para ir a clases.

En el transporte urbano convencional, compuesto por 2 917 unidades, se vive una realidad similar. Hasta la semana anterior un recorrido entre Guajaló, en el sur, y La Rumiñahui, en el norte, tomaba 1 hora y 28 minutos. Era la última semana de vacaciones: el tránsito era fluido y se podía viajar sentado. En las paradas había poca afluencia de personas. Pero a partir del miércoles pasado, el panorama cambió. Las mismas unidades que pasan por Guajaló ahora transitaban repletas.

El mismo recorrido, el jueves pasado, tomó una hora y 45 minutos. En La Rumiñahui hay seis planteles: Hipatia Cárdenas Bustamante, Julio María Matovelle, Aeronáutico, Pablo Muñoz Vega, Eloy Alfaro y República de Italia.

Santiago Barahona, del Colegio Juan Pío Montúfar, abordó un bus de la Cooperativa Transplaneta en Guajaló. Se ubicó en la parte posterior y se arrimó en el área destinada para las personas con sillas de ruedas.

Este joven, de 17 años, vive en La Ecuatoriana, en el suroccidente. Camina unos 15 minutos hasta la av. Pedro Vicente Maldonado para tomar un bus. Los viajes en medios no motorizados predominan también entre los estudiantes (caminata y bicicleta). Diariamente, 187 414 recurren a estas modalidades, (les siguen las amas de casa, jubilados, funcionarios...).

Para Cristóbal Buendía, presidente del Observatorio de Movilidad Ciudadana, es necesario ordenar mejor las rutas y las frecuencias del servicio público. Hay operadoras que realizan recorridos similares.

El transporte escolar es otro medio de movilización, pero de menor escala. En el Distrito hay 4 160 unidades que transportan a 292 297 alumnos. Marjorie Bayas, de 13 años, toma uno de estos buses para ir de Guajaló a Las Casas, al Colegio Gran Colombia. Se demora 90 minutos debido a la congestión.

En el hipercentro, entre la Villa Flora y La Y, se producen 2,7 millones de viajes. Las horas más conflictivas son en la mañana.

Punto de vista
‘Hay que fomentar otros sistemas’
Fernando Carrión
Es urbanista. Trabaja como docente en la Flacso.

La quinta parte de viajes que se hace en el Distrito está vinculada a la actividad escolar. Frente a esta situación, los estudiantes deberían tratar de movilizarse lo menos posible hacia los planteles. Los menores se deberían formar en instituciones que queden cerca del barrio donde residen. Así se generarían menos desplazamientos y se aliviaría la congestión vehicular.

Actualmente funciona la distritalización de la educación (acercar los planteles a los alumnos), pero los padres de familia buscan para sus hijos planteles con prestigio, pero si se implementan cambios y se mejora la calidad educativa, se contará con más opciones.

También se pueden fomentar otros sistemas de movilización, como las bicicletas, implementar mecanismos tecnológicos para estudiar a distancia y hacer controles en las zonas donde se genera congestión en las horas de entrada o salida de los alumnos.

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