11 de October de 2014 19:29

El Ecuador es un destino apetecido para españoles que buscan empleo

Javier Córdoba trabaja de asesor del subsecretario de Educación Municipal, Juan Pablo Bustamante. Foto: EL COMERCIO

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Mariela Rosero, Gabriela
Quiroz y Arturo Torres (I)

De conquistadores a conquistados. 522 años atrás llegaron a colonizar el continente, que descubrieron por azar, hoy los españoles vienen a Ecuador seducidos por la oferta laboral y la posibilidad de crecer profesionalmente.

En cuatro años, la llegada de ciudadanos de ese país se cuadriplicó: pasó de 7 524 residentes, en el 2010, a 31 876, en este año (ver cuadro). De hecho, es el principal receptor de migrantes españoles por encima de Inglaterra, Francia, Alemania, Venezuela y Argentina, según el Instituto Nacional de Estadísticas de España (INE).

¿Por qué Ecuador? La demanda de profesionales, especialmente de docentes, médicos y científicos, requerida por el Gobierno y por el sector privado explica, en parte, este fenómeno. La otra razón tiene que ver con la falta de empleo en España.

Actualmente hay 5 millones de desempleados en la nación ibérica, incluidos miles de ecuatorianos, que emigraron desde los noventa.

Uno de los últimos españoles en llegar, hace tres meses, fue Javier Pérez. Tenía problemas para encontrar un trabajo acorde con su formación profesional: licenciado en Comunicación Social con maestría en Política. “Yo quizá podría optar por trabajar en el campo, para tener algún ingreso, pero mi intención fue ejercer lo que estudié; sobre todo, conocer otras realidades, culturas”.

Por su red de contactos supo de un concurso para ser profesor en la Universidad de las Américas. Hoy labora a tiempo completo en la escuela de Periodismo y dicta tres asignaturas. “He tenido suerte, me he adaptado rápidamente”, comenta Pérez, quien gana USD 1 800 al mes.

Hace pocas semanas rentó una habitación en La Floresta, donde viven más españoles, la mayoría profesionales. Como es usual se juntan en barrios donde están sus coterráneos. Además de este sector, en Quito, viven en La Vicentina, La Coruña, El Batán y Guápulo.

El Censo de Población del 2010 del INEC registra a la mayoría de residentes en Pichincha, seguido de Guayas y Loja.

El perfil de inmigrantes españoles cambió drásticamente los últimos cuatro años. Antes eran turistas, cooperantes y religiosos, hoy son más profesionales jóvenes. Las actividades económicas con mayor presencia de españoles en el Censo 2010 fueron: comercio, enseñanza, servicios, industria manufacturera y labores profesionales, científicas y técnicas.

Ese giro se evidencia en una mayor demanda de visas profesionales (9-V) que concede la Dirección de Migración y Extranjería de la Cancillería

En 2010 se tramitaron 156 visados de no inmigrante y una de larga duración, en el primer semestre del 2013 se tramitaron más de 1 500 de no migrante y casi 500 de larga duración, según publicó diario El País.

Miguel Pérez buscaba estabilidad laboral y hacer periodismo de calle, del día a día. Esta opción la encontró en diario La Hora. Es oriundo de Palma de Mallorca y hoy tiene 34 años, de los cuales cinco los ha vivido en Quito. “Esta es una lección de humildad que nos da la historia, los flujos (migratorios) se invierten. Aunque mis amigos españoles en Ecuador son arquitectos o ingenieros, el ecuatoriano que iba a España era camarero en hoteles... Pero somos seres humanos, el planeta no es de nadie y se va a buscar la vida donde se puede”.

Otro español que halló buen viento y buena mar al cruzar el charco es Marcos González, de 37 años. Él fundó en el 2005 la empresa Corresponsables, que sigue de cerca la responsabilidad social de firmas en varios países. El último año y medio impulsó las buenas prácticas empresariales, que se expresa en el lanzamiento de la primera edición ecuatoriana de Corresponsables 2014. “Me sorprendió que en un país tan pequeño hubiesen tantas empresas, organizaciones y personas haciendo bien las cosas (…) La venida de miles de españoles demuestra que este país está en un muy buen momento”.

Fernando Albericio, de 61 años, estaba llevando adelante una investigación de moléculas bioactivas para la industria farmacéutica, en Barcelona, cuando recibió una llamada para ser Rector de Yachay. Sin pensar mucho llegó el 31 de marzo pasado y hoy está embarcado de lleno en ubicar al Ecuador en el mapa mundial de universidades con investigación y parte de su estudio lo trasladó a este país, en donde reconoce que es muy fácil adaptarse por la lengua, las raíces comunes y aquí son amables y le facilitan la vida.

Javier Córdoba tampoco es de la generación que emigró por la debacle económica. Salió de su natal País Vasco, en el 2006, rumbo a Chile, para trabajar en la Unesco. Luego viajó a Londres y hace cinco años llegó a Unicef, en Quito. Desde febrero es asesor del subsecretario de Educación Municipal, Juan Pablo Bustamante. Hoy tiene 35 años y se considera afortunado porque aquí se ha dado el lujo de decir no a ofertas laborales. “No conozco a nadie en España que haya podido hacer lo mismo”.

Al país también llegan jubilados. Joaquín Floría, de 71 años y su esposa Patricia, guayaquileña de 57, se conocieron en Muel, a 27 km de Zaragoza, pero vinieron a Quito para evitar problemas de salud. “Ya estaba jubilado y no tuve problemas para dejar mi país. Llevamos aquí cinco años Acá predicamos, somos testigos de Jehová y no tenemos hijos...”.

Los españoles que llegan confirman que este no solo es el continente de la esperanza sino de las oportunidades.

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