20 de julio de 2015 16:28

‘El Chapo’ Guzmán, el poderoso señor de los túneles

Un policía federal observó el jueves 16 de julio de 2015, el interior del túnel por el que escapó el narcotraficante Joaquín "El Chapo" Guzmán de su celda de la cárcel Altiplano I. Foto: Alex Cruz/ EFE.

Un policía federal observó el jueves 16 de julio de 2015, el interior del túnel por el que escapó el narcotraficante Joaquín "El Chapo" Guzmán de su celda de la cárcel Altiplano I. Foto: Alex Cruz/ EFE.

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Diario El Tiempo de Colombia
Diego Alarcón
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Lupillo Rivera es un hombre conocido en México, una estrella de los corridos que suenan en los bazares y en las ferias. No es un músico de bajo perfil, en especial desde que con su álbum 'Tu esclavo' y amo ganó un premio Grammy en el 2010.

También es un artista atento al mercado: pasaron apenas 2 días desde que Joaquín Guzmán Loera –‘El Chapo’– se fugara de la cárcel de máxima seguridad de El Altiplano (municipio de Almoloya de Juárez), y la voz de Rivera ya se oía cantando El Chapo, otra fuga más, su último hit. “Vamos a ver con qué sale don Enrique Peña Nieto (el presidente mexicano). Por el aire y por el agua se han movido toneladas, un túnel muy bien pensado puede llegar a donde sea. El señor se les pasó por debajo de la tierra”, dice un estribillo.

“El señor” es Guzmán y los detalles de su escape ya son bien conocidos: salió por un túnel que desde la ducha de su celda comunicaba con una casa a 1,5 km de la cárcel, que contaba con ventilación y unos rieles en los que se desplazaba un carrito impulsado por una motocicleta. Toda una obra de alta ingeniería que servía para completar el recorrido entre el encierro y la libertad en menos de cinco minutos.

La huida no podría tener un sello más característico que el de ‘El Chapo’, para de paso poner en duda el compromiso de las autoridades y el gobierno de Peña Nieto con la justicia. Fue el más reciente golpe del ‘capo’, el bandido que solía pasarse bien escoltado en camionetas en la superficie, pero moviendo los hilos del tráfico desde abajo. Los informes de la DEA hablan del sistema de túneles que Guzmán ideó en 1990, cuando ya era un ‘narco’ consumado y con el que conectó sus fronteras con los Estados Unidos, desde Agua Prieta (Sonora) hasta Douglas (Arizona).

Los guardias fronterizos veían calma desde sus puestos de vigilancia, pero bajo tierra pasaban kilos y kilos de cocaína que el entonces cartel de Guadalajara recibía de sus socios de Cali y de Medellín. Del otro lado de la frontera, para completar el ciclo, volvían fajos de dólares.

Transitar por donde nadie pudiera ver parecía la máxima del ‘Chapo’. Una apuesta que ha mantenido por más de dos décadas, y repitió no solo en su fuga, sino incluso antes de su segunda captura, la que lo llevaría a El Altiplano. El 22 de febrero del 2014 la Marina lo atrapó en un complejo de viejos edificios en Mazatlán (Sinaloa), luego de recabar meses de inteligencia y golpes paulatinos a su estructura criminal.

El procurador general de la República (PGR), Jesús Murillo Karam, reconoció que apenas días antes de la euforia de la captura la Marina se había encontrado con varias frustraciones. Ya habían identificado las casas por las que se movía, pero cuando intentaron dar el golpe en una, se encontraron con puertas reforzadas con acero, por lo que él tuvo tiempo suficiente para escaparse por un túnel que lo conectaba con otras siete casas y que empleaba parte del alcantarillado municipal.

Hoy, la celda 20 del pasillo 2 de máxima seguridad de El Altiplano está vacía, con el orificio rectangular de 50 centímetros que sirvió para que el ‘El Chapo’ estuviera bajo tierra sin haber muerto. Atrás dejó a otros capos con los que compartía instalaciones, incluido Miguel Ángel Félix Gallardo, el ‘Padrino’, el zar de la cocaína que en los 80 lo introdujo a las grandes ligas del negocio. Guzmán vuelve a estar afuera, libre por cuenta de un operativo cinematográfico que parece gritar que sigue siendo el rey.

El hombre de la montaña

A Joaquín Archivaldo Guzmán Loera le dicen ‘El Chapo’ por su baja estatura: 1,55 metros. Aunque es su alias internacional, en México también es conocido como el ‘Hombre de la montaña’. La razón está en su pueblo de origen, Badiraguato (Sinaloa), donde nació el 4 de abril de 1957. Era el hijo de una familia pobre que desde niño comenzó a trabajar vendiendo naranjas en esta región montañosa y agrícola de México. Trabajaba también recogiendo cosechas en los cultivos cercanos, hasta que a finales de la década de los 60 en los plantíos comenzaba a llegar el rumor de que en ciertos cultivos, de ciertas plantas, la labor de recogida era mucho más rentable que en los campos de cítricos. Guzmán había estudiado solo hasta primero de bachillerato y, claro, había aprendido a sumar.

Pasó entonces a las plantaciones de marihuana y amapola, cuyos productos, al ser recogidos, cruzaban de manera ilegal la frontera con Estados Unidos. Allí, Guzmán fue encontrando los insumos para tejer su propia historia, en especial desde que Miguel Ángel Félix Gallardo, jefe del cartel de Guadalajara, le vio potencial a ese joven sin complejos. Lo hizo su chofer, lo que a la vez lo convertía en sicario. Sin aspavientos fue conduciendo a donde su jefe le ordenara y matando a quienes el ‘Padrino’ considerara.

Después de su última captura, en el 2014, la cadena Televisa, citando fuentes de seguridad federal, reveló que Guzmán reconocía que por mano propia o por órdenes suyas entre 2.000 y 3.000 personas habían sido ejecutadas. Los agentes describían a Guzmán como un hombre “tranquilo y respetuoso. Franco y carismático” y sugerían que esas características al final habían sido la clave para negociar con sus socios y ganar adeptos.

El periodista británico Malcom Beith, autor del libro biográfico The Last Narco: Hunting ‘El Chapo’, The World’s Most Wanted Drug Lord (El último narco: cazando a ‘El Chapo’, el narcotraficante más buscado) lo describe como un hombre “muy inteligente, muy calculador, que en otro universo podría haber sido presidente de una empresa multinacional”. En 2005, un informe de la Procuraduría General de México describía su perfil psicológico: “Su tenacidad es producto del sentimiento de inferioridad que le produce el factor endógeno de su baja estatura, que refleja mediante una expresión de superioridad intelectual y de ambición desmedida por el poder”.

Despiadado. Para la organización de Guadalajara parecía claro que el muchacho tenía madera. Con el tiempo, Félix Gallardo lo convirtió en lugarteniente de sus feudos y en el jefe de logística del cartel, un puesto en el que se le ocurrió la idea de construir túneles para hacerle trampa a la frontera. No obstante, la captura del ‘Padrino’ en 1989 le dio un giro a la organización, que, ya sin un líder que cohesionara los intereses, empezó a resquebrajarse.

La caída del líder fue para el cartel como si una chispa hubiera desatado un incendio en la fábrica de pólvora: los hermanos Arellano Félix, sobrinos de Félix Gallardo, se separaron para fundar el cartel de Tijuana. Amado Carrillo Fuentes, el ‘Señor de los Cielos’, sobrino de Ernesto Fonseca Carrillo –socio del ‘Padrino’– creó el cartel de Juárez. Guzmán, por su parte, aliado con otro de los lugartenientes del antiguo cartel, Héctor el ‘Güero’ Palma, con quien se había hecho compadre, dio vida finalmente al cartel de Sinaloa. Todos tenían algo en común: controlaban un sector de las rutas que llevaban la droga hacia el norte, así que tenían mucho dinero y unas ganas enormes de matarse entre sí.

La guerra fue sin cuartel por las plazas fronterizas que no tenían un control definido. Balas y atentados fueron y vinieron, a la par que el ‘Chapo’ se hacía fuerte en su feudo, pero la cooperación internacional contra el crimen lo llevó a la cárcel el 9 de junio de 1993, cuando fue detenido en Guatemala y luego fue extraditado a México. Guzmán caía, pero no su organización, que, liderada por el ‘Güero’ hasta 1995, cuando fue capturado, y por el ‘Chapo’ desde la cárcel, dicen los rumores, crecía y los corridos insinuaban que en prisión la gente de Guzmán “siguió operando, así lo ordena el señor” (El Chapo Guzmán, Los Tucanes de Tijuana).

Fueron alrededor de 8 años de encierro tras su primera captura, hasta que el 18 de enero del 2001 se fugó de la cárcel de máxima seguridad de Puente Grande (Jalisco) escondido en otro carrito, esta vez cargado de ropa sucia, que salía del penal hacia la lavandería.

Al margen de las sospechas que apuntaban a que el dinero de Guzmán había cooptado al personal de seguridad de la cárcel (las investigaciones concluirían que 71 personas participaron en el operativo, 15 funcionarios del penal incluidos), él estaba afuera de nuevo y con pocas ganas de perder el tiempo. Buscó a los hermanos Beltrán Leyva, que en Sinaloa ya habían construido otra organización de tráfico poderosa y a Ismael el ‘Mayo’ Zambada, un viejo conocido del antiguo cartel de Guadalajara. La inteligencia estadounidense bautizaría a esta nueva alianza como ‘La Federación’.

Unidos se hicieron fuertes: en Chiguagua y en Durango desplazaron al cartel de Juárez; al cartel de Tijuana, de Baja California y se enfrentaron a Los Zetas, quienes después de ser el brazo armado del cartel del Golfo habían dado un paso adelante hacia la autonomía criminal, con antiguos miembros de las fuerzas armadas en sus filas, dinero y un arsenal de armas de última tecnología.

El poder disparado del cartel se alimentaba de una diversificación del negocio que resultó natural para la mayoría de las organizaciones criminales. El ‘Chapo’ incluyó en su ‘portafolio’ sustancias como la metanfetamina y otras drogas sintéticas y de mirar solo hacia Estados Unidos giró la vista también al oriente, a Europa y Asia, donde los nuevos mercados crecían. Solo en suelo norteamericano, el Departamento de Justicia de Washington calcula que entre 1990 y el 2008 Guzmán y sus aliados contrabandearon más de 200 toneladas de cocaína por la frontera y unos 5 800 millones de dólares en efectivo.

No obstante, el negocio del narcotráfico en México ha demostrado que las alianzas son endebles. A comienzos del 2008, el Ejército capturó a Alfredo Beltrán Leyva, el ‘Mochomo’. Sus hermanos, que eran cinco en total, sospecharon de una traición del ‘Chapo’ para unificar el poder alrededor suyo y del ‘Mayo’ Zambada. La guerra estalló, más sangrienta que nunca, cuando en mayo del mismo año, Édgar Guzmán Salazar, uno de los nueve hijos del capo, de 22 años, fue emboscado en su carro en el parqueadero de un centro comercial de Culiacán. Recibió más de 500 impactos de bala. La guerra con sus exsocios le ha dejado derrotas también; la pérdida de su hijo y de su hermano, Arturo Guzmán Loera, han sido las más dolorosas. Su hermano fue asesinado en 2004, adentro de la cárcel Puente Grande.

Algunos lugareños, en un relato que bordea la leyenda, cuentan que el día del asesinato del joven Édgar no quedó en Culiacán una sola rosa roja, porque todas fueron enviadas al velorio. En otra canción, 50 mil rosas rojas, Lupillo Rivera cuenta que todas las flores fueron enviadas al hijo del ‘Señor de la Montaña’.

¿El ‘Pablo Escobar’ mexicano?

La imagen de Joaquín Guzmán ha crecido entre el mito y la realidad. Ser y haber sido el narcotraficante más buscado del mundo ha hecho aparecer historias que hablan de sus excesos, de sus excentricidades y de sus conquistas. En 1993, tras su primera captura, las autoridades mexicanas incautaron un zoológico en una de sus residencias, como lo hiciera también Pablo Escobar en los años 80 con la hacienda Nápoles. No encontraron hipopótamos, pero sí tres osos negros, tres pumas, tres tigres, dos jaguares, cuatro leones y manadas de ciervos, borregos y hasta pavos reales.

A la par que ahora la prensa recuerda las habladurías que dicen que una noche del 2008 entró a un restaurante de Durango escoltado por 100 hombres, decomisó los celulares de los asistentes y pagó todas las cuentas; las comparaciones con Escobar también abundan. Ambos, de origen humilde, llevaron ‘el negocio’ un paso adelante que sus socios y rivales, los dos se arraigaron a sus tierras (Sinaloa y Antioquia), las hicieron centro de operaciones y cooptaron sus autoridades; ambos tuvieron novias de la farándula (la última esposa de Guzmán es la exreina de belleza Emma Coronel Aispuro); y cada uno, en épocas distintas, fueron el objetivo número uno de la DEA y amasaron fortunas que superaron los 1 000 millones de dólares. De hecho, en el 2011, el ‘Chapo’ fue incluido por la revista Forbes en la lista de los hombres más ricos e influyentes del mundo, con un patrimonio cercano a esa cifra.

Sin embargo, la comparación entre los dos capos no es exacta para Malcolm Beith: “Creo que es equivocado comparar a México con Colombia. El ‘Chapo’ e Ismael el ‘Mayo’ Zambada son hombres de negocios, no quieren tomar el poder. Pablo Escobar quería tener influencia en la política”. De hecho, entre estas salvedades, como recoge la BBC, cabe anotar también que las guerras de Guzmán se ejecutaban por el control territorial de los enclaves importantes para el tráfico, ocurrían entre criminales y no declaraban a las fuerzas oficiales como objetivos militares. Escobar, en cambio, desafió al Estado en todas sus estructuras.

Lo cierto es que la historia que encarnaba Escobar se cerró con su muerte el 2 de diciembre de 1993, aunque dejó así mismo una estela mítica de canciones, documentales y programas de televisión. El ‘Chapo’ hoy sigue libre mientras el golpeado gobierno de Enrique Peña Nieto busca a los culpables de la fuga, reactiva la búsqueda con más de 10 000 policías en la tarea y revisa los más de 50 tomos que tiene su prontuario. Hasta ahora le siguen componiendo canciones y en la televisión se resumen sus cuentas pendientes. Su historia aún no tiene final. Al contrario, un nuevo capítulo acaba de empezar.

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