25 de agosto de 2019 00:00

Zoológicos monitorean el estado psicológico de la fauna

Jorge Heredia es educador ambiental y entrenador de aves en el zoológico de Quito. Allí, el experto trabaja con Toño, un ave rescatada y en observación. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO

Jorge Heredia es educador ambiental y entrenador de aves en el zoológico de Quito. Allí, el experto trabaja con Toño, un ave rescatada y en observación. Fotos: Diego Pallero/ EL COMERCIO

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Isabel Alarcón
Redactora (I)
ialarcon@elcomercio.com

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Una variedad de técnicas para estudiar la salud mental y el comportamiento de los animales son utilizadas en los zoológicos del país. Aunque la etología (psicología enfocada en la fauna) está más centrada en perros y gatos en Ecuador, grandes mamíferos y otras especies que están bajo cuidado humano deben recibir estas atenciones por parte de biólogos y veterinarios.

Andrés Ortega, director de la carrera de Medicina Veterinaria de la Universidad UTE, explica que los biólogos son quienes estudian el comportamiento animal en condiciones naturales. En cautiverio, es indispensable que las personas a cargo de la fauna y los veterinarios se capaciten en etología para evitar que los animales desarrollen estereotipias.

Cuando los animales están en un lugar que no es su hábitat natural, pueden adoptar un comportamiento anormal. Los guacamayos, por ejemplo, muchas veces tienden a sacarse las plumas, los tigrillos se empiezan a automutilar y los monos también se empiezan a rascar sin parar para liberar endorfinas y aliviar su estrés.

Ortega cuenta que en ese momento es cuando se busca un camino para eliminar estas actitudes. Para esto, se realizan estudios de comportamiento empleando mecanismos como el etograma. Esto implica anotar todas las acciones anormales que realiza el animal y buscar la razón de este comportamiento inadecuado.

Para aliviar la situaciónse pueden aplicar técnicas de enriquecimiento ambiental. Es decir, se colocan aromas para que olfatee, como lo haría en su hábitat natural. También se recomienda poner la comida en sitios altos para que el animal deba realizar un esfuerzo para conseguirla o llenar el recinto con obstáculos y distracciones.

En el zoológico de Guayllabamba, estas técnicas se han aplicado con Suro. Este es uno de los dos osos de anteojos que habitan en este centro. El animal llegó tras ser rescatado cuando era un bebé, ya que su madre murió tras ser víctima de los humanos.

Ortega dice que los osos de anteojos son una de las especies que más se estresan en cautiverio y tienden a desarrollar estereotipias, que se evidencian con los movimientos repetitivos que adopta el animal. En vida libre están acostumbrados a trepar los árboles, meterse al agua, romper madera y jugar al aire libre. Estas condiciones por lo general no son implementadas en los centros de manejo.

En el zoologico de Guayllabamba Jorge Heredia trabaja con técnicas de psicología para animales silvestres como el Aguila Pechinegra. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

En el zoologico de Guayllabamba Jorge Heredia trabaja con técnicas de psicología para animales silvestres como el Aguila Pechinegra.

Hace dos meses, el recinto de Suro fue modificado para cumplir con estas exigencias, cuando se empezó a ver cambios en la conducta de este ejemplar. Omar Morán, quien ha monitoreado este proceso con los osos en el zoológico de Quito en Guayllabamba, cuenta que se han aplicado técnicas para mejorar la estabilidad psicológica del animal y que están dando resultados.

Ahora su espacio cuenta con varias rampas y pasos elevados que permiten que el oso tenga nuevas distracciones y más movimiento. Morán dice que las evaluaciones se llevan a cabo diariamente y en un inicio se realizaron los etogramas necesarios. Ahora se evidencia que el oso está más animado y ha mejorado también su condición física. Además, se está aplicando técnicas de condicionamiento operante que tiene un fin médico.

Para no tener que anestesiar a estos animales y así evitar el riesgo que esto conlleva, se plantea la posibilidad de que los ejemplares aprendan a comer bajo ciertas condiciones y comandos. La idea es que una vez que aprendan esto, los especialistas puedan colocar el medicamento en los alimentos, sin dormir al animal.

Morán, por ejemplo, aplica esto con Suro en la zona que se encuentra detrás del recinto y que no es accesible al público. Allí realiza distintos ejercicios para que el oso se acostumbre a abrir su boca al escuchar un comando. Si lo hace correctamente, Suro recibe un premio. En el zoológico también se aplica estas técnicas con las aves rescatadas. Allí se realizan enriquecimientos, juegos de caza y dinámicas de vuelo.

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