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Sector audiovisual con incertidumbres en el futuro a corto plazo en Ecuador

En julio pasado, el COE nacional autorizó la reapertura de los cines con aforo reducido. Foto: Archivo / EL COMERCIO

En julio pasado, el COE nacional autorizó la reapertura de los cines con aforo reducido. Foto: Archivo / EL COMERCIO

En julio pasado, el COE nacional autorizó la reapertura de los cines con aforo reducido. Foto: Archivo / EL COMERCIO

Desde el sector empresarial y académico, el futuro a corto plazo del audiovisual se mira aún con incertidumbre, pero con la expectativa de estar frente a una industria con gran capacidad de adaptación.

A partir de la reapertura de los cines en Ecuador, en julio del 2020, el retorno de los espectadores a las salas ha sido bastante lento.

“Cuando se abrieron los cines, arrancamos con el 5% de los boletos que genera una película en condiciones normales. Actualmente, esa capacidad llega al 30% en Quito y 20% en Cuenca”, dice Gonzalo López, gerente de Multicines.

“El audiovisual es una de las industrias que mejor funcionó durante la pandemia. Se paró por un momento, pero inmediatamente se empezó a organizar y reactivarse con protocolos”, explica Anahí Hoeneisen, directora de la Escuela de Cine de la Universidad de Las Américas (UDLA).

La afectación económica, dice López, se mantiene entre un 80 y 70%. A escala global, las pérdidas en la industria audiovisual durante el 2020 se calculan en USD 32 000 millones, según un estudio de Omdia.

Un total de 65 películas que tenían su debut previsto en Ecuador para el 2020 se aplazaron para este año. “En principio veíamos con buenos ojos la cantidad de películas que se movieron para 2021, porque eso prometía un año lleno de mucho material”, asegura López. Para Hoeneisen, los estrenos represados evitarán que se genere un vacío en la oferta.

Ese escenario podría volver a cambiar frente a la segunda ola de la pandemia y nuevas medidas de restricción dentro y fuera de Ecuador.

Al ser el mercado más grande de exhibición, el aplazamiento de filmes en Estados Unidos termina afectando a otros países, asegura López. Programar películas de años anteriores, producciones internacionales independientes y cine local aparecen como alternativas.

Para no seguir difiriendo los estrenos, estudios como Warner Bros y Walt Disney decidieron llevar sus películas directamente al ‘streaming’.

De momento, la decisión afecta parcialmente a Ecuador, donde Disney Plus está disponible desde noviembre, mientras que HBO Max aún no aterriza en América Latina.

En ese escenario, las empresas de exhibición, menciona López, tienen el desafío de ofrecer un valor agregado a la experiencia cinematográfica a través de distintos formatos (autocine, 3D, 4D, Imax, D-Box), calidad de servicio y alimentos para mantener el interés del espectador en las diferentes salas del país.

La pandemia tomó por sorpresa a los premios y festivales de cine. En Ecuador, la mayoría de encuentros adoptó un formato virtual. A inicios de diciembre, por ejemplo, el Eurocine apostó por una programación más presencial.

Para Hoeneisen, cada modalidad tiene pros y contras. El aforo reducido de las salas limita el número de espectadores, mientras que las funciones virtuales llegan a más gente.

Eso sucedió con la quinta edición del Festival Internacional de Cine de Quito, que tuvo una programación virtual. La edición 2020 tuvo casi el doble de público con la mitad de días de programación.

Para este año, una modalidad mixta es una opción válida para un festival, pues permite adaptarse a la coyuntura, marcada por la emergencia sanitaria, provocada por nuevo coronavirus.

La producción de cine es otro sector que deberá adaptarse. Mientras que la implementación de protocolos de bioseguridad implica un gasto adicional, la reducción de equipos de trabajo para evitar aglomeraciones significa una mayor carga laboral y un mayor tiempo de producción.

“El audiovisual es un área que se adapta rápidamente y está acostumbrada a los cambios radicales en cuanto a la producción, distribución y exhibición”, asegura la cineasta.

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