2 de enero de 2020 00:00

‘Lugares inquietantes’ indaga en lo femenino

Ericka Olivares exhibe desde acuarelas hasta instalación. Fotos: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

Ericka Olivares exhibe desde acuarelas hasta instalación. Fotos: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

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Alexander García
Redactor
agarciav@elcomercio.com (I)

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Las fotografías en blanco y negro de Sophía Forneris dan cuenta de una marcha feminista en Estados Unidos. La moda o el tipo de reivindicaciones de las pancartas llevan a pensar que algunas son imágenes de los años 60 o 70.

Pero las fotos fueron tomadas en Nueva York en el 2016, en una de las manifestaciones que según la artista desencadenaron “la cuarta ola del feminismo”.

La serie de ocho fotos y sus copias desperdigadas en un muro integran ‘Dante’s Décimo Círculo: Limbo Revolucionario’. La obra sugiere que las almas feministas han caído en el limbo de los círculos del infierno de la ‘Divina Comedia’.

“Son almas de mujeres cansadas de demandar lo que sus madres reclamaron en los 60”, dice Forneris. “Hemos llegado un punto en el que parece que no hay diferencia. Ni siquiera podemos alcanzar consensos entre las mujeres y hay tantas voces, que hemos perdido el núcleo para lograr un cambio”.

Sophía Forneris presenta una serie de fotografías sobre la cuarta ola del feminismo.

Sophía Forneris presenta una serie de fotografías sobre la cuarta ola del feminismo.

La muestra ‘Lugares inquietantes’ del Museo Antropológico y de Arte Contemporáneo (MAAC) reúne visiones sobre lo femenino de cuatro artistas ecuatorianas. Pamela Hurtado, Katya Cazar y Ericka Olivares complementan la exhibición curada por la escultora Larissa Marangoni.

Hurtado exhibe ocho luminosos óleos de la serie ‘Jardines desordenados’, planos cercanos de la vegetación de su jardín, a menudo de la propia maleza, cuyos diseños y belleza redescubre en su pintura.

Pamela Hurtado expone ocho pinturas en las que retrata de cerca la maleza de su jardín.

Pamela Hurtado expone ocho pinturas en las que retrata de cerca la maleza de su jardín.

El microuniverso de lo doméstico, poblado de afectos y memorias, también de un tono fantasmal y desolador, como en “una arqueología del desastre”, marca las obras de Olivares y Cazar. Fotos, acuarelas, collages, videos e instalaciones integran la obra de Olivares, que inició fotografiando espacios caseros de 52 casas.

Cajones de cómodas dispuestos boca abajo sobresalen de un muro; contienen antiguas fotos, vírgenes y angelitos de cerámica, recuerdos de cumpleaños, bodas y bautizos.

Los objetos personales, “adquiridos en mercaditos informales de Guayaquil”, son solo visibles a través del reflejo de espejos dispuestos en el suelo.

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