7 de diciembre de 2018 00:00

Los ritmos tradicionales de los yumbos y abagos se investigan en Cotacachi

Los estudiantes y profesores del Instituto Luis Ulpiano de la Torre, de Cotacachi, realizan un estudio que aporte a revitalizar la música de los yumbos y abagos. Foto: Álvaro Pineda para EL COMERCIO.

Los estudiantes y profesores del Instituto Luis Ulpiano de la Torre, de Cotacachi, realizan un estudio que aporte a revitalizar la música de los yumbos y abagos. Foto: Álvaro Pineda para EL COMERCIO.

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José Luis Rosales
Redactor
(F-Contenido intercultural)

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Los movimientos del corazón se asemejan al compás del ritmo del yumbo, considera Blanca Farinango, estudiante del Instituto Tecnológico Superior Luis Ulpiano de La Torre, de Cotacachi, Imbabura.

Ese género musical, de origen prehispánico, tiene un compás de seis octavos, explica, mientras con su mano derecha golpetea su pecho simulando los latidos y la música.

La joven indígena lidera una de las agrupaciones estudiantiles que investiga sobre los ritmos tradicionales de la región. Por eso a más del yumbo también se interesaron por la danza de los abagos.

Se trata de personajes que aparecían en la celebración religiosa de Corpus Christi. Pero, inicialmente lo hacían en la conmemoración del Inti Raymi o Fiesta del Sol, considerada la más solemne del año.

Las expresiones más representativas de yumbos y abagos se escenificaban en las comunas de Cumbas Conde y Chilcapamba, señala.

Con pallas, una especie de rondador pequeño, y el tamboril, los músicos interpretan canciones como Karupi Purina (Paso Largo, en español) y Urku Kayac (Invocar al Cerro).

“Los jóvenes son custodios de su música y tienen muy clara su cosmovisión”, considera Israel Muñoz, docente del plantel de educación superior.

Sin embargo, la academia también imparte diferentes géneros, entre tradicionales y contemporáneos, para desarrollar las destrezas.

Otro ritmo ancestral es la Bomba, originaria de los afroecuatorianos del valle del Chota. Muñoz afirma que este género también se cultiva en el valle de Íntag, en Cotacachi.

Cada una tiene su particularidad, señala el docente. Lo más tradicional de la música del Chota es la Banda Mocha, cuyos intérpretes usan elementos de la naturaleza como instrumentos. Entre ellos las hojas de naranjo que al soplarlo en filo emite un sonido parecido al clarinete y calabaza permiten un eco grave.

En Íntag, en cambio, resalta la Banda de Peñaherrera, que tiene 110 años de historia. Tocan la Bomba, pero utilizan instrumentos tradicionales.

En la denominada Feria de Saberes, Ciencia y Tecnología, que se desarrolló en la capital imbabureña el miércoles último, los nuevos artistas mostraron el rescate de los géneros antiguos.

Es interesante ver cómo los saberes de los pueblos se integran a los nuevas tendencias, comenta Jesús Aranguren, director de Ciencia, Tecnología, Innovación y Saberes Ancestrales del Senescyt Zona 1 y 2.

En octubre pasado se realizó otro encuentro. La finalidad fue revalorizar conocimientos ancestrales donde se integre la academia y el Estado.
En la cita también se presentó el libro Sembrando vida y cultura. La obra recoge la experiencia la comuna Fakcha Llacta, de Otavalo.

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