30 de septiembre de 2018 00:00

Carchi: Un hogar para dos anfibios

Las comunidades de Chinambí y San Jacinto son un área de conservación y uso sustentable de esta provincia fronteriza. El fin es conservar el recurso hídrico y proteger dos especies de ranas.

Las comunidades de Chinambí y San Jacinto son un área de conservación y uso sustentable de esta provincia fronteriza. El fin es conservar el recurso hídrico y proteger dos especies de ranas.

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José Luis Rosales
Redactor
jlrosales@elcomercio.com
(F-Contenido Intercultural)

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La microcuenca del río Chinambí, localizada en el noroccidente de la provincia del Carchi, es el hogar de dos especies de anfibios: Atelopus coynei y Atelopus sp. aff. longirostris.

Estas dos variedades de ranas, que son de la misma familia, están consideradas en peligro de extinción, de acuerdo con la lista roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

Patricia Guanga, habitante de la comunidad de San Jacinto, cantón Mira, las conoce porque las ha mirado cuando sale a realizar actividades en el campo. Una es de color café con amarillo. La otra verde con café. Su importancia radica en que son únicas.

Antes, Guanga no les daba mayor importancia. Ahora, en cambio, sabe que su presencia en los bosques -subtropicales y templados, cuyo rango de altitud fluctúa entre los 1 000 y 3 000 metros sobre el nivel del mar- es un indicador de la situación de una cuenca.

Los bosques subtropicales y templados son el medio ideal para las variedades de anfibios.

Los bosques subtropicales y templados son el medio ideal para las variedades de anfibios.


La presencia de estos escurridizos anfibios dio una inusual importancia a Chinambí y San Jacinto, comunidades habitadas por afrodescendientes, indígenas awás y mestizos.

El Proyecto de Conservación de la Biodiversidad de Anfibios Ecuatorianos y Uso Sostenible de sus Recursos Genéticos se extendió a esta zona del país. Pero paralelamente este plan investiga otras variedades de anfibios en Guayas y en Azuay.


En Carchi, como una estrategia para salvaguardar el recurso hídrico y a estas especies, la Prefectura declaró a estas parcialidades como Área de Conservación y Uso Sustentable Provincial (ACUS Chinambí). La Ordenanza Provincial 020 se emitió en septiembre del año anterior.

La zona protegida abarca una superficie de 4 261 hectáreas. La mayoría son predios de propiedad de los comuneros de la parroquia Jacinto Jijón y Caamaño, en Mira.

Chinambí posee una diversidad de flora y fauna. Se estima que hay unas 100 especies de mariposas.

Chinambí posee una diversidad de flora y fauna. Se estima que hay unas 100 especies de mariposas.


El 71% de este territorio está cubierto por vegetación nativa. En la zona hay tres tipos de ecosistemas: bosque siempre verde montano bajo, montano y pie montano, que son propios de las montañas de la cordillera de Los Andes, que atraviesa esta zona occidental.

El ACUS Chinambí promueve, entre los vecinos de la ­zona, la utilización sostenible de los recursos naturales, explica Jonhatan Tapia, técnico del proyecto de conservación, que trabaja con el apoyo del ­Programa de las Na­ciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y GEF.

Los habitantes de San Jacinto y Chinambí obtienen el agua para  consumo humano del río Chinambí y sus afluentes. Por eso apoyan su conservación.

Los habitantes de San Jacinto y Chinambí obtienen el agua para consumo humano del río Chinambí y sus afluentes. Por eso apoyan su conservación.


Uno de los nativos del sector, Manuel González Arce, campesino afro, elaboró un plan de manejo. Su objetivo es proteger el ambiente y no afectar a sus vecinos.


En marzo pasado se organizó un día de campo entre los vecinos, para avistar las ranas. Patricia Guanga comentaba, con una sonrisa, que ese día precisamente no vio a ninguna.

Según datos del Plan de Manejo Ambiental, los últimos registros visuales en la zona fueron hechos hace 20 años.

Durante los tres últimos años, técnicos del proyecto han realizado monitoreo biológico. Ahora se investigará sobre las moléculas de las ranas y sus propiedades.

Durante los tres últimos años, técnicos del proyecto han realizado monitoreo biológico. Ahora se investigará sobre las moléculas de las ranas y sus propiedades.


El biólogo Daniel Padilla es uno de los que más las conoce. Ha realizado un seguimiento los dos últimos años. Eso le ha permitido establecer que las manchas que una rana posee en el dorso no se parecen a las de otras. Son únicas, como la huella de un dedo en la especie humana.

Explica que la variedadAtelopus coynei se ha localizado en bosques de Santo Domingo de los Tsáchilas, Pichincha y Esmeraldas. Mientras tanto, se realiza un estudio molecular para determinar si la denominada Atelopus sp. aff. longirostris es una especie nueva.

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