La noticia

“Desde las cavidades del subsuelo, desde las bodegas y desde las alcantarillas, subían las ratas en largas filas titubeantes para venir a tambalearse a la luz, girar sobre sí mismas y morir junto a los seres humanos”, narra Camus.

La pandemia que nos abruma no ofrece tal espectáculo atroz, pero no nos libera del virus invisible de esta plaga universal, que en América dejará aún miles de víctimas, y vaciará los corazones del sueño de nuestra antigua libertad, porque no aprendimos a temer la presencia de lo invisible. Las ratas agonizantes pudieron olvidarse en cuanto su muerte cedió el lugar a la de los hombres, pero nosotros no podremos olvidar este virus sin piel, que permanecerá.

Nos ayudan los avances científicos, la esperanza del progreso en el descubrimiento de la vacuna, la comunicación universal: si el covid-19 llegó a mostrarnos que vivimos amenazados, nos ha permitido también luchar entre todos, como ocurre hoy contra esta enfermedad; aun en el aislamiento a que la mayoría nos hemos sometido para no infectarnos ni infectar, tenemos la sensación de que no estamos solos, aunque la erradicación de las más antiguas plagas siga siendo, en gran parte, una ilusión.

Quiero, por una vez, alabar a los temidos dirigentes del autoritario régimen chino, por la doble e inesperada noticia que entrega Rafael Urriola, consultor chileno en economía de la salud: “La decisión del gobierno chino de declarar bien público universal a cualquier vacuna contra el covid-19 que sea creada en ese país, y su oferta de 2 mil millones de dólares a los países de menor desarrollo para enfrentar la pandemia, verdadero jaque a todas las potencias económicas y sanitarias mundiales”. Según Urriola, esta oferta permitirá que los países más pobres adquieran la vacuna a un precio mucho más bajo del que esperan obtener laboratorios privados. Emmanuel Macron, el presidente francés, no podrá cumplir con su deseo explicitado contra el laboratorio francés Sanofi: «La vacuna contra el coronavirus será un bien público fuera del mercado», pues el mercado es la ley y domina la vida de propios y ajenos. Asi, sigue el consultor chileno, ‘El efecto colateral que tiene esta definición china es que los países europeos y EE.UU. nada pueden asegurar sobre un bien de tanta importancia para la humanidad como esta vacuna, porque la ideología conservadora/neoliberal les impide tomar decisiones que afecten la propiedad y las empresas’.

Respecto de la promesa de entregar dos mil millones de dólares a países pobres, esperamos, no sin ponderar la alegría del golpe ejemplar que significan estas dos ofertas contra la política del poderosamente mediocre Donald Trump, que quiere basar su reelección en culpar a China del covid-19 y en anunciar cada día sus intenciones de aislar a los Estados Unidos de la convivencia universal para mantenerlo ‘grande’. A esta luz, concienciemos la trascendencia de una pregunta del director de cine japonés Hirokazu Kore-eda: ¿no es “el ser humano el virus del planeta Tierra”?