Jorge G. León Trujillo

Mujer a la casa

valore
Descrición
Indignado 0
Triste 0
Indiferente 0
Sorprendido 0
Contento 0
Martes 25 de octubre 2011
25 de October de 2011 00:01

Uno de los grandes conflictos sociales modernos ha sido el de cambiar el lugar, roles, que la mujer ocupó en la sociedad. Nada simple. La naturaleza con la maternidad la encerró en el ámbito doméstico, mientras al hombre como proveedor- protector le legitimó en el ámbito público. La lucha social de generaciones fue lograr que la mujer gane espacio público, se desenclave de la vida doméstica y el hombre aprenda sus responsabilidades domésticas. Milenios de historia están ahí en juego. La disputa es crear condiciones para que la mujer no se circunscriba a lo doméstico y, de hacerlo, sea por decisión y no por fatalidad.

La tradición conservadora buscó limitar que salga a trabajar fuera de casa; las primeras profesoras fueron apedreadas en Quito, acusadas de destruir a la familia; o ante lo imparable, quiso limitarla a tareas que sean simple prolongación de las domésticas (cuidados diversos..), finalmente buscó regresarla rápidamente a casa. El PSC quiso hacerlo con un retiro anticipado, idea que ahora regresa con razones diferentes y otras concordantes, a pesar de sus orígenes contrapuestos.

En las crisis, las mujeres son las primeras en perder empleo. La posibilidad de acogerse voluntariamente a la jubilación anticipada será un excelente pretexto para que, con buena conciencia, se presione a que la mujer se jubile estando en su posible tiempo de trabajo creativo.

Parece justificable pensar que tener dos o tres jornadas de trabajo cansaría, físicamente, pero esas jornadas más bien vivifican ánimos y mentes; lo demuestran las mujeres lideresas. El eventual cansancio físico no ha impedido que las mujeres vivan más tiempo y en mejores condiciones que ellos. Pero aún en caso de agotamiento prematuro, la salida no es regresar tempranamente la mujer al ámbito doméstico. No es la intención de las proponentes del retiro anticipado voluntario, pero ponen otra vez a la mujer en condiciones de menor competencia ante el hombre. Es la imagen que queda. La mujer no sería una buena inversión laboral; quedaría con el estigma que ella está en el trabajo por azar o de transido, cuando el feminismo buscó que sea actora a tiempo completo, compita para cualquier puesto, haga suyas carreras que requieren dedicación, voluntad y capacidades complejas en una larga acumulación de experiencia.

Los hombres tendrían un buen justificativo para seguir escapándose de sus responsabilidades domésticas, ya que resultaría casi normal que la mujer regrese a casa lo más pronto, al salir temprano del mercado de trabajo. En la sociedad ya estaría marcado que la mujer puede dejar el mercado antes que el hombre. Y se ratificaría que el hombre asume mejor el trabajo extra doméstico.

No siempre la protección tiene positivas consecuencias y se corre gran riesgo al dar justificativos al contendor del cambio en un tema tan álgido.