2 de October de 2011 00:08

MIRAR HACIA ADELANTE

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La suma de tensiones y desacuerdos que compone el día a día de una nación debe dejar lecciones y hondas reflexiones que sirvan para mejorar la vida. El 30 de septiembre de 2010 el Ecuador vivió momentos de gran zozobra que dejaron un saldo luctuoso. Más allá de los destrozos materiales, el dolor de las vidas perdidas y la sangre derramada inútilmente, así como la quiebra institucional, mostraron las falencias de una sociedad que ha vivido en medio de la confrontación verbal, donde la búsqueda de consensos parece no ser prioritaria para la dirigencia política.

Con la sublevación policial quedó en evidencia que la capacidad de encontrar acuerdos es deficiente. Un año después, las heridas no se han cerrado y la reorganización policial es un imperativo, máxime si se tiene noción de la importancia de una Policía profesional, preparada y consciente para afrontar el terrible azote de la delincuencia y el crimen organizado que amenazan la estabilidad de la sociedad toda.

Desde el poder político la lección terrible de aquel jueves no fue asimilada con madurez ni sensibilidad. La confrontación y el discurso altisonante fueron la respuesta constante ante las demandas de la sociedad que merecen reflexión, tolerancia, respeto a las instituciones y las personas.

Ahora, cuando se emprende una reorganización de la justicia con una innegable injerencia del poder político, propiciar para los hechos del 30 de septiembre un seguimiento sosegado de los procesos sin presiones es el camino que puede garantizar que los superemos colectivamente.

Es menester comprender con claridad y sentido de patria que la venganza no es justicia y que la convivencia y el bien común de todos están por encima de los proyectos que dividen, así como de odios y obsesiones temporales.

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