Juan Cuvi

Del aborto

valore
Descrición
Indignado 0
Triste 0
Indiferente 0
Sorprendido 0
Contento 0
Sábado 21 de julio 2012
21 de July de 2012 00:01

El tema del aborto ha estado plagado de enorme polémica. Y de no poca hipocresía. En los años 60 y 70, las mujeres adineradas de Francia y España viajaban a Suiza, Holanda e Inglaterra a practicarse abortos legales, porque no lo podían hacer en sus respectivos países. Mientras tanto, sus homólogas pobres estaban obligadas a recurrir a las ofertas clandestinas. Algo parecido a lo que, según señaló recientemente una asambleísta del oficialismo, ocurre en nuestro país entre quienes van a Miami y quienes están obligadas a recurrir a medios denigrantes.

Durante muchos años Europa fue el centro mundial del debate alrededor de la despenalización del aborto. De la justificación terapéutica inicial, poco a poco las demandas sociales –particularmente de las mujeres– exigieron una mayor flexibilidad. En ningún país europeo la sociedad ha aceptado medidas regresivas al respecto, ni siquiera en aquellos donde la Iglesia Católica mantiene una fuerte influencia.

La experiencia francesa es paradigmática. En diciembre de 1974, la Asamblea aprobó la ley de despenalización del aborto con el apoyo decidido del Gobierno de turno. Lo sorprendente es que, en ese momento, era presidente Valéry Giscard D’Estaing, católico practicante y conspicuo representante de la derecha. En sus memorias relata un episodio que debería ser elevado a cátedra sobre lo que significa asumir la condición de estadista en una República moderna. Frente a lo que él sintió como una reprobación por parte de los papas Paulo VI y Juan Pablo II, respondió: “Yo soy católico, pero soy Presidente de un Estado laico. Yo no puedo imponer mis convicciones personales a mis ciudadanos, sino velar porque la ley se corresponda con el estado real de la sociedad francesa, para que dicha ley pueda ser respetada y aplicada. Yo comprendo el punto de vista de la Iglesia Católica, y como cristiano la comparto. Juzgo legítimo que la Iglesia demande a los que practican su fe que respeten ciertas prescripciones. Pero la ley civil debe ser compatible con el estado real de la sociedad. No se trataba de aprobar el aborto, sino de transferir a la responsabilidad individual una parte de lo que era, hasta entonces, la ley colectiva. Cada uno debería respetar los imperativos de su conciencia o de su fe, pero no decidir por los demás”. Se le entregó a la sociedad, y a la esfera de la política, una decisión que estuvo demasiado tiempo confiscada por el fundamentalismo religioso.

En nuestro país, al contrario, el dogmatismo teológico con que Correa y un grupo de jerarcas de AP acaban de clausurar el debate sobre el aborto los coloca, en términos ideológicos, a la derecha de la derecha francesa de los años 70. Y en términos civiles, en las etapas previas a nuestra Revolución Liberal.