Diego Araujo Sánchez

Violencia y ceguera

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Martes 08 de octubre 2019

Mientras en entrevista complaciente a Nicolás Maduro para el canal ruso de televisión el ex presidente Correa comenta que, en ese país, continúa el modelo rentista pues el Estado regala la gasolina y sugiere ajustar los precios, en declaraciones políticas sobre las medidas anunciadas por el gobierno del Ecuador llamó a sacar a Lenin Moreno de la Presidencia. Antes, cuando ejercía el poder, había reconocido que los subsidios a los combustibles benefician a los más ricos.

Sin embargo uno de los fidelísimos militantes del ex mandatario, como caja de resonancia, planteó el dilema para el grupo de la “revolución” ciudadana: se va el “paquetazo” o se va Moreno; y una señora de nada grata recordación cuando fungió como presidenta de una Asamblea sumisa al Ejecutivo, se unió ahora al trío al llamar a la actual Legislatura a destituir al mandatario y convocar a elecciones anticipadas.

La memoria política sufre de repentinas amnesias; pero no como para desconocer que la dura pero necesaria decisión de suprimir el subsidio a las gasolinas y el diésel, se la adopta en buena medida para corregir el descalabro económico en el que sumió al país el economista Correa. La mesa no quedó servida, sino sin vajilla, cubiertos ni manteles. Porque ¿dicen alguna palabra de las megaobras mal hechas y con sobreprecios, los contratos asignados a empresas nacionales y extranjeras que entregaron aportes para las campañas electorales de Alianza País, las ventas de petróleo, entre otros múltiples casos de la corrupción de la década? No. Antes votan en contra de la incautación de los bienes de esos robos. ¡Y Correa habla de la crisis moral que ahora vive el Ecuador!

Una gran irracionalidad se ha visto en estos días, con el vandalismo alentado por evidentes intereses políticos que buscan sembrar el caos y la reacción represiva de las Fuerza Pública, el oportunismo y la irresponsabilidad de ciertas figuras públicas, la poca capacidad del régimen para explicar sus medidas y desvanecer los cálculos mentirosos de una desbocada subida de precios con el esperado aumento de las tarifas del transporte.

Los dirigentes indígenas rechazan la eliminación de subsidios, repiten un discurso desgastado y lugares comunes contra el FMI y el neoliberalismo, pero no se conoce alternativa viable que propongan para enfrentar la crítica situación de la economía.

¿Quién piensa en el país, más allá de la inmediata coyuntura y los intereses electorales? ¿Qué Ecuador queremos para mediados del siglo XXI? ¿Hay una propuesta colectiva para ese país? ¿Hay un sueño común que nos una y convoque? Lo que percibimos ahora es división y violencia, incapacidad para los acuerdos y el diálogo, una ceguera total. ¿A quién beneficia el caos? Es momento de reclamar cordura.