Ileana Almeida

El Pase del Niño, paso del sol

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Sábado 29 de diciembre 2018

En el Tahuantinsuyo, igual que en otras civilizaciones antiguas, el halcón estaba ligado al cielo y a la luz solar. Para los incas siempre implicó el recuerdo sagrado de sus antepasados.
Pero las religiones no son estáticas, se desarrollan por etapas. Wira Kocha fue el dios creador en gran parte del Tahuantinsuyo. Expresaba la fuerza creadora de dos materias en equilibrio: el agua en reposo y la espuma: “la humedad y el semen”. Wira Kocha envejeció y desapareció en el océano, de acuerdo al cronista Juan de Betanzos.

El progreso de las fuerzas productivas demanda la organización de un Estado, y con ello el advenimiento de un dios más poderoso, en este caso Inti (el Sol) que desplazó a Wira Kocha y cuya autoridad fue proclamada por los altos sacerdotes del imperio.

El Inca Pachacuti, bisabuelo de Atahualpa, reimplantó la divinidad primitiva -el Inti-, reconstruyó su templo, instauró un nuevo orden social y una nueva estructura de poder. La ley se personificó en el dios Sol y la gente debió someterse a sus poderes. Wira Kocha autoriza, Inti prohibe; Wira Kocha da modelos, Inti, reglas; Wira Kocha refleja las costumbres, Inti impone la ley.

El Sol era el dios supremo, dueño y creador de las vidas y ceremonias de la tierra. A él y a sus hijos, los soberanos Incas, se les ofrecía rituales como el Capac Raymi, que se celebra el 21 de diciembre (solsticio boreal) luego refundida con la Navidad cristiana.

Pero no es fácil terminar con la memoria colectiva ancestral. El Pase del Niño equivale a una representación del paso del sol por el cielo de la Tumibamba incaica en el día más corto del año. De ahí en adelante se irá acrecentando la duración de la luz diurna; el amanecer es el inicio del día, el Sol se encarna en un infante divino, tal cual el Dionisos griego.

En el Pase del Niño se advierten símbolos que son la esencia de la fiesta y que solo se comprenden en el contexto de la cultura quechua-inca. La imagen del Niño con su aureola de rayos brillantes no solo alude al humilde vástago de Belén: representa al Sol en la hora del alba. El cuadrado que enmarca la imagen del Niño no responde a la cosmovisión occidental sino a la quechua. El vestido blanco simboliza el brillo del sol, lo cual no es una convención cristiana. El Niño cristiano no recorre el cielo como lo hace el astro solar.

La música indígena es pentafónica, tiene dos tonos menos que la escala europea. La comida típica del austro ecuatoriano incluye el cuy y el mote, platos quichuas. La bebida es la asua, licor sagrado de maíz. Las danzas entretejen coreografías andinas y no europeas. Las ofrendas significan fertilidad, como las jóvenes que llevan niños pegados a su seno. Los vestidos con sus colores del arco Iris son quechuas por excelencia.