11 de septiembre de 2020 17:58

Osaka y Azarenka, dos estrellas diferentes, en pugna por el US Open

Victoria Azarenka  jugará la final del US Open 2020. Foto: AFP

Victoria Azarenka jugará la final del US Open 2020. Foto: AFP

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Agencia AFP

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De un lado Naomi Osaka y su recobrada combatividad, impulsada ahora por su rol de activista, y del otro Victoria Azarenka y su disfrute del tenis después de una travesía en el desierto: la final femenina del Abierto de Estados Unidos se presenta tan emocionante como incierta.

Tanto la japonesa Osaka, de 22 años, como la bielorrusa Azarenka, de 31, aspiran a alzar el sábado el tercer título de Grand Slam de sus carreras frente a las gradas vacías de la pista Arthur Ashe, en Flushing Meadows.

En una batalla entre una estrella emergente y una veterana rejuvenecida, Osaka podría conquistar su tercera corona 'Major' desde su victoria en el US Open de 2018 mientras que para Azarenka sería la primera desde 2013.

Estas dos ex número uno mundiales ya debieron enfrentarse el 29 de agosto en la final del torneo Premier de Cincinnati pero la japonesa se retiró antes por problemas físicos.

"Estoy segura de que esta vez podremos jugar y será una final increíble", dijo Azarenka. "Ella es una jugadora muy poderosa, una gran campeona. Ya ha ganado dos (Grand Slams). ¿No estamos las dos buscando el tercero? Será divertido".

Osaka, cuyo perfil crece rápidamente con la combinación de su talentoso tenis y su apoyo al movimiento 'Black Lives Matter', cree estar mejor preparada que cuando sorprendió a Serena Williams en la convulsa final del US Open de 2018.

"Siento que mi mentalidad es muy diferente esta vez", afirmó Osaka tras vencer en la semifinal a la estadounidense Jennifer Brady en tres competidos sets.

"Siento que he aprendido mucho a través de mis altos y bajos (...) Diría que mentalmente me siento más fuerte. Me siento más en forma ahora", señaló.

Esta tenista, hija de padre haitiano y madre japonesa, llegó a Flushing Meadows con siete mascarillas con nombres de víctimas emblemáticas de la violencia contra población negra y dijo que quería mostrar una en cada partido hasta la final.

Con buena parte del deporte estadounidense movilizado contra el racismo, la ganadora del Abierto de Australia de 2019 ha puesto su parte reivindicando en la pista a Breonna Taylor, Elijah McClain, Ahmaud Arbery, Trayvon Martin, George Floyd y Philando Castile.

"Creo que es un factor de motivación muy grande para mí intentar dar a conocer estos nombres a tanta gente como pueda", expresó.

"Más divertido"

Por su parte, Azarenka llega a la final rebosante de confianza después de ganar remontando un set a su antigua rival y amiga Serena Williams, acabando con la superioridad que durante años tuvo sobre ella la estadounidense.

Williams la venció en dos dolorosas finales seguidas del US Open en 2012 y 2013, la última vez que Azarenka estuvo a ese nivel en un Grand Slam.

Las derrotas ante Serena llegaron en los dos mejores años de la carrera de la bielorrusa, en los que hizo doblete en el Abierto de Australia.

Después llegaron años muy difíciles. Las lesiones la maltrataron en 2014 y 2015 y, luego de su maternidad en 2016, una disputa por la custodia de su hijo afectó su retorno al circuito.

Tras el parón del tenis por el coronavirus, cuando pocos la esperaban, Azarenka está asombrando en Nueva York con un juego y una actitud transformados.

Sin que nadie la haya batido aún, la bielorrusa levantó el torneo de Cincinnati y llegó a la final del US Open donde, si derrota a Osaka, se convertirá en la cuarta tenista en ganar un Grand Slam de la era Open después de tener hijos, tras Kim Clijsters, Margaret Court y Evonne Goolagong.

Preguntada por las razones de su renacimiento deportivo, Azarenka dijo que la maternidad le ha traído una filosofía de vida diferente, en la que puede por fin disfrutar del tenis porque ya no es su máxima prioridad.

También reconoció que le motivaron las pocas expectativas que levantó su presencia en el US Open, donde llegó sin ser cabeza de serie.

"Mentalmente estoy en un lugar tan diferente. Creo que hace siete años, después de que gané el Abierto de Australia... era algo esperado que estuviera en la final", recordó. "No fue el caso este año. Este año se siente más divertido, más satisfactorio, más agradable para mí".

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