29 de mayo de 2018 16:29

Jorge Sampaoli, el DT calvo y gritón que bajó de un árbol para llegar al Mundial 

Jorge Sampaoli, técnico de Argentina. Foto: Alejandro Pagni/ AFP

Jorge Sampaoli, técnico de Argentina. Foto: Alejandro Pagni/ AFP

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Agencia AFP

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Jorge Sampaoli es un tipo medio raro, excéntrico, transgresor e impredecible, pero más argentino que el dulce de leche. Un día bajó de un árbol e inició una carrera que lo llevó a ser el DT de la Argentina de Lionel Messi en el Mundial de Rusia 2018.

Hace 23 años, 'Sampa' o 'El zurdo', como lo apodan, estaba sentado en una rama alta. Desde allí miraba el partido de sus dirigidos de Alumni, un equipo aficionado del pequeño pueblo de Arequito. Era un encuentro por la Liga de Casilda, su ciudad natal en la pampa húmeda (centro).

Lo habían echado en el partido anterior por protestar ampulosamente a un árbitro. No podía entrar a la cancha. “Era un loco, bah”, dicen los referís del pueblo. Lo expulsaban cada dos por tres.

“Al Zurdo no le gusta perder ni a la bolita (canicas). Yo estuve peleado 10 años con él a pesar de que somos concuñados” , relata Mario Bonavera. Fue su DT en Alumni. Sampaoli colgó los botines a los 19 años por una lesión.

Como no había tribunas aquella tarde, gritaba indicaciones desde el árbol. Un fotógrafo del diario La Capital de Rosario, ciudad natal de Lionel Messi, capturó esa imagen.

Un dirigente de Newell's vio la foto en el diario. Le encantó la pasión del 'loco del árbol'. Y le ofreció dirigir a Argentino de Rosario, una filial de la segunda división. Fue el salto al fútbol profesional del hombrecillo calvo y gritón. Pero su fama llegó de afuera.

Lo aburren los libros
Fue DT de clubes en Perú, Chile y Ecuador. Ganó títulos. Pero con él Chile conquistó su primer trofeo grande en la historia: la Copa América 2015.

En 2017 dirigía a Sevilla de España. Lo fue a contratar desesperadamente la Asociación del Fútbol Argentino (AFA). La albiceleste se quedaba afuera del Mundial.

Se clasificó con un 3-1 a Ecuador, al borde del abismo, en la última fecha sudamericana. Tres goles de Messi obraron el milagro.

Jorge Sampaoli habla con seleccionados argentinos en un entrenamiento en Buenos Aires el 27 de mayo del 2018. Foto: Alejandro Pagni / AFP

Jorge Sampaoli habla con seleccionados argentinos en un entrenamiento en Buenos Aires el 27 de mayo del 2018. Foto: Alejandro Pagni / AFP

Parecía ahora más centrado. Pero confesó en su libro 'Mis latidos' que no puede leer más de dos páginas de un libro. Se aburre.

Sorprendió al decir que odia planificar. Y para colmo se peleó una vez con un policía de tránsito por una infracción. Lo insultó y subestimó. Tuvo que pedir disculpas.

“El 'Zurdo' siempre estaba vestido de DT, caminaba acelerado, manejaba el auto como un loco” , cuentan sus amigos. A los 58 años es un personaje de novela: de pronto racional, de pronto rebelde.

Adora los tatuajes. En un brazo tiene tatuada una frase de Ernesto 'Che' Guevara: “No se vive celebrando victorias, si no superando derrotas”.

“Me hice un tatuaje de la bandera albiceleste. Simboliza que me estoy reencontrando con mi país”, reveló.

Es un fan del rock. Si gana el Mundial, prometió usar una camiseta con la leyenda 'Oktubre', disco de su admirado Carlos 'El Indio' Solari, legendario músico argentino que arrastra multitudes a sus recitales.

Un revólver en la cabeza de Messi
“Me toca dirigir a Messi, el mejor jugador de la historia”, dijo al elogiar las sobrenaturales dotes de 'La Pulga'.

Su misión es lograr la hazaña del campeonato. No pudieron otros DT del rosarino como Néstor Pekerman en Alemania 2006, Diego Maradona en Sudáfrica 2010 o Alejandro Sabella en Brasil 2014. “El fútbol le debe un Mundial a Messi”, argumenta.

Su idea es que Messi debe jugar como en FC Barcelona. Se queja de que le pongan “un revólver en la cabeza que se llama Copa del Mundo”.

“Si no la gana, le salta el disparo y lo mata. Es una locura que no pueda disfrutar de su talento , teoriza.

Sampaoli es pasional como los argentinos futboleros. Tan intenso es que hay una broma en el pequeño pueblo Los Molinos. Allí trabajó en un banco. Le decían “Maradona” porque “nunca estaba en el banco”. Estaba en la cancha. O arriba de un árbol.

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