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26 000 policías custodian la ciudad y ponen la lupa en los argentinos

El Sambodromó en Brasil. Foto: Pablo Campos/El Comercio

El Sambodromó en Brasil. Foto: Pablo Campos/El Comercio

El Sambodromó en Brasil. Foto: Pablo Campos/El Comercio

Un helicóptero de la Policía sobrevuela el sambódromo Marques de Sapucai de Río de Janeiro. Fuera del recinto en donde se congregan cientos de argentinos, tres camiones de la Policía antidisturbios están aparcados para custodiar a los visitantes.

Según estimaciones de la prensa local, unos 100 000 argentinos han cruzado la frontera y se instalaron en puntos estratégicos de la ciudad para vivir la final de mañana ante Alemania.

Es obvio que no todos podrán ingresar, pero gente como Marco Alegre dice que venir a Brasil y presenciar la primera final del equipo en 24 años era un “hecho imperdible, histórico y necesario”.

Dentro del sambódromo el aire es escaso. Las banderas albicelestes se multiplican y se confunden con las camisetas y distintivos de equipos tradicionales como Boca, River, Racing.

También hay banderas o ‘trapos’ de equipos del interior como Belgrano de Córdoba o Unión de Santa Fe.

En el lugar está prohibido generar desmanes. Si algo sucede, la policía actuará con firmeza. Habrá cero tolerancia a los disturbios según informó ayer el ministro de Justicia de Brasil, José Cardozo. El funcionario público aclaró que las medidas de seguridad no tienen una dedicatoria especial a los argentinos. “Esto estaba planificado desde mucho antes que se supiese que Argentina llegaría a la final”.

El Gobierno no quiere que la seguridad falle. A inicio del Mundial, una avalancha de hinchas argentinos intentó entrar sin boletos en el partido inaugural de su Selección ante Bosnia en el Maracaná. La organización no quiere que esos hechos se vuelvan a repetir.

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