24/7
OPINIÓN Hace unos días, mi hija dijo que cuando sea grande quiere ser periodista, como yo. Cuando me comentó eso, mi primera reacción fue de orgullo, porque ella se proyectaba en el futuro siguiendo los pasos de su mami.
En algún momento de mi vida me he llegado a cuestionar por qué elegí ser periodista. Creo que estas dudas surgen los días de “depre” por tener que trabajar el fin de semana, cuando todos descansan; o cuando me quedé sin feriado porque tenía turno; o un viernes en el que miro las horas pasar y yo sigo en el mismo lugar, mientras llegan mensajes de invitaciones a las que no podré asistir porque estoy trabajando.
La revuelta del 30 de septiembre del 2010 tiene mil historias de quienes la vivieron y unas más políticas que otras. Pero la mía no hablará de los supuestos golpes de Estado o de los presuntos secuestros. No. Mi historia empezó a las 08:00 con una llamada telefónica, que activó todo lo que sería el resto del día.