21 de octubre de 2018 00:00

La violencia extrema asustó en Posorja; la Policía blindó la zona

La Policía desplegó un contingente de uniformados para controlar el orden en la zona. La UPC continúa dañada desde el martes. Foto: Mario Faustos / EL COMERCIO

La Policía desplegó un contingente de uniformados para controlar el orden en la zona. La UPC continúa dañada desde el martes. Foto: Mario Faustos / EL COMERCIO

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Redacción Guayaquil

Posorja cambió desde el martes. Luego de que una turba linchara a tres personas, en esta parroquia de Guayaquil, hay más policías. Pero los vecinos dicen que este es un pueblo pesquero sin mayores sobresaltos ni violencia extrema.

Al pie del parque está el malecón. Sobre los diques de cemento que protegen el suelo de la erosión, los pescadores artesanales observan sus embarcaciones flotando en el mar. Se acerca la veda del pez chinchorrero y el negocio está bajo; no pescan. Por eso, la mayoría aprovecha la mañana nublada para conversar.

El viernes hablaban del linchamiento, de la UPC quemada, de los detenidos, de la llegada de 70 policías más. Antes del triple crimen había 12. Un hombre decía que es terrible lo que sucedió. Otro aseguraba que se enteraron después y que no vieron nada.

Blanca, moradora de 50 años, cuenta que la paz de la comuna se terminó con la turba. Dice que lo único que había visto hasta ahora son los robos a personas, que afecta a vecindarios alejados al malecón.

Este es el malecón de Posorja, un pueblo dedicado a la pesca. Foto: Mario Faustos / EL COMERCIO

Este es el malecón de Posorja, un pueblo dedicado a la pesca. Foto: Mario Faustos / EL COMERCIO

Otros cuentan que los sitios en donde venden productos del mar son frecuentados por jóvenes con problemas de adicción a la droga. Jorge, de 54 años, está por retirarse de la pesca y relataque desde que emergió el consumo de drogas sienten menos seguridad.Según él, jóvenes buscan quitarles las ganancias del día para conseguir las dosis.

Pero los pobladores coinciden en no haber visto nunca un hecho como el del martes.

Según la Policía, los principales delitos de Posorja son los robos. En 2017 hubo dos homicidios. Entre el 1 de enero y el 12 de octubre del 2018 se registraban dos crímenes, pero con el linchamiento del martes ascendieron a cinco (ver info).

Un policía dice que en la parroquia hay arranches y robos con cuchillo. También han detectado microtráfico, aunque en las cifras de la Policía no aparecen casos reportados.

El uniformado asegura que los expendedores de drogas son personas ajenas a la comuna, que llegan solo para vender el alcaloide. De las tres personas que fueron asesinadas se dijo lo mismo, que no eran del lugar sino que habían llegado para delinquir. Pero entre la confusión fueron señalados como secuestradores de niños.

Según registros policiales, en diciembre del 2016 se intervino Posorja para eliminar la venta de alcaloide en pequeñas cantidades. En los operativos se allanaron 25 casas.

Entre los detenidos estaban tres policías de la única Unidad de Policía Comunitaria (UPC) con la que cuenta esta parroquia, que tienen 24 136 habitantes.

Ahora, esa unidad policial está destruida. Desde la mañana del pasado viernes funciona con cierta normalidad, pese a tener el 70% del techo dañado. La turba ingresó por el tejado para sacar a las tres víctimas a la calle Juan Del Valle y golpearlas hasta su muerte.

El nivel de violencia hizo que Liliana, de 29 años, cerrara su local. Tenía miedo que le robaran los productos.

Ella fue víctima de un asalto hace tres meses. Eran las 20:00 de un lunes, cuando dos personas llegaron con armas de fuego, le apuntaron y sustrajeron las ganancias del día.

Fue a la Fiscalía de Playas y denunció lo sucedido. Liliana cuenta que las personas asaltadas no hacen el trámite legal.

Con eso concuerda también un uniformado, quien asegura que cuando atiende una emergencia por algún delito, el afectado se niega a denunciar.

Los hechos que se cometen en Posorja son denunciados en Playas por ser el sitio más cercano, a 25 minutos de la localidad. No obstante, la dependencia, de una sola planta, luce casi vacía: con tres personas que llegan para registrar una queja. Esa entidad dispone de dos fiscales con sus secretarios.

Wilson, un morador de 47 años que labora como vendedor ambulante, cuenta que no vio nada del linchamiento.

Dice estar asustado, porque hasta ese martes únicamente se hablaba de robos. Él también ha sido asaltado en tres ocasiones. Lo han amenazado con cuchillo para sustraerle su celular y los USD 40 que a veces reúne con la venta de utensilios plásticos y jugos.

Ahora, los policías que llegaron recorren las calles adoquinadas y de pavimento en el centro de Posorja. Lo hacen en dos patrulleros.

En los sitios que aún tienen calles de tierra y donde también hace falta el alcantarillado, los encargados de patrullar son agentes motorizados.

Manuel, un pescador de 50 años, espera que los controles se mantengan. La gente quiere que se construya otra UPC para mayor seguridad.

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