30 de September de 2009 00:00

Una revolución educativa

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Luis Alberto Moreno*

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¿Pueden los estudiantes de América Latina y el Caribe alcanzar a sus pares de países desarrollados?

La evidencia más reciente sobre la calidad de la educación de la región no es alentadora. Un tercio de nuestros estudiantes de tercer grado no entienden oraciones que comienzan con ‘había una vez’ y casi la mitad de sexto grado no puede resolver problemas con fracciones.

Hasta hace poco, los  esfuerzos para mejorar los logros educativos se enfocaban casi exclusivamente en mejorar la educación para niños mayores de seis años. Pero para entonces puede ser demasiado tarde. Para cerrar la brecha educativa, nuestros países deberían asegurar que todos los niños reciban una estimulación adecuada antes de ingresar al primer grado. 

Investigaciones señalan que el período entre el nacimiento y el ingreso a la escuela es crítico, ya que 80 % de desarrollo cerebral tiene lugar antes de los tres años. Esos estudios tienen enormes consecuencias para la región.

Los niños pobres que participan en buenos programas de desarrollo infantil temprano tienen 30% más probabilidades de terminar la secundaria y el doble de probabilidades de llegar a la universidad. En EE.UU., las evaluaciones de un vasto programa de educación infantil temprana indican que cada dólar invertido generó un retorno de USD 17. Los beneficios se acumulan en los niños, pues como adultos pueden ganar mejores salarios, como en la sociedad, porque se reduce la dependencia de programas de asistencia social y disminuye la tasa de delincuencia.

Algunos gobiernos de América Latina  están haciendo hincapié en la importancia de la educación infantil temprana. El Banco Interamericano de Desarrollo está apoyando iniciativas en Trinidad y Tobago, Bahamas, Paraguay y Perú.

Nuestra recomendación es muy simple: la región debería invertir en una amplia variedad de acciones para que nuestros niños lleguen a la escuela listos para aprender. Sociedades y gobiernos deben asumir responsabilidad por estas inversiones.

Según nuestros cálculos, los países de la región tendrían que invertir unos USD14 000 millones al año para reducir la brecha en preparación para el aprendizaje entre los niños de hogares más y menos pudientes. Esa suma puede parecer exorbitante en estas épocas de estrechez. Pero en el último año la región gastó tres veces más en sus fuerzas armadas y en subsidios para reducir el precio de combustibles.

Si bien la defensa y el transporte tienen su lugar en los presupuestos nacionales, darles a 46 millones de niños de la región las oportunidades que se merecen ayudaría a emprender en mejores condiciones la larga batalla contra la desigualdad.

*Presidente del Banco Interamericano de Desarrollo

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