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La procesión Jesús del Gran Poder reactivó las muestras de fe tras dos años de pandemia

Los tradicionales cucuruchos se sumaron a la procesión. Foto: Patricio Terán / EL COMERCIO

Las puertas de la Unidad Educativa San Andrés en el Centro Histórico se abrieron desde las 06:00 de este viernes 15 de abril. Hombres, mujeres y jóvenes de a poco llegaban para participar en la tradicional procesión de Jesús del Gran Poder por Viernes Santo. 

Los feligreses reemplazaron sus vestimentas por túnicas moradas para dar vida a los cucuruchos y verónicas. Otros representaban a Jesús con vestimentas blancas y manchas rojas como muestra de la sangre derramada y sobre sus frentes se habían colocado una corona de espinas, mientras que sus pies estaban descalzos.  

Pese a que este 15 de abril de 2022, el encuentro no fue tan multitudinario como en años pasados. El color morado que simboliza la penitencia de la iglesia se tomó las calles capitalinas, siguiendo una tradición que se arraigó en Quito en 1961.   

Byron Castro fue uno de los penitentes que acudió desde temprano; sobre su espalda llevaba una cruz de madera cubierta con ortiga. Con cada paso esta planta se encarnaba en la piel. Castro mencionó que este acto es para agradecer por la salud de su familia. Desde 14 años ha participado en la procesión junto con sus cuatro primos que también realizan la misma penitencia como muestra de agradecimiento. 

Los jóvenes también recorrieron las calles del Centro Histórico de la capital. Alía Valencia, de 17 años, participó por primera vez en este viacrucis, fue vestida de verónica. “Representar mi personaje me ha motivo a comprender todo lo que se vive en la Semana Santa, es un acto de fe que se vive durante la procesión” explicó.  

Cientos de cucuruchos y las llamadas verónicas participaron de la procesión, cada uno con su historia de fe y agradecimiento. Luis Caizaluiza, personifica a un cucurucho desde hace 33 años para agradecer por su vida. Hace seis años le detectaron cáncer y después de un tratamiento le ganó la batalla a la enfermedad.  

Cientos de personas se congregaron a la Plaza San Francisco de Quito. Foto: Patricio Terán / EL COMERCIO

Pilar Figueroa es chilena y es la primera vez que acude a la Plaza San Francisco para vivir de cerca la procesión. “Me llamó la atención la fe, la devoción de la gente, es muy bonito ver cómo- aunque sea una vez al año- tratan de hacer una manifestación externa de lo que sienten”.  

Desde las 06:30 varios voluntarios también se congregaron en la iglesia San Francisco. Con flores que les entregaban creyentes católicos decoraban las andas donde se encontraban las imágenes de San Juan, la Virgen de los Dolores y Jesús del Gran Poder. 

La imponente imagen de Jesús del Gran Poder salió al mediodía de la iglesia de San Francisco, en recuerdo de la hora en la que Poncio Pilatos condenó a muerte a Jesús. Las personas seguían la peregrinación, lanzaban pétalos de rosas, otros se ponían de rodillas para pedir por su familia y agradecer las bendiciones recibidas. Por sus rostros recorrían lágrimas de agradecimiento y también de perdón por las malas actuaciones.  

Miembros de la Policía Nacional, del Cuerpo de Bomberos y del Grupo de Operaciones Especiales (GOE) precautelaron la seguridad de los peregrinos que caminaron por las calles del Centro Histórico cumpliendo las penitencias y también de la ciudadanía.