3 de June de 2009 00:00

Cuando fui mortal

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Cecilia Falconí Pérez

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¿Podríamos imaginarnos la situación de que una vez muertos determinemos aquello que vivimos y que no vivimos cuando fuimos mortales? Javier Marías, en su cuento título de esta entrega, desarrolla ciertos episodios y hago especial referencia al personaje Conella, quien en sus escritos sobre el dolor psíquico refiere:

“El dolor que hace que la cabeza pensante no desee otra cosa que dejar de pensar, y no puede. Tengo el convencimiento que el mayor dolor es el de la conciencia, contra el que no hay apenas remedio ni amortiguamiento ni más cesación que la muerte, y aún así de eso no estamos seguros”. ¿Conciencia? El DRA define: 1. Propiedad del espíritu humano de reconocerse en sus atributos esenciales y en todas las modificaciones que en sí mismo experimenta. 2.

Conocimiento interior del bien y el mal. 3. Conocimiento reflexivo de las cosas. 4. Actividad mental que solo puede tener el propio sujeto. Veamos: en la primera definición se podría interpretar la capacidad del hombre de identificar sus atributos y de estar alerta, que nos conduce a la segunda, teniendo la capacidad descrita, podríamos concluir que estaríamos en la habilidad de diferenciar el bien y el mal.

Mi hijo Matías (9 años) se preguntó qué es conciencia, y, respondiéndose dijo “es ese bichito que está aquí”, señalándose con sus manos la cabeza y el corazón. Tuvo mucha razón, es lo que los adultos llamamos cargo de conciencia.

La tercera definición sobre el conocimiento reflexivo nos conduce a la racionalidad, exclusiva de los seres humanos. La cuarta es crucial debido a la individualidad, actividad mental que es inherente al propio sujeto. Dos conclusiones: la conciencia es individual y el ejercicio de la conciencia es fundamental, al menos para aquellas personas que queremos vivir con paz, dormir tranquilos y morir bien.

Rainer Funk, editor de la obra póstuma IV de Erich Fromm, ‘El arte de escuchar’, hace referencia a la fuerza del yo manifestando que el yo es esencialmente el realizador de las pasiones, de las malignas, o de las benignas, “lo que importa en el hombre, lo que determina su acción, lo que constituye su personalidad, es qué clase de pasiones lo mueven”. Freud escribió: Lo principal no es la lucha del yo sobre las pasiones sino la lucha de unas pasiones contra otras.

La compleja técnica psicoanalítica de Fromm y sus teorías de la mente toman fuerza en el análisis del ser, “el arte de escuchar sin miedo, con simpatía y amor”. Ejerzamos conciencia y escuchemos. Y con “El arte de amar” seamos mejores para nuestro bien y el del prójimo.

El poeta Omar Khayyam escribió: “No creas que me da miedo el mundo o que no soporto que me deje mi alma. Ineludible es la mente y en nada me altera. Temo tan solo no vivir cuerdamente”.

Columnista invitada

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