6 de September de 2009 00:00

Martín Calle hizo su carrera artística a fuerza de pulso

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Redacción  Guayaquil

Los focos redondos iluminan el espejo en el que se refleja Soledad (la actriz Monserrath  Astudillo). Mientras ella retoca el  pintalabios  rosa que lleva puesto, Juan Manuel Cardoso (el actor guayaquileño Martín Calle) entra al camerino y abre un pequeño cajón de madera. De ahí extrae  un pequeño celular rojo que combina con el tono de sus zapatos.



Desde pequeño, siempre tuve un vicio.
Ese vicio fue   la actuación.

Martín Calle ActorEsta escena no es parte de uno de los capítulos de la novela ‘El exitoso licenciado Cardoso’, que se transmite por la cadena Ecuavisa. Se trata de la rutina de los actores que no deben tener cambios drásticos en su maquillaje ni recibir mensajes dentro del set.

“Ya  estamos listos”, dicen los actores, como dando fin a su pequeño recreo. Calle regresa frente a las cámaras de video, donde,  a diferencia de lo que le ocurre con las sesiones fotográficas, se siente cómodo y seguro.

Con 17 años de carrera y un ‘rating’ de 30 puntos diarios, el actor aún tiene los “zapatos rojos sobre la tierra”. A diferencia de su personaje, el licenciado  Cardoso, Calle   no tiene
inconvenientes de hablar de sus inicios. En las calles Manabí y Pío Montúfar, al sur de Guayaquil, creció el niño que se ganaba regaños de su familia por imitar a sus profesores.

“Mi vicio siempre fue la actuación”, confiesa divertido  este hombre que ya va  por los 33 años, aunque al girar de un lado a otro la silla de la oficina de producción parece un infante.

Después de hacer una pausa, relata cómo todos los días corría desde el Colegio 6  de Marzo hasta el Instituto de Teatro y Televisión, actual Teatro la Mueca.

Junto a ese grupo teatral, Calle viajó por todo el país con obras infantiles y para adultos. Pero la vida del joven comediante paró en seco en  1993, cuando supo  que pronto  iba a ser   padre.

Cuando cambió el escenario por los pañales probó varios empleos. Mientras soñaba por ser reconocido se ganó la vida limpiando mesas y pasando bebidas en el local Madera fina. La propietaria del sitio, ubicado en el norte del Puerto Principal, era la actriz guayaquileña Amparo Guillén.

En 1997 finalmente le llegó la ‘patadita de la buena suerte’ en el programa ‘Chispazos’. En ese entonces el show  era transmitido por el desaparecido canal SíTv. Calle grababa todos los lunes bajo el disfraz del turco Karim Massare. El personaje saludaba a Luzmila Nicolalde diciendo algo que sonaba como, “Adi ne bauser”, que significa “dame un beso”.

De allí vinieron las parodias de videos musicales y el personaje del primo del chino Chinchulín (David Reinoso) en la serie infantil  ‘Manzana 12’. Después participó en espacios cómicos, como ‘Sin ánimo de ofender’ y ‘Se parecen pero no son’. “Se me cae el alma al piso” fue  la frase que lo volvió famoso y que caracterizó  al Poeta del Gol, una parodia del periodista deportivo Roberto Bonafont realizada por Calle.

Después de trabajar ocho años en el programa ‘Vivos’, el director Paco Cuesta le abrió un   camino para que trabajara como  protagonista de su propia serie. Así llegó Toño Palomino, definido por el propio actor como el personaje que cambió su vida  y su historia. El promedio del ‘rating’ de esta producción fue de 36 puntos.

Ahora, en el set del dormitorio de Soledad se escucha un “Chicos, ubicación, tres, dos, uno...”. En ese instante Calle se transforma en la otra cara del licenciado Cardoso: el sencillo actor de teatro Gonzalo Martínez. “El público en sus casas, con el control remoto, es el que manda en ese negocio”.

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