25 de junio de 2019 12:01

Faltan medicinas en hospitales del Instituto Ecuatoriano de Seguro Social

En la farmacia del  Carlos Andrade Marín se despachan tres millones de recetas al año.

En la farmacia del Carlos Andrade Marín se despachan tres millones de recetas al año. Foto: Vicente Costales / EL COMERCIO

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Valeria Heredia
Redactora (I)

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Tras el trasplante renal al que se sometió en el 2015, Gabriela Hidalgo debe tomar 14 pastillas diarias. Así evita que su cuerpo rechace el nuevo órgano. Pero cuando esta afiliada al Seguro Social no recibe oportunamente las dosis, ha optado por pedir “préstamos” a otros trasplantados, para no interrumpir el tratamiento, que debería recibir cada mes en el Hospital Carlos Andrade Marín (HCAM), de Quito.

En los últimos tres meses, pacientes trasplantados, con VIH y oncológicos han expresado su preocupación por la falta de medicamentos para estas patologías consideradas crónicas. No es la primera vez que se registra un desabastecimiento de este tipo de fármacos. “Siempre pasa lo mismo. Simplemente nos dicen que no hay”, sostiene Hidalgo.

Ella acude mensualmente al chequeo en el hospital de especialidades de Quito. Los médicos revisan su estado de salud y luego le piden retirar tres tipos de tabletas o inmunosupresores, como se conocen a los fármacos que consume una persona trasplantada.

Cuando a Gabriela Hidalgo le falta medicinas, otros trasplantados se la prestan.

Cuando a Gabriela Hidalgo le falta medicinas, otros trasplantados se la prestan. Foto: Patricio Terán / EL COMERCIO


Ahí empieza su batalla, ya que en ese espacio le dicen que no tienen su medicina. “Vuelva otro día o no sabemos cuándo llegará” son algunas de las respuestas más comunes, que ha escuchado esta afiliada.

En el Andrade Marín reconocen que hay desabastecimiento de medicamentos, producto de incumplimientos de los proveedores e incremento del número de afiliados, explica Juan Páez, su gerente. “Pese a nuestra planificación para la compra de insumos y fármacos, los pacientes han aumentado en varias unidades”.

El año anterior -ejemplifica Páez- se atendió a 1 673 personas con VIH. Pero en los primeros cuatro meses de este año ya se ha chequeado a casi la mitad, es decir, 860. A todos les dan los antirretrovirales.

Una realidad similar se reporta con otras enfermedades crónicas como lupus, artritis, linfoma y otros tipos de cáncer, que atienden en el HCAM.

Situación de salud en dispensarios del IESS


En Ecuador, el número de afiliados se incrementó entre el 2011 y 2017. Por lo que en el primer año hubo 7,5 millones de pacientes en las casas de salud del IESS; y en el 2017 subió a 9,5 millones, según el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (ver gráfico).

De las 101 casas de salud del Seguro Social, 22 registran un abastecimiento de medicamentos para un período no menor a tres meses, según información proporcionada por el IESS. Aunque no se detalló cuáles hospitales o dispensarios están dentro de esta lista.

Este Diario insistió en la necesidad de visibilizar los nombres de las casas de salud que están en esta situación. Pero hasta el cierre de esta edición no hubo una respuesta.

Mónica Cárdenas es la jefa de la Unidad Técnica de Farmacia Hospitalaria del Andrade Marín. Se encarga de recibir y despachar la medicina.

Actualmente -dice- registran un abastecimiento del 85% de los fármacos que están dentro del Cuadro Nacional de Medicamentos Básicos.

Si alguno falta -sostiene- se buscan alternativas terapéuticas para ofrecer a los afiliados, es decir, se reemplaza un medicamento por otro. Así se hizo con un antirretroviral combinado para combatir el VIH.

“Este fármaco está sin cotización en todo el país”. Lo que quiere decir que no existe en ningún establecimiento.

El HCAM también compra medicinas por ínfima cuantía, figura de contratación que tiene un techo no mayor a USD 7 000. Y pide ‘préstamos’ en las unidades de la red pública.

Cada año, en la farmacia se despachaban dos millones de recetas. Hoy son tres millones anuales. “Hemos apresurado los procesos para no dejar desabastecidos a los pacientes. Lo hacemos pese a la sobredemanda”, insiste Páez.

Hidalgo reconoce que la situación del país es compleja pero repite que la entrega de medicinas no es un favor sino un derecho de los afiliados. Ella, por ejemplo, ha aportado durante 21 años a la seguridad social. “Queremos que comprendan que nos están quitando nuestra arma para vivir”.

Según la matriz del IESS, el desabastecimiento de medicinas se da por tres razones: falta de materia prima para la elaboración de fármacos en todo el mundo, incumplimiento de los proveedores y demora de los procesos de contratación.

Frente a estos problemas, el IESS respondió, se hacen préstamos temporales de medicina entre casas de salud; se prueban métodos para mejorar los procesos de contratación y se revisa la eficiencia en la asignación del presupuesto.

Mientras eso ocurre, pacientes como José, otro afiliado y trasplantado renal, busca la forma de abastecerse. Hace siete años, en junio del 2013, a José le colocaron un nuevo riñón. Toma tres tipos de fármacos diarios, dos son costosos y de difícil acceso. Pese a ello -dice- ha tenido que comprar las medicinas cuando no se las entregan en el HCAM, ya que teme por su salud. Una de las cajas de 50 tabletas cuesta USD 225. Necesita dos diarias.

José Camino, con trasplante renal, gastó  USD 4 000 en fármacos desde 2013.

José Camino, con trasplante renal, gastó USD 4 000 en fármacos desde 2013. Foto: Valeria Heredia / EL COMERCIO


“He gastado unos USD 4 000 en medicamentos en estos seis años”. Y le parece injusto porque aportó más de 30 años.

En otros establecimientos de salud del Seguro Social tampoco se registra un abastecimiento total de medicinas.

Así lo constató este Diario en los hospitales de segundo nivel que funcionan en la capital. A través de correos electrónicos respondieron a este Diario, desde el Quito Sur y San Francisco, que en sus bodegas hay un abastecimiento del 90% y 95%, respectivamente.

Y al igual que en el Andrade Marín, en los hospitales Quito Sur y San Francisco, si no hay un fármaco se busca reemplazarlos con otras alternativas terapéuticas disponibles y avaladas por los galenos de estas casas de salud. “Tienen la misma eficacia”, dijeron.

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