7 de enero de 2019 00:00

El esplendor del guayacán atrajo al turismo en Zapotillo

Turistas ecuatorianos y del norte del Perú acamparon dentro del bosque de la parroquia lojana de Mangahurco. Foto: Xavier Caivinagua para EL COMERCIO

Turistas ecuatorianos y del norte del Perú acamparon dentro del bosque de la parroquia lojana de Mangahurco. Foto: Xavier Caivinagua para EL COMERCIO

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Lineida Castillo
Redactora (I)
lcastillo@elcomercio.com

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El cantón lojano de Zapotillo vive una vez al año una efervescencia turística por el florecimiento de los guayacanes.

Más de 20 000 visitantes llegaron a las parroquias Mangahurco, Cazaderos y Bolaspamba la última semana de diciembre, atraídos por este bosque que florece por siete días.

Es una cifra casi igual a la del florecimiento anterior, porque el espectáculo se adelantó a diciembre, cuando generalmente ocurre en enero, dicen las autoridades locales. En el 2012, cuando empezó la promoción, llegaron 2 000.

Entre la multitud que atrajo el último florecimiento estuvo el quiteño René Morales con su esposa, dos hijos y hermano. El calor era sofocante con una temperatura que alcanzó los 42 grados. El paso de los vehículos levantaba el polvo en los caminos de tierra.

A la familia de Morales parecía no incomodarles. Ellos caminaron largas distancias y treparon las cercas de madera -como lo hacen todos los turistas que llegan a este lugar- para fotografiarse debajo de los coposos árboles amarillos.

Era la primera vez que llegaban a Zapotillo y estaban sorprendidos. Desde hace tres años postergaban esta visita y no quisieron esperar más. “El esplendor de los guayacanes dura apenas una semana y nadie debe perdérselo”, comentó Ismael Morales.

Efectivamente. Desde el pasado miércoles, ese paisaje amarillo ya no está.En estos días, los árboles -que el resto del año pasan con su ramaje seco- están llenos de hojas de verde intenso.

Para el concejal de Zapotillo Afranio Sánchez, quien vive en Mangahurco, la fugaz vida de las flores es la razón por la que los turistas sienten la fascinación. Los botones de las flores empiezan a brotar con la primera lluvia del invierno y a la siguiente semana florecen en todo su esplendor.

El bosque es aprovechado por los visitantes para caminar, hacer pícnic debajo de los árboles, ciclismo o pasear en los caballos, que se alquilan los 30 minutos en USD 5. Las operadoras de Loja y habitantes también ofertan recorridos por los atractivos cercanos como el Baño del Inca.

Los poblados se dinamizan. Casi todas las familias ofrecen comida y hospedaje en sus casas, pero es insuficiente. Por eso, la mayoría de los turistas se hospeda en los cantones vecinos de Zapotillo, Macará, Alamor, Celica, Pindal y Puyango, provincia de Loja.

Zapotillo tiene la reserva de guayacanes más importante del país con 40 000 hectáreas donde habitan tigrillos, monos y ardillas. Según el técnico del Ministerio de Ambiente de Loja, César Caraguay, este año el bosque no floreció en su totalidad, porque solo llovió 50 milímetros por metro cuadrado y para que los guayacanes florezcan en toda su magnitud se requiere más de 60 milímetros. Además, la lluvia se adelantó a diciembre.

Este espectáculo también ocurre -en menor proporción y en épocas distintas- en zonas puntuales de Manabí, Guayas, El Oro, Sucumbíos, Orellana y Morona Santiago.

La ambateña Gloria Palacios llegó el domingo 30 de diciembre a Zapotillo con siete compañeros. Se enteró a través de las redes sociales y esa tarde contempló por horas el paisaje, la caída de los pétalos por el viento y los chivos comiéndose las flores. “Son imágenes únicas y de ensueño”.

Estos universitarios planearon el viaje desde enero del año anterior y el espectáculo superó sus expectativas. En Mangahurco se enteraron sobre el apadrinamiento de árboles, que impulsa el Ministerio de Ambiente y el Gobierno Parroquial desde el 2017.

Palacios y sus compañeros acogieron un guayacán con la intención de que sea conservado. También lo hicieron Miguel Rivera y Lourdes Picoita, y en estos dos años, más de 50 árboles han sido apadrinados.

Cada uno hace un aporte simbólico a la Junta Parroquial para que financie los programas de conservación. Palacios y sus amigos aportaron con USD 20, en total. La misma cantidad entregaron los quiteños Rivera y Picota.

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