28 de September de 2009 00:00

El caso Fybeca conmocionó al país

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Testimonio: ‘Gracias a esa foto se reveló lo que pasó’



Su lucha sigue después de 6 años 
La voz de los plantones.  Cada martes, en los exteriores de la Corte de Justicia de Guayas, Dolores Guerra cuelga la foto de su esposo. Esa es su forma de protesta.    
El  informe de la verdad.  En  este mes   se espera que   la Comisión de la Verdad  entregue   su   informe, que incluye  el caso Fybeca.  María  Dolores espera que el Estado la indemnice.Cada día que veo esa foto, colgando junto a la mesa, lo recuerdo de nuevo.  Nos   vemos felices... él, yo, el niño.  Fue cuando cumplió 5   años.   Decidí ampliarla   para  verla cuando llego a casa.   A veces quiero sacarla, pero no puedo.  

En la repisa del fondo,   junto a la Biblia de Johnnycito, está la  otra foto que marcó mi vida.  Es la última foto de mi esposo  Johnny Gómez Balda, antes de que desapareciera.  Después de eso no lo vi más.  

 

La foto es de Martín Herrera, fotógrafo de diario El Universo.  Esa es la   portada de un   libro que recopila  imágenes históricas, entre ellas las del  caso Fybeca.   Pienso que Dios    puso ahí a Martín   como un ángel.    Él  permitió que sus manos capten ese momento.

Gracias a esa foto se pudo   revelar lo que pasó en ese instante.    A veces la   veo  detenidamente...   Aunque  le taparon   sus ojos, su boca, ese es   su perfil.  Johnnycito   lo conoce bien y yo reconozco la ropa que llevaba ese día.

Aún   tengo presente la mañana del 19 de noviembre de 2003, cuando salió de  casa. Fue a ver a su mamá que estaba muy enferma. Ella vivía con una hija,   atrás de la farmacia Fybeca de la Alborada, donde ocurrió todo.

Cuando se despidió me dijo: ‘Espéreme, vengo a almorzar’, lo recuerdo tan claro y el  jueves  vino a mi mente de nuevo. Mi hijo se asomó por la puerta y me gritó: ‘Mami... te amo’.  Y ahí estaba, esa   imagen tan clara...  lo mismo yo le dije al papá el día que   desapareció  y  me lanzó un beso a lo lejos.



Era su voz. ‘Dolores... ayúdame,  me tienen al fondo de la PJ, me van a matar.  Esa voz aún retumba en mi oído.
María Dolores Guerra
esposa de   Johnny GómezEse día sentí     ansiedad. Fui   a dejar al niño al jardín,  volví y  llamé a una amiga  evangélica. Conversamos  una, dos horas.   El tiempo pasó.   Era la  una y media  y  sonó el teléfono.   Una  amiga  me preguntó   si   había visto las noticias. Yo no sabía qué pasaba.  Ella   había visto el carro de Johnny en la televisión.

No podía ser, pero era extraño porque él no me llamaba.  Cuando me dijo que era    un  asalto   y que  ocho   personas  habían muerto grité..., grité    tanto que mi llanto retumbó en estas cuatro  paredes.

Agarré a mi niño. Salí  corriendo a llamarlo pero  su teléfono estaba apagado. Llamé  donde su mamá, pero allá  nunca llegó. 

Era un  misterio.   Fui a la   PJ.   Ahí nadie  hablaba.    El niño  se  durmió   en mis brazos y yo seguía insistiendo. Quería saber  dónde estaba el   dueño del carro  retenido en la  farmacia Fybeca.   

Después de preguntar  desesperadamente,  sonó mi  teléfono. Eran las 19:15 y escuché su   voz. “Dolores... ayúdame,   me tienen al fondo de la PJ, me van a matar”.   De la desesperación boté a mi hijo al suelo.        
  
Esa voz aún retumba en mi oído, esa voz no se irá. Era Johnny.   Empecé a pedir  ayuda a gritos. Y el teléfono sonó otra vez. “Al fondo, estoy  en una Blazer concho de vino”.   En un rato enmudeció. “Cuida a mi hijo,   cuídalo”. Era como si presintiera su muerte.

Al día siguiente me levanté a las 06:00 y fui a la PJ.   No había visto  el periódico.   Cuando tuve la foto en mis manos, lo identifiqué. Así   comenzó esta lucha.   Denuncias, marchas, plantones...

En  mi bolso  aún    llevo    el  último cartel  que hice para el  plantón del martes pasado. Dice:       ‘En democracia, no más impunidad’.

Fue un golpe duro.   Hoy,  Johnnycito tiene 11 años y  extraña a su papá.    Ya va a   terminar la escuela pero es muy maduro.   A su  edad un niño   piensa en jugar.    Él ya quiere    trabajar  para ayudarme. Siento que a  mi hijo le robaron  su niñez.

 A veces me quebranto, pero sigo adelante.   Estoy en   cuarto año de Leyes y   sigo de cerca la demanda que planteamos a  la  Comisión Internacional   de Derechos Humanos.
    
 Yo tengo fe. Siempre creo que Dios está en todo,  hasta en que   las tres mujeres que perdimos a nuestros esposos  hace seis años nos llamáramos Dolores.  No es casualidad y hoy estoy escribiendo parte de esa historia.   Redacción Guayaquil

El caso Fybeca, revelado por El Universo, hubiera  quedado en el olvido


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Los lectores encontrarán cada día, en esta columna, una síntesis de esa historia.

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