En Gualea Cruz, noroccidente de la capital, visitantes disfrutan de una cascada. Los dueños de fincas y comuneros se encargan de cuidarlas. Foto: API

En Gualea Cruz, noroccidente de la capital, visitantes disfrutan de una cascada. Los dueños de fincas y comuneros se encargan de cuidarlas. Foto: API

Turismo a bajo costo en el noroccidente de Quito

Diego Ortiz.  Coordinador (I)
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Hace ocho años, la familia Aule no tenía entre sus planes pasar los fines de semana acompañada de turistas. Hace un decenio, la vida en su finca, conocida como Las Taguas y ubicada en Gualea, los siete días de la semana eran para cultivar el campo y trabajar en el trapiche para hacer panela y comecializarla.

Y aunque varios miembros de esta familia todavía recolectan plantas de sus cañaverales, a otro grupo de los Aule se lo ve presuroso por la finca atendiendo a los turistas que quieren desconectarse del ruido urbano. Entre el bosque primario, los cantos de los pájaros y unas cascadas prestas para sumergirse reciben a quienes acceden a este punto del noroccidente del Distrito Metropolitano de Quito para desconectarse por un momento y conocer de cerca lo que la gente aquí denomina “agroturismo sostenible”.

Hace poco más de un decenio, por este sector -que incluye las parroquias rurales de Nono, Calacalí, Nanegal, Nanegalito, Pacto y Gualea-, los lugareños veían pasar a los turistas que se dirigían a la Costa, o que bien buscaban alguno de los famosos spas y hoteles enclavados en algún ligar del bosque húmedo.

Ahora, en esta zona se busca atrapar la atención de estos turistas con una oferta de servicios enfocados en dos ejes: sostenibilidad y precios accesibles. Así lo piensa Jonatan Aule, quien en la finca Las Taguas ha decidido cuidar el bosque primario y una cascada para convertirlos en sus principales atractivos. Un tour completo por el lugar, por ejemplo, cuesta USD 27 diarios, incluida la alimentación y el ingreso a los espacios naturales.

De acuerdo con el último estudio turístico del noroccidente del Distrito Metropolitano de Quito, elaborado por el Instituto de la Ciudad y presentado en este año, estas seis parroquias tienen como atractivos naturales a 19 reservas, 28 cascadas y vados, tres termas, una cueva y 56 sitios arqueológicos. Estos elementos se convierten en unas “oportunidades sostenibles”, es decir, puntos a conservar y proteger con la finalidad de llamar la atención del turista, según Julio Lozada, guía de la zona.

Precisamente esta es la visión al interior de la Corporación Yunguilla, cerca de Calacalí y una de las primeras en organizar a los miembros de la comunidad con la finalidad de insertarla en el turismo sostenible. Aquí, las personas tienen tours con precios que van desde los USD 18 hasta los USD 70, dependiendo de su interés en solo conocer la localidad, o bien adentrarse y dormir en el bosque.

En esta zona de Quito, el turismo sostenible no solo se traduce en la facilidad de acceder a espacios naturales. En Las Taguas, por ejemplo, las personas que visitan la finca pueden adquirir panela, uno de los subproductos del cañaveral.

O en Nanegalito, la gente puede probar los sabores típicos de la localidad. Estos, combinados con las artesanías y otros productos gastronómicos, forman parte de una apuesta que quiere posicionar a la zona como un enclave para el turismo a bajo costo.