Durante la celebración del Pawkar Raymi, que coincidió con el Carnaval, en Riobamba se escuchó la música puruhá. Foto: Cortesía Municipio de Riobamba

Durante la celebración del Pawkar Raymi, que coincidió con el Carnaval, en Riobamba se escuchó la música puruhá. Foto: Cortesía Municipio de Riobamba

Las fiestas populares reavivan la música ancestral puruhá

Cristina Márquez. Redactora
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(F-Contenido Intercultural)

Los músicos que entonan tambores, rondadores, guitarras y charangos son los protagonistas de las fiestas populares en las comunidades indígenas de Chimborazo. Los Carnavales y otros festejos sagrados del calendario andino, como el Inti Raymi y el Koya Raymi, se avivan al ritmo de su música autóctona.

Los cachullapis, saltashpas, danzantes y sanjuanitos son los géneros preferidos durante la temporada de fiestas, especialmente durante el Carnaval, un festejo mestizo que coincide con la fiesta indígena del Pawkar Raymi (Fiesta del Florecimiento).

“Para el Carnaval siempre escogemos la música más alegre. A la gente le gusta bailar, visitar las casas de sus familiares y salir a las calles a jugar. Es un tiempo para compartir en comunidad”, dice Luis Alberto Malán, de la parroquia Flores, situada a unos 30 minutos de Riobamba.

En sus letras, las canciones rememoran las prácticas cotidianas de la gente, como la siembra y la cosecha, la crianza de animales, las mingas y los enamoramientos entre los jóvenes, que ocurren durante los quehaceres del campo. También son una muestra de las creencias religiosas de la gente y su filosofía.

“La música también la usamos como una forma de conexión con el cosmos. Durante las ceremonias cantamos al sol, a la luna, a los animalitos, a los elementos sagrados. Nuestros ancestros encontraron en la música una vía para expresar sus sentimientos”, contó Valeriana Anaguarqui, yachak de Chimborazo. Por esa razón, agregó, todos esos festejos están llenos de sonidos.

Eso se evidenció en los festejos de Carnaval de la parroquia Flores. Los más jóvenes se turnaron para entonar la guitarra y el charango para animar la fiesta, que duró tres días.

En el centro de la plaza, la gente que vestía el atuendo tradicional puruhá, bailó portando banderas y cintas de colores. Llevaban animales como­ gallinas y cuyes, atados en palos, que luego se prepararon para el banquete comunal.

El ritual del Carnaval era similar hace 40 años. En esa época había instrumentos originarios como los dulcines, que ahora ya no se ven.

Malán, de 87 años, era uno de los músicos más reconocidos de la parroquia. Él aprendió a entonar seis instrumentos andinos y era considerado esencial durante las festividades populares por su talento musical, pero sus hijos y nietos no se interesaron en aprender para continuar con la tradición.

“Ya los carnavales no son como antes. Ahora todos estamos más enfocados en el evangelio de Dios y le cantamos principalmente a él”, dice nostálgico. Cuenta que en su juventud salía con sus amigos durante toda la semana.

Pero la música no solo es común durante las fiestas; también se usa para los rituales. Valeriana Anaguarqui empieza esas prácticas andinas cantando en kichwa.

En sus canciones ella pide permiso a los elementos de la naturaleza para ingresar a un sitio sagrado e invita a los apus (espíritus) a presenciar la ceremonia. Según Anaguarqui, es un momento especial en todos los rituales de la etnia Puruhá, pues le permiten comunicarse con la Pachamama.

Las canciones que se escuchan en las ceremonias se escogen de acuerdo con la temporada del año, la petición que se hará y la fiesta sagrada que se celebre. En los rituales también se recitan poesías y pensamientos dedicados al fuego, al viento, al agua y al aire.

“En tiempo de Inti Raymi, celebramos a todo elemento masculino, por eso le cantamos al sol. En el Pawkar Raymi celebramos la fertilidad, la abundancia y todo lo femenino, por eso le cantamos a la Allpa Mama”, dice Anaguarqui.

Las canciones se acompañan solo con el sonido de un tambor hecho con piel de borrego y, según los yachaks, mientras más personas las canten al unísono, más apus llegarán al ritual. La cosmovisión andina indica que el objetivo es expresar un mensaje que será transportado por el viento.

Una de las canciones que se entona en los rituales del Inti Raymi, por ejemplo, habla sobre de las bondades del Sol y de cómo la vida es posible gracias al calor, a la luz y a la energía.

Otro canto especial es el que se entona antes de la cosecha y se denomina Jaway. Esta canción sirve para agradecer a los animales, a los agricultores y a todos los elementos que hicieron posible la cosecha.