23 de septiembre de 2015 17:21

Wilson Pico recreó en Guayaquil al personaje de la Mama Negra

Wilson Pico

El bailarín quiteño Wilson Pico actuó la noche del martes en El Cubo, espacio de la Universidad de las Artes (Uartes). Foto: Cortesía UArtes / Tyrone Maridueña

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Alexander García
Guayaquil

Wilson Pico defiende la magia del cuerpo festivo para transformar la realidad e interpelar a lo cotidiano, y habla de lo poderosos que son personajes de las fiestas populares. El bailarín y coreógrafo quiteño representó en Guayaquil al personaje principal de la Mama Negra, en un “rito profano” en el que fusionó tradición y artes escénicas.

La celebración se realiza en Latacunga en honor a la Virgen de las Mercedes, a cuya mano protectora "se le atribuye el poder de detener la lava del volcán Cotopaxi", explicó el intérprete.

Tras un proceso de estudio de la fiesta, Pico aborda a la Mama Negra desde la teatralidad y la danza contemporánea. La noche de este martes 22 de septiembre se presentó vestido de mujer, ataviado con una máscara negra de coloridos brillos, ante el público que llenó El Cubo, un espacio de la Universidad de las Artes (Uartes).

En el 'performance', el personaje inició danzando una música de tensiones metálicas, con elementos de tamboras y acordes que remitían lo mismo al mundo árabe o al flamenco español, en una marca de mestizaje. Y terminó bailando música de banda de pueblo.

La interpretación también fue del lento y sugestivo movimiento corporal de la danza-teatro hasta la soltura de los bailes populares originales.

Aunque Pico dice que su objetivo nunca fue reproducir la fiesta, porque no es un bailarín folclórico. “Es un acto festivo, donde el cuerpo es el que expresa y comunica. La idea es brindarle al ser humano de la ciudad la oportunidad de disfrutar y de aprender de esta experiencia”, explicó.

La interpretación de la Mama Negra, nace de Cuerpo Festivo, un proceso de investigación en el que el bailarín aborda a 12 personajes de fiestas populares del Ecuador. El proyecto cuenta con un libro y documentales de cada una de las doce festividades, dirigidos por Amaranta Pico, hija del intérprete y quien estuvo a cargo de la investigación etnográfica.

Tras un largo proceso de búsqueda, 48 años de trayectoria, el bailarín dice haber hallado un lenguaje dancístico “que se podría llamar ecuatoriano”. Considera “delicados” a los materiales con los que trabaja y repudia el concepto superficial “de tarjeta postal” que imprimen a los personajes ciertos grupos folclóricos que desvirtúan la tradición. Él le pidió a la danza folclórica una exploración mucho más profunda, una “representación más auténtica, ética e incluso más profesional de nuestras fiestas".

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