21 de agosto de 2015 00:00

Voluntarios donan frecuentemente su sangre para salvar la vida de otros

Gabriela Campaña, Marcos Montenegro y Daniel Oña donan en la Cruz Roja Ecuatoriana. Foto: María Isabel Valarezo/ ELCOMERCIO

Gabriela Campaña, Marcos Montenegro y Daniel Oña donan en la Cruz Roja Ecuatoriana. Foto: María Isabel Valarezo/ ELCOMERCIO

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Isabel Alarcón
Redactora (I)

Lo que al principio les pudo causar nerviosismo, ahora se ha convertido en un procedimiento de rutina. Se recuestan en las camillas y extienden su brazo durante cinco minutos, en los que 450 mililitros de sangre salen de su cuerpo para ser utilizados por quien más los necesite.

El grosor de la aguja y el dolor del pinchazo no se comparan con la cantidad de vidas que salvan diariamente los donantes voluntarios. Esa es la mayor satisfacción para Iván Guanopatiño, quien hasta el momento ha realizado 90 donaciones de sangre. Cuando tenía 17 años, su madre necesitó con urgencia una transfusión, pero por ser menor de edad no pudo ser su donador. En ese momento prometió que, al cumplir 18, empezaría con esta labor.

Cada año dona alrededor de cuatro pintas y, por la adaptación que ha alcanzado su cuerpo al procedimiento, fue elegido para inaugurar una máquina de aféresis. Esta técnica separa las plaquetas de la sangre y la devuelve a su cuerpo. Ahora, solamente realiza este procedimiento y hasta el momento lo ha hecho 12 veces.

La que empezó como una práctica se ha convertido en un estilo de vida para Guanopatiño, quien busca inculcarlo en sus tres hijos. Además, le ayuda a mantener un control de su salud, ya que antes de dar su sangre, los especialistas se aseguran de que cumpla con todos los requerimientos.

Cuando los posibles donantes llegan al hemocentro, se les informa cómo es el proceso y se les realiza chequeos de rutina. Después, la sangre es examinada para descartar enfermedades; una vez que se confirma que está en óptimas condiciones, se procesa y se despacha a las clínicas.

Iván ­Guanopatiño dona hasta cuatro pintas de sangre anualmente. Empezó hace 27 años. Foto: Paúl Rivas/ ELCOMERCIO

Iván ­Guanopatiño dona hasta cuatro pintas de sangre anualmente. Empezó hace 27 años. Foto: Paúl Rivas/ ELCOMERCIO

Así lo explica Carmen Vega, encargada de la selección de donantes del Hemocentro de la Cruz Roja Ecuatoriana de Calderón. Para ella, es importante que las personas entiendan que no solamente ayudarán a salvar vidas, sino también podrán detectar sus problemas de salud.

A Marcos Montenegro, por ejemplo, hace tres años le informaron que tenía la sangre muy espesa. Las donaciones le han permitido disminuir sus dolores de cabeza, mientras es consciente de que está bene­ficiando a alguien más. Esta ­semana cumplió con su décima donación; realiza una cada tres meses.

Por otro lado, la dificultad de conseguir sangre de su tipo es lo que motivó a Diego Arjona. Hace tres años uno de sus parientes enfermó y necesitaba pintas de sangre. Hasta ese momento, nadie en su familia había donado, por lo que el procedimiento se hizo más complicado. Los especialistas le recomendaron que lo empezara a hacer, por si en algún momento se presentaba algo similar. “Hoy puede ser otra persona, pero mañana puedes ser tú”, sostiene Arjona, al evidenciar que no es fácil conseguir donadores B+.

Daniel Oña y su madre también comparten este tipo de sangre. Hace cuatro años, tras recibir una llamada de ayuda, empezó a donar cada seis meses. Además, acuden a él cuando ocurre algún accidente. Todavía recuerda la primera vez que donó, a sus 23 años. Después del procedimiento se sintió débil, pero poco a poco su cuerpo se ha ido acostumbrando y ahora toma las precauciones necesarias, como alimentarse unas horas antes de acudir al hemocentro.

Cualquier molestia es poca para toda la ayuda que se logra dar. Así lo cree Gabriela Campaña, quien hasta el momento lleva ocho donaciones. A diferencia de otros voluntarios, no se motivó por experiencias personales. Al realizarse exámenes de rutina en su colegio, una pancarta que solicitaba donaciones fue lo que captó su atención. Por eso, empezó a averiguar cómo podría ser voluntaria y, al cumplir 18, hizo su primera donación. Al principio acudía cada seis meses, ahora dona una vez al año.

Para los voluntarios existen varios mitos alrededor de la donación de sangre, pero hasta el momento no han sentido consecuencias negativas. Lo que sí es evidente es la satisfacción que expresan al dar una parte de ellos para que otra persona conserve su vida.

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