28 de May de 2015 21:44

El tiempo dedicado a cuidar a los adultos mayores genera satisfacción personal

Dayana Hernández, auxiliar de enfermería, es pasante en el Hogar Corazón de María. Conversa y juega con las abuelitas. Foto: Julio Estrella/ EL COMERCIO.

Dayana Hernández, auxiliar de enfermería, es pasante en el Hogar Corazón de María. Conversa y juega con las abuelitas. Foto: Julio Estrella/ EL COMERCIO.

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Gabriela Castellanos
Redactora (I)

Cuando tenía 17 años, sor Rosa Guerrero tomó la decisión de unirse a la congregación de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados. Su vocación de servir a los más necesitados la trajo al Hogar Corazón de María, en la ciudad de Quito. Allí cuida de 200 personas de la tercera edad, junto con otras
11 hermanas, voluntarios y personal médico.

Lamentablemente, uno de los problemas que tienen es que la sociedad aún se involucra escasamente en el cuidado de sus adultos mayores. Muchos son abandonados y los que tienen familias casi nunca reciben visitas. Este centro de acogida funciona desde hace 57 años en Quito.

Por ahí han pasado miles de personas con necesidad de atención y cuidado. “Casi nunca vuelven a sus casas, fallecen aquí”, indica Guerrero. Pero no todo es gris, pues por allí también han pasado voluntarios y personas con disposición para ayudar.

Los voluntarios son personas pacientes y que desean retribuir a los abuelitos principalmente con cariño y afecto. Ayudan en la limpieza, en las actividades recreativas y les hacen compañía.

Estefanía Pabón fue voluntaria en el Hogar cuando estaba en la universidad, como un requisito de servicio comunitario. En ese período visitaba el centro de acogida semanalmente. 

Recuerda que la satisfacción más grande era sentir el cariño que le daban sin esperar nada a cambio: “Son personas desinteresadas, que tienen mucho amor por dar y lamentablemente no siempre tienen con quién compartir”. Esa es la realidad de varias personas de la tercera edad que viven en estos centros de acogida y de cuidado.

En el Centro Geriátrico Memory (Guayaquil), enfermeras y voluntarios brindan su ayuda. Foto: Gabriel Proaño/ EL COMERCIO

En el Centro Geriátrico Memory (Guayaquil), enfermeras y voluntarios brindan su ayuda. Foto: Gabriel Proaño/ EL COMERCIO

“Esta población ya ha cumplido sus deberes con la sociedad, en este momento ellos necesitan atención”, indica Guerrero. Efectivamente, al llegar a la tercera edad, empiezan a aparecer problemas de salud que las familias no siempre saben cómo atender.

Carmen Sucre, geriatra especializada de la Clínica Memory, en Guayaquil, asegura que el problema parte de considerar como “normales” algunas conductas. “No es normal que se olviden las cosas, que tengan alucinaciones o que se vuelvan agresivos”. Sucre enfatiza que estos síntomas no son propios de la vejez sino que son trastornos que deben ser tratados por un especialista.

Cuando las personas con alzhéimer, por ejemplo, no reciben el tratamiento adecuado, su condición se deteriora mucho más rápido.

José Parodi, médico geriatra de la Universidad San Martín de Porres, en Perú, piensa que estas enfermedades son una de las razones para que las familias abandonen a los abuelitos. “Sin duda, el mejor lugar para estas personas es su casa”.

Pero por el ritmo de vida de la sociedad contemporánea, es difícil tener el tiempo y los recursos para hacerlo así. La recomendación es hacer que se sientan útiles y funcionales, “no relegarlos a la habitación sino hacer que tengan un rol en la casa”, indica, incluso como consejo para los voluntarios.

Alexandra Ortiz se dedica a cuidar personas de la tercera edad en sus casas. Recuerda que hace un año y medio trabajaba atendiendo a una oncóloga que sufría de alzhéimer. Su ­hermano era su única familia y no podía cuidarla adecuadamente. Lamentablemente, su condición empeoró y su hermano la internó en una residencia. Allí recibe cuidados las 24 horas del día y su condición no ha empeorado.

“Tal vez muchas personas no saben lo valiosos que son los abuelitos”, piensa Pabón. Son personas llenas de sabiduría, que no siempre reciben la atención que requieren. Recién ahora están ocupándose de ellos”, asegura Guerrero. Sin embargo, todavía hay muchas necesidades. Requieren medicinas, atención médica y psicológica, terapias físicas, ocupacionales, recreación y, más que nada, afecto.

En la ciudad existen al menos 10 centros públicos y privados que se dedican al cuidado de personas de la tercera edad, la mayoría recibe a voluntarios que deseen pasar tiempo con los abuelitos, principalmente aquellos que se sostienen con donaciones (Patronato San José, Corazón de María, Hogar de las Hermanas de la Caridad).

Otra manera de ayudar es entregar víveres, medicinas y pañales. Cualquier actividad que mejore la calidad de vida de esta población será agradecida con una sonrisa y un abrazo sincero de quienes lo reciben.

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