25 de octubre de 2014 12:45

Variations S: Música que se puede ver

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Redacción Cultura

El espíritu de Variations S, de la compañía canadiense Cas Public, se explica completamente en una de las frases de Igor Stravinsky que se proyectaron en su primera presentación en Quito, la noche del 24 de octubre en el Teatro Nacional Sucre: “He dicho en algún lugar que no bastaba con oír la música, sino que había que verla”. Los nueve bailarines que componen el elenco obran el milagro: el público, efectivamente, puede ver la música.

Hoy, sábado 25, a las 19:30, la compañía de danza contemporánea, dirigida por Hélène Blackburn, repite la proeza. Una propuesta de danza contemporánea absolutamente física y conceptual espera a quienes se acerquen a este espectáculo, que rinde homenaje al legado de la legendaria compañía Ballets Rusos, dirigida a inicios del siglo XX por Sérgei Diáguilev.

Con una estética callejera y una técnica impecable, Blackburn lleva a La Consagración de la Primavera a un nivel distinto, a la vez irreconocible y cercano. El escenario es compartido por un DJ con su mezcladora y sonidos digitales, que estimulan ciertos referentes contemporáneos, y por jóvenes bailarines que a primera vista parecen ‘hip hoperos’, pero que hacen toda clase de piruetas callejeras en puntas de pie (zapatillas de ballet incluidas), con pliés, relevés o ron de jambes.

La música, a cargo de Martin Tétreault, pone la altísima dosis de adrenalina necesaria para el movimiento frenético de los bailarines. Por momentos es posible confundir el escenario con una discoteca, en la cual chicos virtuosos hacen gala de su destreza para el ‘break dance’. Sin embargo, lo que suena (o por lo menos su reinterpretación), son fragmentos de La Consagración de la Primavera, de Stravinsky. De fondo, siempre, el cálido –al menos para los miembros de las generaciones maduras– sonido de la aguja acariciando el vinilo. Las texturas sonoras logradas por Tétreault son, sin duda, parte clave de este espectáculo redondo.

El aspecto visual de Variations S se compone de tres factores centrales: el movimiento sincronizado a la perfección de los cuerpos, la iluminación y la proyección de videos (a veces imágenes, a veces textos). Los tres son de altísima factura y logran el cometido de captar la atención para una pieza de ‘ballet’ en tiempos de videojuegos.

Blackburn, en esta coreografía, ha sabido hablar el lenguaje audiovisual contemporáneo desde las tablas. Y como alguna de las frases proyectadas en escena señalaba: “Los Ballets Rusos han restituido el sentido de la poesía y la libertad”, se podría decir también que Variations S va a tono con ese espíritu, porque lo suyo es la lírica callejera, potente, sin adornos… como pasa en el rap o en el hip hop.

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