17 de julio de 2017 00:00

Vacaciones, buen momento para controlar el peso de los niños

Diego, de 4 años, durante los chequeos de peso y talla que le hacen en el Centro de Salud Rumiñahui, ubicado en el norte de la capital. Lo alimentarán mejor para que crezca. Foto: Vicente Costales / EL COMERCIO

Diego, de 4 años, durante los chequeos de peso y talla que le hacen en el Centro de Salud Rumiñahui, ubicado en el norte de la capital. Lo alimentarán mejor para que crezca. Foto: Vicente Costales / EL COMERCIO

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Diego Bravo
Redactor (I)
dbravo@elcomercio.com

Al salir de clases, Matías, de 11 años, consumía pizza y un vaso de gaseosa. Lo hacía casi todos los días. En otras ocasiones se servía salchipapas, hot dogs o hamburguesas.

Su madre, Verónica Merino, cuenta que él llegó a pesar 30 kilos y, de acuerdo con su edad, deberían ser 22. A partir de ese momento, ella lo ayudó para que no sobrepase el límite y pidieron ayuda de la pediatra.

Esta le recomendó a la señora que combine los alimentos de forma equilibrada: un pedazo de carne, arroz o papa y ensalada. Agua más que jugo de frutas con poca azúcar. Practicar deportes sirvió mucho, ahora juega baloncesto, pero “tiene tendencia a engordar”.

La prevalencia de sobrepeso u obesidad en los preescolares de hasta 60 meses de edad es preocupante, según la última Encuesta de Salud y Nutrición (Ensanut).

Hasta el 2013 se calculó que afectaba aproximadamente al 21,6% de esa población. Estos datos fueron extraídos de una muestra ampliada de 1,7 millones de niños de esa edad.

Ante esa realidad, nutricionistas recomiendan a las familias que aprovechen las vacaciones escolares para que sus hijos quemen calorías y alcancen el peso que les corresponde, según su talla y edad.

María Francisca Cifuentes es nutricionista y atiende a niños. En su consulta recibe al mes un promedio de 40 infantes, que estudian en centros educativos privados de Quito.

De ellos, 37 tienen sobrepeso y el resto presenta desnutrición crónica; es decir, su peso y talla no se acoplan con la edad.

A su juicio, las vacaciones son cruciales para que los chicos con sobrepeso quemen calorías y así mejoren su salud.

A su consulta llegó una niña, de 9 años, con 47 kilos. Bajó a 40 en cuatro meses.

¿Cómo lo hizo? Sus padres le prepararon una dieta especial. En el desayuno, ella consumía un huevo frito o revuelto más una taza de leche descremada y dos tostadas. En el almuerzo se servía media taza de arroz, fideo o papa; como proteína tenía un pedazo de carne del tamaño de la palma de una mano.

Como cena tenía sopa de pollo o un huevo. También podía servirse una taza de gelatina o fruta como refrigerio. Las comidas son alternadas: cinco en el transcurso del día.

Lo mismo recomienda la pediatra Amada Torres, quien trató a Matías, en el Centro de Salud Rumiñahui, ubicado en el norte de Quito.

Ella comenta que, en estas vacaciones, los niños deben alimentarse de forma saludable y hacer una hora de ejercicio al día. Sugiere que los padres los acompañen al parque a jugar fútbol o a pasear en bicicleta. A su consulta llegan decenas de infantes, cada día, y reitera que la mayoría presenta exceso de peso.

Otro problema, señala, es la falta de peso y talla insuficiente en los niños (desnutrición crónica). Según Ensanut, se registró una disminución modesta en este punto en casi un cuarto de siglo, al pasar de 40,2%, en 1986, a 25,3%, en 2012. En esos casos -precisa Torres- se pide que el niño consuma carbohidratos para ganar peso.

Recomienda que coman un huevo diario, acompañado de cereal o un sánduche.

A media mañana se les debe dar fruta. Esto junto con yogur con un pedazo de pastel o galletas. En el almuerzo, los chicos deben consumir sopa y el segundo plato dividido en tres partes: arroz o papas, carne y ensalada. En la tarde una manzana o pera. En la noche una porción similar a la del mediodía, pero sin sopa.

Para esta especialista, lo que ocurre es que los hábitos alimenticios cambiaron. Por ejemplo, anota que antes las sopas se servían con pedazos de carne de res o cerdo, lo cual proporcionaba proteína.

Ahora, eso cambió y hay problemas de retardo en peso y talla. Así ocurre con Diego, de 4 años, quien mide cuatro centímetros menos que el promedio a su edad (100 cm).

Su madre, Blanca Tituaña, cuenta que su niño se alimenta con sopas de zapallo y quinua, pero le añadirá carne para que gane proteínas. En septiembre de este año, el pequeño comenzará la educación inicial.

La doctora le dio algunas indicaciones, para que en estas vacaciones lo alimente con verduras. Su abuela tiene un puesto de hortalizas. “A mi niño le gusta comer rábano y brócoli”, dice Tituaña.

Jorge Cueva es director del Distrito 17D05 de Salud, que abarca 16 centros asistenciales en Quito. El médico señala que allí se proporciona atención a 20 000 pequeños.

De ellos, únicamente 15 presentan obesidad. Recomienda a los padres inscribir a sus niños con sobrepeso en campamentos con actividad física para bajar los kilos. En lo posible reducir tiempo frente al televisor y los juegos de video.

En contexto
Según la Organización Mundial de la Salud, el número de lactantes y niños pequeños, de 0 a 5 años, con sobrepeso u obesidad aumentó de 32 millones en 1990 a 42 millones en 2013. Si se mantienen esa tendencia, esa cantidad subirá a 70 millones en 2025.

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